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En el Bernabéu la multitud estaba demasiada ocupada gritando en el delirio, dando a Cristiano su corazón. Había que borrar lo más pronto posible ese sorprendente 0-2 establecido por el Wolfsburgo en Alemania, y Cristiano, agigantado, lo logró en 17 minutos después de un cabezazo de Ramos al travesaño, y en el 77, “mató” con un tiro libre erizapelos. Una y otra vez, el fiero goleador gritó: ¡Aquí estoy, mírenme!, hasta asestar las tres estocadas restauradoras de una grandeza que fue rasgada siete días antes. Pocas veces, el portugués se sintió tan grande como ayer en Madrid. 

Ahí estaba el goleador, en una actuación monstruosa, capaz de derribar montañas. En el  minuto 15, Carvajal sube vertiginosamente por la banda derecha después de una oportuna recuperación y mete una pelota en el corazón del área que rebota en un defensa y pasa danzando grotescamente ante la desesperación de otros dos, hasta llegar a Cristiano por la izquierda perdiendo velocidad. El remate de derecha, mortífero, establece el 1-0 revitalizante. El Madrid se ha levantado de la lona amenazante. Dos minutos después, Kroos ejecuta un córner desde la izquierda, el tercero de la realeza, y el trazado es perfecto para ir al encuentro con la cabeza de Cristiano, que le aplica la torsión requerida a su cuello y golpea el cuero con potencia y precisión, desviándolo hacia el segundo palo de Benaglio, con la pelota descendiendo y llegando a las redes. El 0-2 estaba borrado y el Madrid en pleno crecimiento. El Wolfsburgo se encontraba en el infierno, viendo cómo sus esperanzas se convertían en cenizas.

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¿Cómo fue posible que el ansiado tercer gol descartando el tiempo extra tardara tanto en llegar? En el minuto 77, la gran opción, después de un cabezazo de Sergio Ramos contra el poste que casi se convierte en gol, al complicar la gestión angustiosa de Benaglio intentando apoderarse del balón, lo que finalmente consiguió. Falta de Luis Gustavo a Modric y cobro de Cristiano frente a la barrera. El cañonazo de derecha abre el muro, y llega hasta las redes por la izquierda del arquero inutilizado. El 3-0 provocó un estallido en el Bernabéu. La proeza estaba por concretarse, y se logró, no milagrosamente, sino con autoridad.

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No le puedes conceder espacios a Cristiano, y mucho menos no fajarte con un tiro libre. Para eso están los defensas, pero Naldo y Guilavogui sintieron un escalofrío, se les arrugó el alma y se abrieron. El proyectil continuó hasta las redes de Benaglio. En ese momento el forzado adelanto de su defensa por parte del Wolfsburgo, buscando disponer de opciones para el gol salvador, fue destrozado. El Madrid insistió, primero Jesé y después Benzema, obligaron a dos grandes intervenciones del arquero evitando mayor amplitud en las cifras

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El fin del sueño

Decíamos en la crónica de ayer, creer en la remontada, porque el Real Madrid tenía todo lo necesario para lograrlo, y lo esencial era activar los botones de la presión, no dar tregua y buscar cómo recortar lo más temprano. Cuando eso se logró con Cristiano suelto, el Wolfsburgo comprobó que la abnegación era insuficiente. Realizó algunos intentos de acercamiento con Keylor, pero con poca trascendencia, aferrándose a la posibilidad de ir al tiempo extra, que en vista del superior manejo madridista, no ofrecía variantes favorables al equipo alemán. La pérdida de tiempo la evitó Cristiano con su taponazo.

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¡Qué decisivo fue el temible artillero! Sin él, no hubiera sido posible la voltereta. García Márquez hubiera dicho que el portugués es el prototipo del guerrero triunfador convertido en héroe y mitificado que acumula el poder y la autoridad, como el coronel Aureliano Buendía. Para el Wolfsburgo no solo fue un juego que se perdió, sino un sueño, que quizás, nunca volverá. Sus hombres salieron del campo con Draxler lesionado y los huesos cansados. Se asustaron frente a la posibilidad de provocar un gran impacto. No puedes pretenderlo cuando te encuentras con un Cristiano inspirado y destructivo, monstruoso. 

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