•  |
  •  |
  • Edición Impresa

El pelotero que tiene pequeña estatura, manos prodigiosas, guante de oro, el aguerrido y talentoso Iván Marín, ha deslumbrado con su magia, adueñándose con fiereza de una posición tan complicada y apasionante como el short stop, lanzándose a la caza de batazos considerados imposibles de atrapar, capturándolos con su guante, provocando la admiración del público, robándose el show y estableciéndose como el mejor de la actualidad en Nicaragua.

¿Lo recuerdan en el cuarto juego de la última serie final de la Liga Profesional en Granada y Rivas? Sí. Ese partido maratónico en el que el pequeño muchacho realizó una atrapada fantástica, en la que se metió en la zona corta del jardín izquierdo y, con la espalda hacia el homeplate, capturó la pelota, dejando a todos bañados de asombro y revestidos de sorpresa. Tan increíble fue la atrapada que, pese al caminar indetenible del tiempo, permanece viva en la memoria de quienes llegaron al estadio esa noche.

Eso es capaz de hacer Marín, un pelotero que se ha convertido en un constante generador de jugadas para el recuerdo, y que con su guante solvente se ha fabricado espacio con Granada en el beisbol de Primera División y en la Liga Profesional, y también en las Ligas Menores con los Bravos de Atlanta. Ya en la acera de los 27 años, con mayor madurez y trayectoria como atleta, considera que está listo para seguir provocando admiración.

Su primer recuerdo

En las calles de Granada, Iván Marín jugaba beisbol con sus tíos. Lo hacían con una pelota hecha con calcetín. Desde ese primer contacto con el deporte rey del país, el muchachito no dejó de practicarlo, y a los siete años ingresó a la Academia de Beisbol de Denis Martínez. Ahí pasó tres años entrenando duro.

Luego estuvo en una academia que dirigían Douglas Lacayo y su esposa en la “Gran Sultana”. De ahí, sacaron a los mejores peloteros para que jugaran con el equipo de granada en la Primera División. Entre los seleccionados estaba Marín, quien debutó con el conjunto granadino el 17 de marzo de 2006. En ese partido conectó su primer imparable y fue ante el Bóer.

Su talento lo llevó en ascenso y pronto empezó a jugar con Granada en la Liga de Beisbol Profesional Nacional (LBPN), desde donde mostró sus habilidades con el guante y empezó a ser convocado para formar parte de la Selección Nacional. Precisamente ahora se encuentra luchando por quedar entre los 28 que viajarán al Preclásico Mundial en México.

El brillo de su destreza como parador en corto trascendió fronteras y fue firmado por los Bravos de Atlanta, sin embargo no logró establecerse y llegar al Mejor Beisbol del Mundo. “Me fue bien en Estados Unidos, pero siento que no me dieron la oportunidad por dársela a otros peloteros que habían sido firmados con bonos mayores al mío, porque a mí no me dieron un gran bono. Pero creo que hice un buen trabajo”, manifiesta el pelotero, que se ha establecido como figura en el beisbol nacional.

Fuera del juego

Marín es del selecto grupo de peloteros que están conscientes de que además de jugar deben prepararse profesionalmente, por eso decidió estudiar Banca y Finanzas, carrera que ya está cerca de culminar. Asimismo, para este año ya ha planeado iniciar un curso de inglés. “Me estoy preparando porque sé que una lesión puede acortar mi carrera, y por si eso pasara, yo ya tendría otra cosa a la cual dedicarme”.

Cuando no está dentro del campo de juego, Marín le dedica tiempo a su esposa y a su hija, y en ocasiones, contratado por un estadounidense que ayuda a los niños pobres de Granada, brinda clínicas de beisbol a los pequeños.

Basado en esa experiencia como joven instructor, el granadino considera que al finalizar su carrera como pelotero le gustaría dedicarse a compartir sus conocimientos con quienes desde temprana edad decidan dedicarse a jugar beisbol.

Lucha por mejorar

Consciente de su buen guante, Marín también sabe que debe estar en constante evolución de su bateo. Es por eso que aunque su cuerpo ya no quiera seguir practicando, él lo exige al máximo, “porque entrenando duro es la única manera de sobresalir en este deporte”, asegura el pelotero que creció admirando al gran Bayardo Dávila.

“Para el German Pomares los entrenamientos de Granada son a las 9:00 am, pero yo llego a las 6:30, y practico mi swing, porque quiero mejorar mi bateo”, cuenta Marín, quien ha demostrado mejoría en el homeplate, pero sabe y siente que puede dar más.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus