Harold Briceño Tórrez
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La misión era armar un equipo que, con tan solo leer los nombres de sus integrantes inspirara respeto, y los Dantos lo han logrado. El equipo capitalino ha construido un conjunto que está casi obligado a quedarse con el título del venidero Campeonato de Primera División Germán Pomares Ordóñez, que inicia exactamente el próximo viernes.

El reto de guiar a la “Maquinaria Roja” hacia la gloria, alejándolos de la zona del fracaso, le fue dado al otrora lanzador Cairo Murillo, quien actualmente funciona como coach de pitcheo de la Preselección Nacional. A estas alturas, seguramente en más de una ocasión Cairo ha escuchado la frase “los Dantos no deben fallar”. ¿Cuál es su reacción? No tiene manera de negar tal afirmación. Él sabe que es así, que cuenta con un personal talentoso con el que está prácticamente obligado a vencer.

Entre los nombres destacados del equipo de la capital están los lanzadores Gustavo Martínez, Samuel Estrada y Jonathan Loáisiga. A este trío de sólidos abridores deben sumarse peloteros como Ronald Garth, Ofilio Castro, Rafael Estrada, Henry Burton y Juan Oviedo, que representan una ofensiva respetable y amenazante.

No hay, entre los 18 combinados que competirán en el Pomares, otro mejor armado que los Dantos. Sencillamente construyeron un equipo temido y compacto, edificaron el conjunto a vencer. Sin embargo, habrá que esperar el actuar de los muchachos en el campo, porque suele pasar que lo que indica el papel no siempre se refleja en los resultados.

Para evitar el caos, Cairo deberá trabajar con sus pupilos no solo los aspectos técnicos, sino también la psicología de cada pelotero, convenciéndolos de esa filosofía con la que el dominicano Nelson Cruz contagió a los lanzadores de la Preselección Nacional: “No venimos a competir, venimos a ganar”.  

Llegar a la tierra del éxito no será tan fácil, pues los Dantos deberán, en el grupo A, pasar por encima de equipos que están llamados a competir seriamente por el título, como los actuales campeones Indígenas de Matagalpa y los Leones de León, sin obviar al siempre batallador conjunto de Granada. Lógicamente, en una guerra de todos contra todos, no se puede ignorar a la Costa Caribe y a los Indios del Bóer.

La tarea no se ve tan fácil, sin embargo, cuando se cuenta con el personal necesario para lograrla, solo hace falta estar dispuesto a fajarse y a batallar sin límites. De eso, Cairo Murillo debe convencer a sus jugadores, pues si no quieren sumergirse en el oscuro pozo de las despiadadas críticas que produce el fracaso, están obligados a no fallar.

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