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El beisbol hace milagros. De pronto, la esperanza alcanza para todos, hasta para los que creían haberla perdido. Hoy, en el Estadio Latino, con Barack Obama y Raúl Castro en el mismo palco –¿quién iba a pensarlo?- un equipo de Grandes Ligas, los Rays de Tampa, iluminará la isla con su presencia, aun siendo de día, enfrentando a una Selección de Cuba que no podrá contar con Youliesky Gourriel, recién escapado, con Yoenis Céspedes, Yasiel Puig, José Dariel Abreu, Kendry Morales, Aroldis Chapman, y tantos otros ases producto del beisbol casero, que brillan en el firmamento de las Mayores.

Un acontecimiento. Cuántos de esos fanáticos que en Cuba sienten que la pasión por el beisbol corre por sus arterias vertiginosamente han estado soñando, mientras envejecen, ver en acción a un equipo de Grandes Ligas. Algunos ya lo consiguieron cuando los Orioles aterrizaron en 1999, otros se sentirán a bordo del tren bala de la fantasía, cuando el cubano Dayron Varona, primer bate y jardinero derecho de los Rays, tome turno contra Yosvani Torres o Freddie Asiel Álvarez, los nombres que está barajando el manager Víctor Mesa.

El último estallido de júbilo

Desde 1960, cuando Fidel terminó con la pelota profesional, colocando a un lado el triunfo de los Elefantes del Cienfuegos en la Serie del Caribe manejados por Tony Castaño, los peloteros cubanos quedaron reducidos en sus pretensiones. Aquel equipo que reunía a Pedro Ramos, Camilo Pascual, el “Borrego” Álvarez, “Cookie” Rojas, Leo Cárdenas, Tony González, y otras figuras cumbres, provocó el último estallido del beisbol profesional en la isla, celebrando la conquista en Panamá.

Auténticos superestrellas que vieron desvanecerse sus facultades estarán presentes, pensando y seguramente lamentando que podían haber llegado, establecerse y hacer historia, además de obtener beneficios económicos. Gramma habla del leal Isasi entre los invitados. Este fue un intermedista que muchos equipos de las Mayores persiguieron inútilmente. La grandeza que pudo haber alcanzado en el mejor beisbol del mundo solo es material especulativo. 

Matt Moore a la trinchera

El abridor de Tampa será el zurdo Matt Moore, quien reapareció cerrando fuertemente la temporada del 2015. Detrás de Varona, Bard Miller estará en el short, Evan Longoria en tercera, Corey Dickerson como designado, Logan Forsythe en segunda, Kevin Kiermaier en el center, Desmond Jennings en el left, James Loney en primera y René Rivera detrás del plato. En tanto Víctor Mesa planea utilizar a Roel Santos, Yordan Manduley, Yosvani Alarcón, William Saavedra, José Adolis García, Yorisbel Gracial, Yunior Paumier, Frank Camilo y Denis Laza, según informes publicados.

  • 3:50 de la tarde está programado el encuentro entre la Selección de Cuba y los Rays de Tampa.

 

Hace unos años, después de la reunión de Laussane, cuando se decidió abrirle espacio a los peloteros profesionales en los torneos internacionales de beisbol, escribí: No más polémicas interminables. Ahora podemos imaginar que estamos en la gran final de unos Juegos Olímpicos, con el bateador más impactante del beisbol amateur, como lo es Omar Linares, enfrentando el reto de los disparos escalofriantes de Roger Clemens y el resultado del partido crucial EE.UU.-Cuba balanceándose en la cuerda floja. Un momento de expectación suprema. Y me pregunté: ¿Algún día veremos un duelo de este tipo? Es difícil, muy difícil, pero podemos seguirlo soñando. Eso nunca ocurrió.

Para cubanos, un cambio brusco

En Sidney 2000 tuve una aproximación: el gran prospecto Ben Sheets toreó eficazmente a los temibles cubanos encabezados por Linares y Kindelan hasta cortarles orejas y rabos, arrebatándoles la medalla de oro que ganaron en el 92 y en el 96. En ese torneo, los asiáticos estuvieron fortalecidos con sus profesionales, Australia estrenó su título de Copa Intercontinental, y una crecida Holanda derrotó a Cuba. Noche tras noche, el beisbol produjo fuegos artificiales. ¡Qué pelota señores! Columnistas norteamericanos que cubren las Grandes Ligas no pudieron ocultar su emoción.

Fue un golpe para los cubanos después de una doble advertencia: sus derrotas en los Panamericanos de Winnipeg en 1999, antes de salvar angustiosamente el oro, y la pérdida frente a los australianos de la Copa Intercontinental. Pero el respeto por Cuba, aunque en decrecimiento por no poder contar con sus pilares, permanece, y los Rays lo saben. 

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