Alejandro Sánchez S.
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Y ahora ¿quién se declara el más fanático de Johan Cruyff?, ¿quién presume de escribir las mejores historias de su vida? Cuidado, para rendir tributo a un genio tan grande, incluso queriendo trazar líneas con una pluma, hay que comparar la magnitud de sus proezas sin ser egoísta.

Adjetivos, posiblemente su nombre se convierta en uno. ¿Quién podrá compararse con él?, sería una blasfemia. Johan Cruyff falleció el jueves pasado a causa de un cáncer en el pulmón; reconoció hace un tiempo que se excedió con el cigarrillo, tristemente le pasó factura.

Y es que era un hombre de excesos, lo hizo como jugador y luego como entrenador. Su inagotable deseo por conducir la pelota, tratándola “con cariño”, como él decía, siempre con ese olfato y precisión para mandar un pase “gana títulos”, lo colocó en la lista de los más grandes futbolistas en la historia, está en el top cinco, a como deseen ordenarlo.

Construyó su legado no solo dándole campeonatos al Ajax y al Barcelona, sino convirtiendo su propio esquema de juego desde el banquillo, logrando la fórmula adecuada para apropiarse del balón y marcar goles entrando constantemente al área rival, así como lo aplicó su alumno fiel, Pep Guardiola, en el 2009.

Su filosofía, a partir del juego dominante, acompañado por los buenos resultados, no se extinguirá. Cruyff fue y será un sello registrado. ¿cómo olvidarlo? Cruyff fue magia, elegancia, inteligencia y futbol total.

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