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Mostrando todo el atrevimiento que ocultó peligrosamente en el primer tiempo, el Real Madrid metió la cautela en el baúl durante un agitado segundo tiempo, y después del estupendo gol de cabeza marcado por Piqué, se convirtió en un equipo audaz, equilibrando la pizarra 1-1 con el gol de ribetes espectaculares conseguido por Benzema de tijera, y resolviendo la batalla con la estocada rasante de Cristiano en el minuto 85, un instante después de la expulsión de Sergio Ramos, exagerada e innecesariamente agresivo en varias acciones.

Sin duda, un buen juego, intenso y emotivo, que cortó en 39 la racha sin perder del Barsa, pero con un planteo extraño por parte del equipo de Zidane, entregando la pelota y los espacios para refugiarse en la opción de los contragolpes, lo cual frente al Barsa es temerario. Incluso cuando los hombres de Luis Enrique estaban manejando la pelota atrás, en su campo, buscando cómo realizar los trazados más seguros tanto en corta como larga distancia para conseguir avances, el Madrid no se atrevía a cruzar la raya central. Esa determinación le hubiera permitido ejercer presión e intentar recuperaciones, algo que el equipo azulgrana estuvo haciendo con singular maestría, aunque recortado en sus proyecciones ofensivas, pese a ciertas exhibiciones de destreza aún dentro del área, al encontrarse con una defensa ligeramente adelantada y muy funcional, más allá del juego friccionado propuesto por Ramos y Pepe.

Un ajedrez riesgoso -Celebran el gol de Piqué-

El Madrid se acomodó en el tablero de ese ajedrez riesgoso, quizás atormentado por el recuerdo del 4-0 en contra que le clavó el Barsa en el Bernabéu. El equipo de Zidane se vio favorecido por esa falla monumental de Suárez malogrando una entrega horizontal de Neymar con “olor” a gol en el  minuto 9, y necesitó la excelente atajada de Keylor sobre un remate de Rakitic a los 19, sudando helado con el bloqueo a Messi en la frontera del área hecho por Sergio Ramos, que la multitud reclamó como penal, pero no lo era. Momentos de angustia extrema.

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Pocas proyecciones del Madrid con un centro del campo trabado y atacantes aislados, se compensaron con una defensa que supo cerrar espacios y estar atenta a los anticipos, quitándole efectividad a los pases cortos del Barsa en el último cuarto de cancha. El mayor problema del Madrid estuvo en la brevedad del mantenimiento de la pelota, forzado por la capacidad de recuperación del Barsa, presionando intensamente, dando la impresión de tener un hombre más en la cancha. Neymar por la izquierda junto con Jordi, y sobre todo Alves por la derecha, fueron constantes receptores de bolas largas, pero en el centro de los avances, Messi encontraba dificultades para funcionar como enlace o meter pelotas entre líneas, lo que desconectaba a Suárez.

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El 0-0 de la primera etapa fue frustrante para el Barsa, que se encontró con un panorama diferente, una vez pasados los minutos iniciales de la segunda etapa, después que Messi volvió a fallar por encima del horizontal un tiro libre. Una peligrosa incursión del Madrid fue culminada con un disparo de Modric atajado por Bravo en el minuto 51 y a partir de ese momento, el Real comenzó a soltarse hasta transformarse en un equipo audaz y autoritario, como ese que vemos en la Champions.

Llega el cambio de golpes

El gol de Pique pudo galvanizar al Barsa. Después que Keylor con las uñas sacó un disparo cargado de veneno realizado por Messi, se produjeron tres corners consecutivos, todos largos, y en el último, apareció Piqué como la Torre Eiffel y golpeó hacia abajo con su cabeza perforando a Keylor, quien no tuvo tiempo para la menor reacción.

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El Barsa trató de ser insistente en la iniciativa, pero el Madrid rechinando los dientes salió a pelear cada pelota y eso le facilitó mejores proyecciones, observándose un descuido azulgrana en el apretamiento de tuercas a Cristiano. La pelota que Kroos envía desde la derecha recibiendo del astuto Marcelo, resulta muy alta para la elevación de Piqué en el minuto 61, y la tijera de Benzema, muy precisa y preciosa, atrapa el balón descendiendo para establecer el 1-1 revitalizante.

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El Barsa se veía decreciendo y el Madrid creciendo, cuando le anulan un gol a Bale en el minuto 80 por apoyarse en Jordi Alba en lo que se consideró un empujón en zona roja. Una acción discutible, pero que permitió al árbitro invalidar el gol que en principio pareció legítimo. La expulsión de Ramos no le quitó impulso al Real lanzado al ataque con la cautela enterrada y el Barsa desorientado. El centro de Bale, desde la derecha en el minuto 85, va hacia Cristiano, una vez más libre de marca en la recepción, quien controla y remata sobre la salida desesperada de Bravo, sellando el 2-1, que cortó la racha del Barsa y advierte sobre sus proyecciones en la Champions.

Ah, más allá del gol, Cristiano se vio mejor que Messi.

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