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Súbitamente, Fernando Torres, el héroe del primer gol culminando con un soberbio taponazo que agujereó a Ter Stegen una entrega precisa de Koke, que enmudeció a la multitud en el Camp Nou empujando al Barsa a la orilla del pánico, se convirtió con su expulsión, en el gran culpable de la desventaja numérica que hizo erosionar el planteo de Simeone. Esa “amputación”, dejó desarmado al Atlético frente a la reacción de un equipo que volvió a iluminarse con la capacidad para desequilibrar de un efectivo y atrevido Neymar, la presencia discretamente peligrosa de Messi concentrado en tratar de filtrar balones y hacer apariciones repentinas sin llegar a impresionar, y la pegada del uruguayo Luis Suárez, con esa toma de pelota en el momento oportuno en el área pequeña estableciendo el 1-1, y el mega-cabezazo que inutilizó a Oblak, para sellar el 2-1 y sacar del hoyo al equipo azulgrana.

La brillantez y la torpeza 

El gol de Torres en el minuto 24, fue una joya geométrica en su realización y un golpe psicológico de gran significado, capaz de afligir al dinosaurio azulgrana. La defensa del Barsa fue abierta retrocediendo, una situación terriblemente incómoda, y Koke, suelto en la parte central, frío y pensante, recibió desde la derecha, y de inmediato, con ese olfato que identifica a los sabuesos, realizó el trazo maestro hacia Torres entre los intentos de cierre de dos defensas con Piqué adelantado, fuera de foco. El remate de derecha de Torres sobre la salida de Ter Stegen en busca de reducir el ángulo, fue fulminante. 

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Un momento después, le aplicaban tarjeta amarilla a Torres por derribar a Neymar, y olvidando la advertencia que eso implicaba, en el 35, fue más allá de la imprudencia entrando al territorio escabroso de la torpeza, embistiendo innecesariamente con excesiva brusquedad a Busquets. Claro que fue una acción obligatoria de otra amarilla, convertida por las reglas en roja. Quizás, Torres quería que se lo tragara la tierra después de eso, mientras Simeone, rechinaba sus dientes y rugía de contrariedad. 

Aparece Suárez y voltea tortilla 

No puedes pelearle un juego al Barsa en su casa con un hombre menos. Seguramente frente a lo irreparable, Simeone se sintió en Las Termopilas al frente de una tropa de espartanos con las suficientes agallas para intentar una resistencia con ribetes suicidas, pero sin escape. El gol de Suárez en el minuto 62, inició el desangre del Atlético, que el Barsa, pese al agobio fabricado con un futbol vertiginoso de primer toque aprovechando su ventaja en presencia física desde el minuto 35, no había podido conseguir. Y en el 73, en otra maniobra de gran rapidez, el centro corto de Alves y el martillazo de Suárez con su cabeza, congelando la flexibilidad y los reflejos de Oblak, adelantando al Barsa 2-1. 

Fue un accionar de ¡Así quién no! Durante los primeros 45 minutos, el Atlético impuso el ritmo, mostró mejor manejo y estuvo certero en la mayoría de anticipos, manteniendo al Barsa desorientado. En la segunda parte, con Suárez danzando siniestramente a la orilla de la posibilidad de una tarjeta roja en el minuto 69, apenas un instante antes del gol de la victoria, el Barsa sacando el máximo provecho a contar con un hombre más, se apoderó de la pelota, el terreno, las opciones y con las dos estocadas del uruguayo, se apuntó un triunfo que 11 a 11 en la cancha, difícilmente hubiera sido posible.

Eso sí, el suspenso quedó flotando para el próximo miércoles en el Calderón. Victoria del Atlético por 1-0, elimina al Barsa por el gol como visitante. No juega Torres, pero hay mucho por discutir.

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