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En el Palacio de los Emperadores, un “Gallito” matagalpino salió del anonimato y se convirtió en rey. Byron Rojas metió la mano en el sarcófago de las sorpresas inesperadas, sacando el título mundial mínimo (105 libras) de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB), tras derrotar por decisión unánime al exmonarca sudafricano Hekkie Budler en Johannesburgo.

Los adjetivos para graficar el triunfo del matagalpino posiblemente queden cortos. Fue un triunfo imprevisto, inesperado, pero justo, merecido y sin objeciones, provocando asombro y dejando una huella imborrable al convertirse en el primer campeón mundial matagalpino y decimosegundo en la historia de nuestro país. 

Agresivo 

El “Gallo” llegó a Sudáfrica decidido a entonar el canto de victoria, sabiendo lo que quería y sobre todo con convicción y seguridad de que podía derrumbar el reinado del campeón. Desde el primer asalto, el nica impuso su soberanía en el centro del ring, salió a buscar a Budler como alguien que brama por agua en el desierto, desesperado y decidido, aprovechando sus recursos y conociendo sus limitantes.

En ese contexto, el nica le sacó petróleo a sus cualidades. Su mejor arma, ese cruzado de izquierda mortífero, algunas veces fallados constantemente, pero otras llegando a su destino final, el rostro, fue como un cuchillo cortador para Budler. El jab le funcionó perfectamente para abrir la guardia del sudafricano y seguir con la misma tónica: cruzado y volado de derecha o bien el upper cut que también hizo mucho daño.

Apenas transcurría el segundo asalto y el cruzado ya había hecho efecto, un corte en la ceja derecha de Budler abrió la puerta de la esperanza a la victoria de Rojas. Aunque la abertura en su piel no fue profunda como un pozo, la sangre generó preocupación en el campeón. Se creyó que se podían detener las acciones, pero afortunadamente el médico del ring dio luz verde a que continuara. 

Rounds reñidos

Fue un combate muy reñido y aunque los tres jueces vieron ganar a Rojas por idéntico 115-113, en el abanico de las posibilidades no era descabellado un empate o derrota. Hay que analizar cada round con una lupa y escoger con pinza al ganador. Al ser dos peleadores con poca pegada, los intercambios de golpes fueron constantes, en algunos el nica salía mejor parado, en otros, el sudafricano sacaba ventaja con los contragolpes.

Hasta el quinto asalto un empate no era una locura si estaba en las tarjetas, el mejor round de Rojas había sido el segundo. Pero probablemente lo que lo sacó a flote fue el cierre de la pelea. Principalmente los últimos 3 asaltos, allí el nica con todo y el desgaste físico, salió con más determinación y en el décimo en un alarde de recuperación de energías conectó a Budler con claridad, lo metió a las cuerdas, pero la falta de poder en su pegada evitó una caída.

Los rounds finales 11 y 12 también fueron del nica, no paró de tirar y de tomar la iniciativa. Se movía Budler de forma lateral como un correcaminos, tratando de esquivar el golpe del “Gallito”, sin embargo ya las piernas le estaban flaqueando y era un blanco fácil.  

Terminado el combate, el semblante de Budler era de inseguridad; Rojas tampoco parecía estar tan convencido del triunfo. Era obvio, estaba en Sudáfrica, donde los jueces podían pasarle la cuenta, pero al final el nombre del nica sonó en los parlantes anunciando que era el nuevo campeón mundial de la AMB, protagonizando una de esas sorpresas insospechadas.

Rojas dejó demostrado que para ser campeón mundial, más que tener recursos técnicos, se necesita valentía, disciplina, determinación, y seguridad en sí mismo. ¿Cuánto durará el reinado del “Gallito”? Eso ahora no importa, disfrutemos del nuevo campeón mundial, orgullo matagalpino, a como lo vociferan sus seguidores.

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