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“Siempre le dolía el codo, excepto entre el primero y el noveno inning”, decía Jim Murray de Sandy Koufax, ese súper zurdo que durante seis años, entre 1961 y 1966, pareció ser un pitcher de otro mundo, registrando temporadas de 25, 26 y 27 victorias, lanzando cuatro no hitters, incluyendo un Juego Perfecto, estableciendo la marca de 382 ponches, finalmente superada por el también asombroso Nolan Ryan con uno más, obteniendo tres Premios Cy Young cuando se otorgaba solo uno juntando las dos ligas, y un reconocimiento como Más Valioso, quedando dos veces en segundo lugar luego de protagonizar grandes batallas, una de ellas con Roberto Clemente, en una sentencia todavía sometida a fuertes discusiones.

Koufax con su codo metido en un termo con hielo después de cada inning, fue una imagen conocida, aunque no lastimosa, por los estragos que provocaba mostrando esa aproximación a la invencibilidad. Todo eso que logró Koufax era lo más parecido a varios de los Trabajos de Hércules que grafica la mitología.

A los 30 años de edad, cuando decidió colgar su escopeta zurda y retirarse del juego después de ganar la triple corona en 1966 con 27 triunfos, 1.73 en efectividad y 317 ponches, cifras espectaculares solo posibles de ser alcanzadas por un brazo en plenitud, Sandy Koufax aún tenía una apariencia infantil cuando tomó asiento frente a los micrófonos, ese día de noviembre, en cierto hotel de Los Ángeles.

Obviamente forzado al retiro

El brillante zurdo de los Dodgers de Los Ángeles anunciaba el fin de su carrera. Había llegado a una edad en que la mayoría de los lanzadores se encuentran en la cúspide y resultaba  razonable esperar  otros cinco, seis o siete años abrazado al éxito. Acababa de llevar a los Dodgers a su tercer banderín de la Liga Nacional en cuatro años. Era el pitcher soñado.

“Me  veo forzado a retirarme. No quiero estar lastimado permanentemente del codo”, expresó sin poder ocultar cierta amargura. Koufax había ganado 165 juegos y perdido  solo 87 en toda su carrera iniciada en 1955 entre la inseguridad. “Es capaz de perforar una pared con la violencia de sus envíos, pero necesita acertarle a esa pared”, escribió sobre su tendencia al descontrol Phil Pepe en su libro “Los triunfadores no se rinden”, publicado con traducción al español en 1971.

  • 3 son los Premios Cy Young que ganó Koufax. Caso único cuando se juntaban las dos ligas.

 

Llegó a decepcionarse  Actualmente tiene 80 años.

Camus diría que es absurdo retirarse tan joven en el momento de mayor crecimiento cifras en mano. “Tres o cuatro  veces en mi carrera estuve a punto de abandonar el beisbol. A veces simplemente creí que no debía tener esperanzas”, expresó dramáticamente frente a la incredulidad del periodismo, que nunca midió correctamente la multiplicación de sus esfuerzos.

La carrera de Sandy  puede dividirse en tres etapas: primero, tenemos sus  años juveniles, llenos  de frustraciones, fracasos y amarguras. A ella le sucedió una era de éxitos, de tumbar marcas, de estructurar victorias y hacer historia. Finalmente, vinieron los años  de  sufrimiento, cuando se veía obligado a lanzar padeciendo  intensos dolores artríticos, sometiéndose  a largas horas  a ese tratamiento de meter el codo en hielo y su dieta cargada de píldoras para amortiguar el dolor. No hay otro tirador con tanto sacrificio.

En la escuela secundaria Sandy jugaba como  primera base y a veces como lanzador. Así mismo jugaba  basquetbol. “El basquetbol era mi deporte número uno. En beisbol no era  un buen bateador y todavía no aprendía a lanzar, así es que me  divertía más jugar  el basquetbol”, recordaba.

  • 4 son los juegos sin hit ni carrera que lanzó, incluyendo un Perfecto.

La Universidad de  Cincinnati ofreció a Koufax una beca en pago por jugar basquetbol y él la aceptó. “Por aquel  entonces no pensaba en el beisbol. Yo estudiaba para arquitecto y era  basquetbolista por  diversión. El beisbol  parecía ser  una cosa muy remota”, explicó al cronista de Los Ángeles Times, Ross Newham.

Su decisión por el béisbol

Después de terminar su temporada de novato en el  basquetbol, Koufax se vio sometido a un  interrogatorio por parte  del entrenador, que a la vez se encargaba del equipo de beisbol…¿Por qué no ingresas al equipo de beisbol? Después de todo te mantendrá en forma para el básquet, le dijo. Koufax  decidió seguir el consejo, y también resolvió dedicarse a lanzar. Así pues, el primera base de tan mal bateo se tornó en un lanzador.

Se apunta que una vez  terminados sus estudios, Sandy  retornó a su hogar en Brooklyn. Un scout de los Dodgers, Alex Campanis, lo había visto lanzar  en la escuela  secundaria así como  en otros  juegos  juveniles y  lo invitó a presentarse en el Ebbets Fields para una prueba. Cuando lo vieron, les gustó su forma de lanzar y le ofrecieron un contrato. “Había prometido a los Dodgers que  no me comprometería con nadie hasta verificar antes con ellos, en vista que habían sido los primeros en llamarme”, explica. 

  • 382 es su marca de ponches en una campaña, superada por Nolan Ryan con 383. 

La oferta de Pittsburgh era superior, pero el padre de Sandy, abogado de profesión, también había  empeñado su palabra de que  su hijo  firmaría con Los Dodgers. Finalmente Koufax firmó con los Dodgers en 1955. Para entonces contaba con  19 años de edad.

El lanzador impactante

¡Cómo impresionó ese año mientras conseguía 25 victorias por solo 5 derrotas! Obtuvo el Premio Cy Young como  el mejor lanzador del beisbol. Ahora, Koufax ponchaba a la mayoría de los bateadores cuando  lo necesitaba con urgencia. En 1963 logró “fusilar” a 306 bateadores, para  establecer una marca  en la Liga  Nacional.

Los Dodgers obtuvieron  el título de la liga y el 2 de octubre de 1963, Koufax estaba  programado para  iniciar la Serie  Mundial en  el Estadio de los Yanquis. Con anterioridad, en 1959, había lanzado en un Clásico, perdiendo 1-0 cuando Bob Shaw, de los Medias Blancas, cerró el juego a  los  Dodgers.

Los Yanquis acababan de obtener su tercer banderín consecutivo, con la dirección de Ralp Houk. Constituían un poderoso equipo encabezado por Mickey Mantle y  Roger Maris. Ese día le haría frente a Whitey Ford, el “as” del Bronx y Manhattan. En el duelo de zurdos Koufax se impuso 5-2 y volvió a hacerlo 2-1 en el cuarto juego, completando la barrida.

Sin embargo, el momento inolvidable de mayor grandiosidad, lo vivió el 9 de septiembre de 1965. Koufax tuvo que trabajar perfecto para derrotar 1-0 al zurdo Bob Hendley, ganador de 48 juegos con 52 reveses en 7 temporadas, y cuyo balance aquel año fue de 4 y 4. No se esperaba verlo retar al monstruo de la colina, tal era Koufax, pero Hendley creció espectacularmente lanzando para solo un hit, batazo que no tuvo nada que ver en la carrera.

En el octavo Juego Perfecto de la historia, Koufax mejoró su balance 22-7, ponchando a 14 frente a 29,139 aficionados, que disfrutaron de ese duelo por una hora y 43 minutos. Lou Johnson, bateador del único hit, abrió el quinto recibiendo base por bolas, avanzó a segunda por sacrificio, robó tercera y anotó por mal tiro del catcher Chris Krug. Una forma nada elegante de resolver tamaño duelo. Por fin, un tirador zurdo ingresaba en la lista de los Perfectos. Sandy Koufax naturalmente. Fue un pitcher apropiado para la mitología del beisbol. Más sobre Koufax en “Solo Fieras”.

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