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¿Qué importa que el asombro haya sido desplazado a un oscuro rincón en vista de la constancia del genio? Incluso, viendo el accionar de Lionel Messi juego tras juego, cuesta diferenciar lo grandioso de lo sencillo. El argentino, convertido en el Chris Angel o el David Cooperfield del futbol, por la facilidad de sus “trucos”, está devaluando lo mágico. Eso sí, visto está que en el arte de ser decisivo, no aburre, ni se aburre, como lo demostró ayer en el Emirates, destrabando un 0-0 persistente por 70 minutos, con dos goles, uno de penal.

Fotogalería: Barcelona se impone 0-2 ante el Arsenal

El triunfo del Barcelona con esos dos dardos en patio ajeno y ninguno en contra, da la impresión de clarificar el segundo duelo en el Nou Camp. Luis Enrique salió de Londres con algo más que la mitad del boleto a los cuartos de final en esta Champions en el bolsillo, impulsado por el empuje de su tridente ofensivo y la firmeza de Ter Stegen entre los palos. Ni siquiera esa tarjeta amarilla a Piqué por una barrida peligrosa, que lo descarta en la revancha, parece inquietar al técnico azulgrana, que se siente capaz de entrar y salir de Moscú con su tropa ilesa, aún retando el furioso invierno, obviando la frustración de Napoleón. 

Fue un duelo muy agitado

Las amenazas estaban ahí, repitiéndose, en las narices de una multitud esperanzada en un milagro, provocando movimientos telúricos. Suárez hizo rebotar un remate en el poste derecho después de una estupenda triangulación con Neymar y Messi; el brasileño habilitado por Messi fue víctima de un cierre espectacular de Cech; el uruguayo desvió dos remates; un disparo de Messi fue bloqueado y otro intento claro del argentino se fue por arriba; Cech estuvo anticipando acertadamente, y en el otro lado, Ter Stegen, respondiendo a tres grandes exigencias, entre ellas un cabezazo envenenado de Giroud con un manotazo prodigioso estando el marcador sin goles. 

El 0-0 no reflejaba las intenciones. El Arsenal con poca posesión, supo moverse pese a la presión sobre Alexis Sánchez, buscado constantemente por Özil. Las entradas de Ramsey y de Oxlade complicaron varias veces a los zagueros azulgrana, atentos a los cierres de espacios y al inicio de contras. Precisamente en uno de esos cambios de dirección, en el minuto 70, se produjo el primer gol con destape de Suárez recibiendo de Neymar en plena proyección y devolviendo al brasileño, quien entrando al área, cruzó hacia Messi, que avanzaba hacia la cabaña de Cech, sorprendentemente libre de marca, y aquietando el balón, apretó el gatillo de inmediato con su zurda, sacudiendo las redes.

En 13 minutos, todo consumado 

El 1-0 golpeó al Arsenal en la quijada y mantuvo agilizado al Barsa. Entrando al área con esos movimientos desconcertantes, Messi fue derribado por el recién ingresado Flamini en el minuto 83, y el argentino, con sangre fría, ejecutó con su izquierda desequilibrando a Cech, que fue hacia el otro lado. El 2-0 pesaba una tonelada, y todavía fue necesaria una gran atajada de Cech sobre un cabezazo de Neymar al segundo poste. La voracidad del Barsa no tuvo pausa.

Una vez más, sin alcanzar un brillo cegador, haciéndonos creer que todo lo que hace es tan fácil como parece, Lionel Messi se convirtió, sin aburrir ni aburrirse, en el jugador más incidente del Barsa, dejando la mesa servida para el 16 de marzo, cuando vuelva a encontrarse con el Arsenal, que había marcado en sus últimos 13 juegos antes de quedar en cero frente a Ter Stegen. Como Arsene Wenger había dicho, no hay equipo perfecto, pero este Barsa, es una aproximación.

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