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Hay pesadillas de pesadillas, con ribetes tenebrosos, como encontrarse en un callejón oscuro con un cíclope enfurecido y no tener a mano ni una lanza como la de Ulises, o perder por nocáut 11-0 frente a un equipo mexicano nada impresionante, favorecido por el alarmante descontrol del pitcheo nicaragüense, los errores de una defensa desorientada, y la inutilidad del bateo.  ¡Qué noche más siniestra amigos! Entraban vampiros por las ventanas en busca de nuestros cuellos para aguijonearlos, y allá, lejos, se escuchaba el eco de una carcajada burlesca.

Un impacto emocional  

Jugamos un beisbol suicida, como si estuviéramos apurados en matarnos. La zona de strike fue inexistente para Carlos Teller, quien boleó a cuatro de los ocho bateadores que enfrentó; las pelotas saltaban de los guantes como conejos asustados; y de repente, un hit azteca. Ellos tenían nueve carreras con apenas tres imparables por culpa nuestra. ¿Se imaginan semejante caos? Pocas veces nos hemos avergonzado tanto de nosotros mismos jugando tan mal beisbol.

  • 1-1 es el balance de Nicaragua en el Preclásico Mundial sin incluir el partido de anoche.

Como si se nos hubiera olvidado o nunca lo hubiéramos aprendido. Perdonen, el estómago me dolía. Hay un impacto emocional que nos aturde. Sin Alex Blandino, lamentablemente lesionado en el tendón de la corva, la alineación se debilitó. Blandino había sido el factor desequilibrante frente a los alemanes con par de dobles y tres remolques, y aunque quedaba Beras, se necesitaba más pólvora. Se trasladó a Elmer Reyes al campo corto y se colocó a Ronald Garth en segunda, pero escrito estaba que nada funcionaría ante el estrepitoso derrumbe del pitcheo

Condenados al nocaut

En las primeras cuatro entradas, nuestros lanzadores habían otorgado seis bases por bolas, golpeado a dos, realizado tres pitcheos desviados y soportado tres imparables. Agreguemos esos tres errores en la defensa y busquemos dónde escondernos. No se puede pretender sobrevivir con tantas concesiones al rival.

  • 7 episodios noqueó México a Nicaragua en el Preclásico Mundial de Beisbol.

A esa altura, nuestro equipo no tenía futuro. Destruido en sus reservas físicas y emocionales quedó condenado al nocáut, lo que finalmente ocurrió con las dos carreras aztecas del sexto inning, estableciendo el 11-0 en la pizarra. Nicaragua llenó las bases en el inicio del séptimo intentando evitar la humillación, pero Obregón bateó para doble play y la paliza quedó concretada. Hay pesadillas de pesadillas, que quizás nunca podamos olvidar. Como este nocáut.

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