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Cita Vladimir Nabokov en su polémico trabajo “Curso sobre el Quijote” una anécdota que raramente se repite en la obra, y es cuando el personaje de Cervantes le pregunta a un pintor frente a la tela qué piensa pintar, y este le responde: “Lo que salga”. Puede que esa sea la misma respuesta del manager de la Selección Nacional, Marvin Benard, cuando le pregunten al momento de levantarse el telón, ¿qué espera de su equipo?Ofilio Castro.

Desde siempre, y nos remontamos a 1935 en el tiempo de los hermanos Cayasso, la Selección de Beisbol ha sido un equipo imprevisible, “a lo que salga”, y la incertidumbre creció más cuando se abrieron las puertas a los peloteros profesionales, dejándonos en clara desventaja por la escasez pinolera en la producción.

A la orilla de los lamentos provocados por las pérdidas de Cheslor Cutberth, Juan Carlos Ramírez y nuestro “as” Erasmo Ramírez, en contraste con México, el rival más peligroso que podrá utilizar al artillero Adrián González, hay una gran expectación alrededor de lo que puedan aportar Alex Blandino, Jairo Beras, Elmer Reyes y Wuilliam Vásquez, como agregados de Dwight Britton, Ofilio Castro, Ramón Flores, Sandor Guido y Janior Montes. Sin duda, una buena alineación.

Soñamos con el funcionamiento apropiado de este equipo y verlo ser capaz de conseguir el boleto para el Clásico.

Estar en el mismo grupo con Alemania, República Checa y México permite, frente a tal posibilidad, darle forma a las ilusiones alrededor de los brazos de Carlos Teller, Gustavo Martínez, Fidencio Flores, Junior Téllez, Johnny Polanco, Carlos González, Villegas y Loáisiga.

HISTORIA DE CONTRASTES

Históricamente, desde que fui pequeño, nuestro beisbol ha sido pequeño, y dramáticamente contradictorio. En la mayoría de las actuaciones recordables, lo esencial ha sido el pitcheo, como en el Mundial de 1972 y el de 1990. Hasta hoy nunca hemos producido una actuación verdaderamente grandiosa, ni siquiera en situaciones tan favorables como la Serie Mundial de 1948, realizada aquí, y limitados a solo un triunfo.

En aquella ocasión, después habernos acercado a la conquista del título en 1947, esperábamos, con un equipo fortalecido, un país encendido y estrenando Estadio, entrar al cielo cabalgando y encontrarnos con una marcha triunfal, pero terminamos siendo devorados por el caos en un contraste más.

Alex Blandino.Esa terrible inseguridad nos ha agobiado brutalmente. La del fanático nicaragüense ha sido una vida de esperanzas rotas. Cada vez que entramos en el movedizo terreno de los cálculos previos, como en este momento, nos parece estar a bordo de una montaña rusa. En 1983 creímos estar en ruinas. Fuimos a la Copa de Bélgica y regresamos destrozados, y de inmediato preguntamos: ¿tiene sentido ir a los Panamericanos de Caracas? Exigiendo casi no ir para evitar el rídiculo.

¿Y que ocurrió? Nicaragua derrotó a Estados Unidos y creció sorprendentemente para conseguir la medalla de plata, dejándonos con la boca abierta. No lo podíamos creer. Noel Areas estaba por enloquecer y el país se sintió inesperadamente cobijado por la euforia. ¿Cómo fue posible esa actuación milagrosa saliendo de las cenizas?

COMO SIEMPRE, A CRUZAR DEDOS

En 1987, durante los Panamericanos de Indianápolis, se fabricó una gran expectación alrededor de la revancha Nicaragua-USA y la esperanza agigantada “La medalla viene”. Con Argelio al timón se había atravesado por una impresionante fase previa en Cuba, y aquella tarde nos considerábamos capaces de tomar Troya, pero perdimos 18-0 dominados por Jim Abbott, y luego quedamos sin medalla.

Hoy, en el nuevo paralelogramo de fuerzas establecido por el ingreso de los profesionales todo es más dificil. Marvin Benard solo imagina a equipos como Alemania y República Checa y obviamente tiene una idea más precisa sobre México, considerado el favorito por ser local y disponer de mejor armamento. Cuando le preguntan qué piensa que va a pasar, podría responder como el pintor al Quijote: lo que salga.

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