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Pudo ser Salman el jeque de Bahréin, pero fue Gianni Infantino, el abogado suizo de 45 años, a quien Michael Platini le abrió paso en la UEFA para que se proyectara velozmente como secretario general, atravesara por un período de aprendizaje contra reloj, conociera a fondo los secretos de todos los rincones, y con su astucia y diligencia estuviera a la caza de una oportunidad dorada, quien resultó electo por mayoría de votos en segunda vuelta, obteniendo 115 de los 207 disponibles, el nuevo “César” de la FIFA.

Suetonio, el gran historiador, diría de Infantino: “nada que ver con Claudio –uno de los doce César–, ni cojeante, ni tartamudeante, ni tonto”. Infantino trazó una estrategia adecuada con el soporte de un trabajo consistente. Se jacta de haber establecido contacto con dirigentes de las 209 federaciones, incluyendo las dos sancionadas, visitándolos a casi todos. Favorecido por la división entre Salman y el príncipe Ali Bin Hussein, Infantino, que terminó adelante 88-85 en la primera vuelta, se impuso claramente 115-88 en la segunda votación.

SE ATREVIÓ A TOMAR RIESGOS

Pese a ser señalado previamente como una ficha de Platini, y atreverse a decir que su amigo  francés que presidió la UEFA debe seguir cobrando durante su suspensión reducida a seis años, precisamente el motivo de su erosión como pretendiente al trono, Infantino, quien tampoco tuvo la menor inhibición para elogiar al español Angel Villar, tan cuestionado en su país y vinculado a problemas en la Conmebol por desviaciones peligrosas de su hijo Gorka, se encuentra ahora con las riendas de la FIFA en sus manos.

Reformas a un lado, no son esas señales enviadas por Infantino antes de ser electo, garantes de un cambio necesario anunciado con claros clarines. “Sé distinguir el bien y el mal. Me lo enseñaron mis padres. Crecí en un país de disciplina y de orden, luego soy confiable”, dijo, casi parafraseando a Blatter, cuando se convirtió en el octavo presidente de la FIFA. A favor de Infantino, hay que apuntar que no tiene antecedentes tan complicados como los de Blatter, capaz de traicionar a Havelange, quien lo escogió como su “delfín”, y de ser partícipe en múltiples maniobras, mientras se entronizaba hasta el estallido del escándalo.

GULATI SERÁ UN GRAN SOPORTE

Se considera que el apoyo de Sunil Gulati, presidente de la Federación de Estados Unidos, país que pretende el Mundial del 2026, fue muy incidente en el resultado a favor de Infantino. “Estamos iniciando una nueva era”, dijo el nuevo regente, tomando una frase de Havelange después de instalarse en el puesto de Stanley Rouss, según lo relata David Yallop en su libro “¿Cómo se robaron la Copa?”. Eso solo será creíble de producirse cambios estructurales y de fondo. Por ahora, el comité ejecutivo se ha ampliado a 36 miembros, más el presidente, sin que eso garantice una real democratización.

Por lo visto antes de la elección, los privilegios se van a conservar intactos. Vehículos de lujo, suites, viáticos y tantas otras ventajas. Lo esencial es la transparencia, aunque es obvio que puede ser vulnerada. Terminar con la compra de voluntades no es nada certero. Hay muchas formas de zigzaguear hasta llegar a eso. Otro punto es el manejo de las suspensiones a Platini y Blatter, que pueden seguir siendo reducidas, sin obviar la necesidad de continuar con las investigaciones sobre las sedes a Rusia y Catar, para colocar a la gente que resulte involucrada sobre el tapete de los descartables.

Y lo último, el rango de poder del nuevo “César”. Se habla de espacio recortado y limitación en la aplicación del mando. Habrá que verlo. Infantino tiene en sus manos una gran posibilidad de hacer historia, siempre y cuando esté dispuesto a fajarse y arremeter contra la montaña de dificultades que suponen tantos intereses en conflicto. Como decía ese gran columnista y amigo que fue el cubano René Molina: “El tiempo dirá la última palabra”.

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