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Los balones que él acarició, dibujando maniobras con la suavidad que caracteriza a un artista del lienzo manejando el pincel, y los que golpeó con tanto poder y precisión para levantar a las multitudes de sus butacas, enloqueciéndolas, están llorando. Johan Cruyff, el genio total, magistral como jugador, como entrenador y como persona, falleció hace unos días víctima del implacable cáncer en el pulmón, una enfermedad de la que no puedes desmarcarte, ni aun siendo un holandés volador, como él lo fue. El futbol viste de negro. Todas sus banderas están a media asta.Como entrenador aplicó la filosofía del "futbol total".

Luchó bravamente contra ese devastador mal agrandado por sus excesos con el cigarro, después de haber sobrevivido años atrás a un serio problema cardíaco, hasta que finalmente dobló su rey y murió. Pero Cruyff, como lo hizo Alfredo Di Stéfano, deja huellas imperecederas. No importa que el tiempo siga pasando, se hablará de él por siempre. Un auténtico “monstruo” del futbol, un revolucionario del juego, un futbolista y un entrenador del juego total. Cada vez que se discuta alrededor de los cinco futbolistas más grandes de todos los tiempos, independiente del orden que se establezca, ahí estará él, forzosamente. Un reconocimiento obtenido a pulso, con ese corazón y esa destreza que lo instalaron en la grandeza.

TRES BALONES DE ORO

Murió a los 68 años, siendo un observador de la era de Cristiano y de Messi, protagonistas de la más grande de las rivalidades, consciente de ser comparable con cualquiera de ellos. Instalado en la cima de la montaña, fue un ganador de tres Balones de Oro, uno con el Ajax de Holanda en 1971, superando a Sandro Mazzola y George Best, y dos militando en el Barcelona, en 1973 cuando llegó al rescate del barco azulgrana, saltando sobre Dino Zoff y Gerd Müller, y en 1974, delante de Franz Beckenbauer y Kazimierz Deyna.   

Fue Cruyff la figura cumbre del Mundial de 1974, aunque aquella Holanda impactante de Rinus Michel, la del futbol total conocida como la “Naranja Mecánica”, no pudo derrotar a los alemanes en la gran final. Un penal a Johan en el minuto uno, cobrado por Neeskens, abrió el marcador, pero Alemania remontó con un penal de Breitner y un remate de Müller, para imponerse 2-1. Se le llamó el “holandés volador”, porque parecía volar en la cancha, a ratos como un cisne, en otros como un halcón. De las dos maneras, majestuosamente, imponiendo su presencia, haciéndose sentir en todos los sectores, desequilibrando.

TRES COPAS DE EUROPA SEGUIDAS

Como jugador, Cruyff hizo historia con el Ajax de su país, ganando tres Copas de Europa consecutivas en 1971, 1972 y 1973 derrotando al Panathinaikos, el Internacional y el Juventus. Llegó al Barcelona en 1973, siendo transferido por el Ajax por la cifra asombrosa de cien millones de pesetas, equivalente a un millón de dólares. Como siempre, el Real Madrid lo pretendió, pero su oferta se quedó corta respecto al Barsa, y además, un gran atractivo para Cruyff es que el equipo catalán graficaba en el territorio del futbol la oposición a un sistema.

Fue un momento en que volvió a abrirse la contratación de jugadores extranjeros en España, después del freno aplicado como consecuencia del fracaso en el Mundial de 1962 en Chile. Cruyff se incorporó al equipo azulgrana en una situación difícil, después de tres derrotas, y debutó con dos goles construyendo un triunfo. Continuó su mayúscula incidencia en una racha victoriosa que incluyó aquel inolvidable 5-0 al Real Madrid en el clásico. Finalmente, el Barsa se coronó en la Liga.

UN JUGADOR COMPLETO

Cruyff hacía de todo y todo lo hacía bien. Su sprint explosivo era estupendo; su juego con la cabeza levantada, como un avestruz buscando los espacios para filtrar sus entregas o detectar al receptor más apropiado, seguía prevaleciendo; podía golpear la pelota en movimiento con las dos piernas y mucha precisión; tenía una confianza exuberante para los atrevimientos; se sentía líder y lo era. Claro que quería jugar el Mundial de 1978 en Argentina. Sin embargo, hombre de principios, renunció a la selección de Holanda por rechazar la dictadura militar que prevalecía en ese país. Podía haber vuelto a ser el mejor jugador de la Copa y además, empujado a Holanda a la captura del gran trofeo, pero se mantuvo a distancia y vio como el escuadrón naranja perdía la final con el equipo de Menotti.

Un aventajado alumno de Rinus Michel, el holandés que hizo multifuncional el futbol quebrando todos los esquemas y rompiendo todas las cadenas en 1974, Cruyff regresó a Barcelona como técnico en 1988 y transformó al equipo azulgrana hasta llevarlo a la conquista de su primera Champions en 1992 con tres defensas, cuatro volantes y tres delanteros, garantizando más solidez atrás y más profundidad en el ataque. Fue en ese fabuloso teatro que ha sido Wembley, con un rayo láser trazado por Koeman de tiro libre en tiempo extra.

AQUEL EQUIPO SOÑADO

Era la primera Champions para el Barcelona, 32 años después de la quinta conseguida por el Real Madrid en 1960. Ese hecho, marcó el inicio de una nueva era para el Barsa. A esa tropa del general Cruyff se le llamó el “equipo soñado”. Ahí estaban como dueños de la pelota, decidiendo qué hacer y cómo hacerlo, Laudrup, Stoichkov, Koeman, Guardiola, Zubizarreta, Eusebio Sacristán, Julio Salinas, Ferrer y otros. Con Cruyff al frente, el Barsa conquistó cuatro campeonatos de España consecutivos entre 1990 y 1994, en un alarde de rendimiento.

Heredó gran parte de sus conocimientos y del estilo que lo identificó siempre a Pep Guardiola, uno de los cerebros de su “equipo soñado”, y los resultados saltaron rápidamente a la vista con el funcionamiento del Súper Barsa que fue capaz de ganar seis títulos en una temporada jefeado por el nuevo genio, Lionel Messi, a quien Cruyff le mostró una gran admiración. Triunfó plenamente en todos los aspectos del futbol. Fue un real “fuera de serie”. Los balones lloran, el planeta futbol se detiene, los corazones de quienes lo vieron en acción sienten estar sangrando, la fantasía viste de luto y las banderas están a media asta. Un genio total ha muerto.

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