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Cuando el cristal de la confianza se rompe, queda la impresión que es imposible pegar los pedazos. ¿Podrá hacerlo la FIFA durante el mandato de quien resulte en Zúrich nuevo presidente del organismo? Cinco aspirantes a las llaves del Paraíso se enfrentan hoy con la misión de provocar cambios necesarios y urgentes, retando la frase de Di Lampedusa en el Gatopardo, envuelta en un brutal sarcasmo: hay que cambiarlo todo para que nada cambie. Más allá de discursos, de propuestas, de reformas, de promesas, existe mucho temor de que, con muy buen maquillaje, todo siga igual.

Los favoritos 

El jeque Salman Bin Al Khalifa, miembro de la familia gobernante en Bahrein, presidente del futbol asiático, cuestionado como un abusador de los derechos humanos, salta a la vista como ligero favorito, atento a la presión que pueda ejercer el suizo Gianni Infantino, secretario general de la UEFA, políglota como Blatter, quien según informes, podría agigantar su proyección de funcionar su política de alianzas en busca de la mayoría de los 207 votos disponibles, en vista de las sanciones a las federaciones de Indonesia y Kuwait.

Los otros candidatos son el príncipe jordano Alí Bin Al Hussein, quien en medio del escándalo se lanzó decididamente contra Blatter, el francés Jerome Champagne, quien fue ayudante de Blatter y es administrador del futbol en su país, y el hombre de negocios de África del Sur, Tokio Sexwale. De acuerdo con los que han seguido paso a paso la fase previa a esta elección, sería sorprendente ver a cualquiera de los tres, meter las narices entre Infantino y Salman Bin Al Khalifa. Uno de ellos parece ser el sucesor de Blatter, pero la gente de Al Hussein advierte que muchas consideraciones pueden cambiar. 

Interesantes reformas

Se piensa que lo clave son las reformas, incluyendo la ampliación de las Copas del Mundo a 40 equipos, idea original de Infantino, pero incorporada finalmente a otras propuestas. Limitar el mandato a un máximo de 12 años, es decir tres períodos, se ve bien, pero dejar al presidente como un representante no un gobernante, podría quedar reducido a una mascarada. Una vez instalado alguien en la cima del poder, las intenciones cambian.

Dar a conocer los salarios, exigir transparencia en las remuneraciones, someter a supervisión todo lo financiero, está muy bien, pero cuando hay tanto dinero y tantos intereses, lo que se maneja debajo de la mesa y detrás de las cortinas, es incontrolable, no solo en la FIFA como empresa. No creo que las compras de votos para diferentes sedes y los favorecimientos financieros puedan pararse. Un problema para Infantino es ser presentado como una ficha de Platini y un protector del discutido dirigente español Angel María Villar, parte de la vieja estructura. 

Espacios abiertos 

La mayor cantidad de los 207 votos está en poder de la Confederación Africana seguida de la UEFA, Asia y la Concacaf. En el caso africano y europeo, no es viable conseguir un bloque, pero cuando se mira hacia la Concacaf y la Conmebol, sí es factible, y ese tipo de funcionamiento a través de política de alianzas, inevitablemente abre espacios para los viejos vicios.

Entre las columnas humeantes del gran escándalo del 2015 y el espacio abierto para más capturas, se realizará hoy en Zúrich la elección del nuevo presidente de la FIFA. La pregunta dominante es: ¿Quién más confiable como sucesor de Blatter para forzar un verdadero cambio, el suizo Infantino o el Jeque Salman Al Khalifa de Bahrein? Es lo que ustedes y yo quisiéramos saber.

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