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Entre el Barsa y el Real Madrid, nunca la distancia en la tabla es la confiscación del suspenso. Cualquiera que sea, incluyendo los 10 puntos actuales, se coloca a un lado, frente a la historia de una rivalidad capaz de emerger revitalizada cada vez que se encuentran. Se trata del Clásico de todos los Clásicos. Por encima de aquel River-Boca que salía de Argentina para estremecernos en todos los rincones de América Latina, o del Inter-Milán, capaz de suspender una misa en la bellísima e impresionante Catedral de Milán. Es el Clásico que el mundo espera, imaginado siempre, como un duelo de ribetes espectaculares con la presencia de una galería de estrellas, y naturalmente, con Cristiano y Messi sacando sus espadas.

Es el primer Clásico de Zinedine Zidane desde el banquillo del Madrid. Una experiencia diferente a la de ser un jugador, aunque familiarizada en sentimientos. Seguramente Zidane y Luis Enrique se sentirán como Aníbal y Escipión antes de la famosa batalla de Zama, cuyo relato tanto me gusta recordar. 

Pensando en la Champions 

La distancia no agrieta las fuertes motivaciones de cada lado. El Madrid saltará a la cancha, encabezado por la furia de Cristiano, pensando en asestarle un golpe en la mandíbula al Barsa, pensando en la Champions, su único objetivo del año, y el más grande. Los dos equipos se encuentran con vida en la máxima competencia por equipos del fútbol mundial y podrían encontrarse en semifinales o, por primera vez, en una final. ¿Se imaginan eso? -La cancha-

El equipo de Luis Enrique se encuentra en la cima de la montaña, atravesando por una racha sin perder abre bocas. Es casi seguro ganador de la Liga y está a la orilla de la Copa del Rey. Hoy pretende mostrarle al Madrid, equipo al que derrotó en el Bernabéu en la primera vuelta, que puede empujarlo al abismo en la Champions y dejarlo con las manos vacías, mientras le da forma a la conquista de otro triplete con Luis Enrique.

El orgullo en juego 

Y está el orgullo, lo más importante, lo que galvaniza cada Clásico. Ganar hoy, con la mentalidad de Alejandro, “cada batalla lo significa todo”, es lo que piensan cada uno de los soldados de Zidane y Luis Enrique, con el enfrentamiento número 25 entre Cristiano y Messi en Clásicos. El portugués ha marcado 13 goles por 10 del argentino, aunque éste ha saboreado 12 victorias con el Barsa, por 6 de aquel con 6 empates. Cristiano no es alérgico al Nou Camp, marcando 9 goles en esa caldera. 

-Messi-El tridente del Barsa con 107 goles, se muestra en ventaja respecto al del Real Madrid que consigue 80, pero cuando suene el silbato, eso será metido en la tumba de Tutankhamon, incluyendo algunos de tantos recuerdos imperecederos como aquel cabezazo de Cristiano convertido en rayo lasser y el sprint colosal de Bale, así como el 5-0 y el 6-2 clavados por los azulgrana, y el “hat trick” del chavalo Messi en aquel 3-3 próximo a lo heroico.

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Algo más que Messi-Cristiano

Barsa-Real es algo más que Messi-Cristiano. Es el duelo de jefaturas en las defensas con Piqué y Ramos “pistolas en mano”, rodeados de Mascherano, Alves y Alba el uno y de Pepe –a falta de Varane-, Danilo o Carvajal y Marcelo el otro; es la lucha por prevalecer en el medio campo de diferentes manera, pero interesados en la posesión del balón, que tanta tranquilidad te da y te permite hacer propuestas. Se cree que es difícil la titularidad de James pese a la exhibición que ofreció con Colombia, y se piensa en la incidencia de Busquets, la presencia de Modric, el talento de Iniesta, la dinámica de Rakitic y el aporte que puede garantizar Kroos. Un duelo para disfrutarlo con el ímpetu demoledor de Benzema y Bale, como escuderos de Cristiano, y Suárez y Neymar funcionando como factores desequilibrantes, en tanto la grandeza de Keylor Navas, a ratos invulnerable, y la destreza de Claudio Bravo, defendiendo sus cabañas como si lo estuvieran haciendo en las puertas de Troya. 

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Lo obvio, se trata de una batalla impredecible. No hay forma de atreverse. No veo al Madrid un centímetro más pequeño que el Barsa hoy, pese a esa diferencia de puntos. Así que ajusten sus chalecos y que lluevan las balas. Ganará el más bravo.

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