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No tenía cuatro meses de haber aterrizado en Estados Unidos y ya estaba lanzando en las mayores para los Cascabeles de Arizona. ¡Por Dios! ¿Cómo fue posible un ascenso tan vertiginoso después de atravesar por Clase A y Triple A mostrando brevemente sus herramientas, su temple y su empeño? Solo es posible cuando provocas un impresión llamativa, próxima a la certeza.

Cierto, en su debut fue bateado por los Rojos de Cincinnati aquella noche del 29 de junio de ese 1999, no solo malogrando una posibilidad de salvamento, sino echando a perder el juego, pero aun dentro de lo frustrante del momento se sintió cobijado por la magia. Le parecía mentira estar ahí, en la Gran Carpa. No podía creerlo. Recuerdo como si fuera hoy, la visita que le hice al día siguiente después de haber conversado con él en el camerino del Cinergy Field.EL CHINANDEGANO JUGÓ PARA CINCO EQUIPOS.

El sol estaba cobijando el Hotel Hyatt en el centro de Cincinnati. Lo encontré sentado en el borde de la cama, sobre esos colchones que parecen ideales para dormir durante un naufragio mientras el oleaje cambia caprichosamente de rumbo. Miraba a través de la ventana.

El mundo seguía siendo redondo, sin duda, pero para él era otro. Veía los colores más vivos, el futuro más alentador, los billetes más gruesos, la comida más sabrosa, los zapatos más suaves. Eso sí, el trabajo más duro, la competencia más intensa, la presión más agobiante y los retos más exigentes, como entrar a enfrentar a McGwire con las bases llenas en el cierre del décimo inning, y la carrera de la muerte a 90 pies.

¿CÓMO FUE FIRMADO?

En un informe publicado en la Revista del Año de los Filis, se explica que Junior Noboa firmó a Padilla en agosto de 1998. Trabajando para los Diamondbacks de Arizona, Noboa recibió una llamada de uno de los scouts de su equipo en Venezuela. “Él me dijo que había un pitcher de  Nicaragua quien parece que tiene buen brazo. Yo viaje rápidamente desde Phoenix a Maracaibo”.

Noboa dijo que esperaba ver a Padilla pichear contra Cuba en el juego por le medalla de Oro en los Juegos Centroamericanos. “No lo dejaron pichear. El mánager de su equipo nacional se dio cuenta de que yo estaba allí para verlo, entonces no lo dejaron lanzar. Ellos querían que él se quedara lanzando  para Nicaragua”.

“Yo le dije que por lo menos lo quería ver en el bullpen y tuve que pagar a uno de los cátcheres nicaragüenses para que le recibiera. Cuando los oficiales nicaragüenses vieron a Padilla ir hacia el bullpen, mandaron a alguien para que apagara las luces del  estadio. El cátcher reclamó que estaba oscuro”, dijo Noboa. “Le dije que le daría $50 dólares más. Yo vi a Padilla lanzar por lo menos 12 veces. Mandé a alguien con una identificación falsa a la villa donde los atletas se estaban quedando para que lo sacara. Él se quedó conmigo en el hotel”.

Noboa dijo que Padilla aceptó firmar por 12,500 dólares, pero el equipo necesitaba que su madre también firmara el contrato. Noboa, un residente de la República Dominicana, no podía obtener una visa para salir de Venezuela e ir a Nicaragua, entonces mandó al scout que lo llamó para contarle lo de Padilla.

“Cuando mi scout llegó a la casa de Vicente Padilla en Chinandega y vio las condiciones, me contó que esa parte del pueblo era bien pobre”, dijo Noboa. “Le dije a Don Mitchell (el director de los Diamondbacks) que me gustaba este muchacho, pero que la familia era bastante pobre. Yo le pregunté qué podíamos hacer por ellos. Mitchell le dio a la madre de Padilla un cheque adicional de $5,000 dólares.

SU CASI NO HITTER

Ese fue el inicio de lo que para nosotros se convirtió en una gran historia, la de un pitcher de proyecciones insospechadas que lanzó para los Cascabeles, los Filis, los Rangers, los Dodgers y los Medias Rojas. Lo vimos ganar tres veces 14 juegos y una vez 15, acercarse a la posibilidad de un no hitter, trabajar cuatro blanqueos, recorrer en tres temporadas 200 o más entradas, firmar un contrato de tres años por 33 millones de dólares, cobrando más que el brasileño Kaká, ganador del Balón de Oro de la FIFA.

El 10 de mayo del 2002, en el Estadio de Filadelfia, Vicente Padilla, convertido en un pitcher confiable en la rotación de los Filis, casi hace aterrizar nuestras emociones en un juego sin hit ni carrera contra los Cascabeles de Arizona. El nica estaba a cuatro outs de la proeza, cuando fue víctima del hit de Chris Donnels. Un no hitter en apenas su octava apertura. ¿Se imaginan eso?

Ahí estaba Vicente, majestuoso, cortando malas intenciones, arañando la posibilidad de la proeza. ¿Cómo detener esa imagen?... ¿Cómo congelar ese instante?... ¿Cómo evitar el hit de Chris Donnels bateando como emergente en aquel octavo inning?... ¿Cómo borrar ese batazo de la cinta del video? Ni modo, pensamos, ojalá se presenten otras oportunidades.

En el cofre de los recuerdos se encuentra un pitcheo soberbio frente a los Bravos; esa casi blanqueada contra los Rojos ponchando a 11; esos cinco innings perfectos contra la artillería de los Gigantes encabezada por Bonds, Kent y Sanders; ese casi no-hitter frente a los últimos ganadores del Clásico de Octubre, Cascabeles de Arizona, el duelo de pitcheo con Pedro Martínez cuando el nica lanzó para los Dodgers, y muchas historias más.

ESTUVO ENTRE LOS MONSTRUOS

Lo vimos en un Juego de Estrellas. De pronto, no poder contar con el zurdo Tom Glavine abrió espacio para Vicente Padilla en el staff de la Liga Nacional del 2002. Ciertamente el muchacho se lo merecía. Desde el fondo de nuestras almas nos cobijaba una gran ansiedad: verlo lanzar en Milwaukee frente a la artillería de la Liga Americana.

¿Quién de nosotros esperaba verlo en acción en este juego cuando se puso en marcha la campaña? Solo pretendíamos que se instalara como quinto abridor en la cuestionable rotación de Filadelfia. Desde el arranque, Vicente había estado resplandeciente interesando al mánager Bowa, a nosotros y también a los expertos, con su gran actuación. Después de 10 victorias y 5 reveses con 3.05 en carreras limpias, Padilla trataría de seguir impactando en una noche en que todos deseábamos verlo brillar.

¿Y qué hizo? Entró en el décimo como último brazo disponible de la Liga Nacional, detrás de John Smoltz y el juego 7-7 desde el octavo. Benito Santiago era el cátcher. Eliminó a Pierzynski en línea al center, Rocbert Fick murió en roletazo a segunda y Johnny Damon, después de estar fauleando constantemente, entregó una mansa pelota al inicialista para el tercer out.

En el 11, que por cierto fue el último episodio por determinación de Bud Selig el Comisionado, quedando el partido empatado, Vicente envió a la base a Vizquel, quien avanzó a segunda por roletazo de Garret Anderson, y siguió hasta tercera cuando el pitcher rival Freddy García conectó un batazo al short. Con el peligro latiendo, Padilla obligó a Tony Bautista a elevar una pelota al jardín derecho. En total, se enfrentó a 7 hombres, cedió una base, no ponchó y no  le batearon hits.

Un pitcher de furia y poder, sin miedo a los retos, Vicente en Grandes Ligas registró balance de 108-91, con cuatro juegos completos, ponchando a 1,121, con cifra máxima de 156. Fue big leaguer entre 1999 y el 2012. Estuvo con los Dodgers en la postemporada del 2009 ganando un juego y perdiendo otro, antes de salir al beisbol japonés. Es el atleta nicaragüense que más dinero ha cobrado.

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