Edgard Tijerino
  •   Managua, Nicaragua.  |
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Fred Astaire sin poder bailar, con sus piernas fracturadas; Pavarotti con su voz rocosa, sin hacerse entender; Picasso frente al lienzo con una brocha gorda y un balde de pintura, sin saber qué hacer; Pitágoras rascando su cabeza frente a una ecuación de álgebra superior; eso pareció el Barcelona ayer en Las Palmas en un asfixiante cierre de juego. Desconcertado, sin el brillo de Messi, a ratos desarmado y finalmente desesperado tratando de evitar el gol del empate que le quitaba dos puntos y revitalizaba las pretensiones del Atlético y el Real Madrid, como perseguidores implacables, este Barsa de la magia inagotable, capaz de producir una catarata de goles y colocarla junto con las del Niágara, se vio terriblemente asustado y desconectado en esos minutos finales que parecieron eternos mientras el sufrimiento crecía, y crecía, frente a la luz del día, rumbo a la noche fría.

A la orilla de la proeza

Seguramente Luis Enrique se sintió renacer cuando sonó el silbato final. El técnico no resistía más. Su corazón estaba tan arrugado como una pasa y gimiendo, viendo a sus defensas casi indefensos, trataban de sacar agua del pozo de cualquier manera, incluso con un pierna tan alta como la de Dani Alves que pudo ser para tarjeta roja, mientras Las Palmas, desde el ingreso de Araujo en el minuto 75, agigantaba la presión alterando la presión del arquero Bravo, inmovilizado en dos disparos que pasaron arañando los postes, o viendo cómo dos remates se marchaban desviados. El público de pie, intentaba empujar a su equipo hacia la proeza del empate, que finalmente no se produjo, con el Barsa fabricando una gran opción con Neymar en el tiempo de reposición.

  • 32 partidos sin conocer la derrota acumula el FC Barcelona.

El inicio de juego fue de agresividad sostenida. La entrada de Neymar y el cañonazo de Williams José, fueron un aviso de tormenta. En el minuto 6, el gol de Luis Suárez. Esa visión de Lince que tiene Iniesta, le permitió hacer un trazado largo y preciso para el desborde de Jordi Alba por la izquierda, facilitando el centro rasante que interceptó y remató Suárez apareciendo oportunamente, fusilando a Javi Varas, estableciendo el 1-0. 

Empate y advertencia

No fue el anuncio de otro festival del Barsa. Cuatro minutos después, una jugada rápida y bien realizada, abrió espacio para la entrega de Jonathan Viera a William José, quien perforó a Bravo con remate bajo. El 1-1, fue algo más que una advertencia en un partido en el que Messi, pese a disponer de dos excelentes posibilidades malogradas por Varas, se vio desconectado, sin incidencia. 

A los 38, antes del 0-0 en los últimos 45 minutos, el gol de Neymar, adelantando al Barsa 2-1, cifras que fueron definitivas. Se impone Luis Suárez con poder y destreza en una batalla por el balón en la línea de fondo por la derecha, hace un recorte y la dibuja hacia Messi que remata. No hay gol porque Varas rechaza y aparece Neymar, para el remate letal. La pizarra no se volvió a mover.

A pocos días de encontrarse con el Arsenal en la Champions, el equipo azulgrana, que no contó con Piqué y con Busquets, pero se presentó con el temible tridente, más Iniesta, Arda y Sergi Roberto en el medio, entrando Rakitic en el segundo tiempo, mostró una imagen preocupante, aunque los medios de Barcelona traten de ocultarlo argumentando que se trata de una dosificación de esfuerzos, cuando lo que se necesitaba era una muestra de autoridad. Obviamente las exigencias del rival inglés en los octavos de la Champions, serán mayores. Esa desesperación del Barsa frente a la presión de Las Palmas, no fue consecuencia de jugar con fuego alardeando, sino de ser empujado a las brasas.

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