•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

En el epicentro del éxtasis, la figura dominante era la del francés Griezmann, quien clavó las dos estocadas que desangraron a un Barcelona de inicio en cámara lenta y sin conseguir proyecciones, con Messi deambulando en busca de una brújula, y más adelante, atrapado por la urgencia sin poder hacer propuestas, como si su catálogo de variantes hubiese sido quemado. Era penal la mano de Gabi dentro del área, que suponía ir a tiempo extra de ser concretado, pero la inutilidad del Barsa, extendida más allá de los 90 minutos, volvió a ser mostrada con otro tiro libre errático de Lionel Messi. 

¿Cómo pretender avanzar así?

No quedaba nada por discutir. No, cuando no sabes manejar una ventaja de 2-1 y tampoco tienes la capacidad para conseguir un gol salvador; no cuando la incidencia de Lionel Messi es drásticamente enlatada, y el genio, sin encontrarse con sus facultades, es visto desnudo y enclenque; no cuando tres defensores azulgrana compran boletos de palco para presenciar el cabezazo de Griezmann enderezando el estupendo centro de Saúl, después de la falla de Jordi; no cuando desde el banco, no consigues ningún aporte y el equipo no produce ningún cambio de planes; no cuando tu agresividad queda reducida al azar, buscando fallas de una defensa bien cerrada y funcional, que no regaló ni un centímetro. Ayer en el Calderón, el Atlético de Simeone supo apretarle el cuello al Barsa de Luis Enrique, tan golpeado emocionalmente, que ahora podría perderlo todo, la Liga y la Copa.

Te interesa: El Atlético, en semifinales de la máxima competición europea por quinta vez

Desde hace rato, empate con el Villarreal 2-2 el 20 de marzo, el Barsa dejó de ser el equipo deslumbrante que parecía encaminarse a conseguirlo todo. La derrota por 2-1 frente al Real Madrid fue un mazazo aturdidor. Aun imponiéndose 2-1 al Atlético en la ida, aprovechando la expulsión de Torres, el Barsa no volvió a brillar. Se ha mostrado como un equipo desteñido, tan temeroso, como el Messi de ayer, sin atreverse a la próxima maniobra en intento de desequilibrar, prefiriendo el pase intrascendente a un compañero, y quedándose raramente estacionado. Con el factor de motivación desactivado, el ataque azulgrana se trabó. Ni Neymar se adueñó de la banda izquierda ni Suárez fue la amenaza latiendo en el área, ni Iniesta fue el iluminado de otras batallas cumbres, como en aquella frente al Chelsea. ¿Quién mejor que Luis Enrique para saber que ese equipo era otro Barsa?

Prevalece quien tiene más corazón 

La gran diferencia la estableció el tamaño del corazón. Muy pequeño el del Barsa, un equipo necesitado de empujones para ir a fondo, para tomar riesgos y galvanizarse, volcarse con determinación, no con cautela, o quizás con miedo, meterse al área en busca de desequilibrar, como lo hizo en el duelo anterior entre ellos, precisamente antes del estremecedor gol de cabeza de Suárez.

Ayer, ese Barcelona no existió. En cambio, los retumbos del corazón agigantado del Atlético se escuchaban en todos los rincones del Calderón, desde el minuto uno hasta la caída del telón. Un equipo que permaneció en pie de guerra, que se aferró a un planteo defensivo casi perfecto y supo mantener al rival preocupado frente a las posibilidades de contragolpes, que nunca tuvo temor, eso fue este Atlético que en las puertas de las semifinales se siente tan vivo.

También: Bayern a semifinales de Liga de Campeones tras empatar ante Benfica

Cuando la tensión se hizo más intolerable, el Barsa, pese al esfuerzo de Mascherano y Busquets en la recuperación, continuó trabado. Se abría juego por las bandas, pero no se conseguía continuidad, el gran recurso que siempre ha mostrado el equipo catalán. Culpa del Atlético y su dispositivo. Los momentos de Messi fueron pocos y fugaces. Neymar se vio recortado y Suárez encarcelado. Un poco más y llaman al 911 de Madrid pidiendo auxilio. Era penal el de Gabi, pero el Barsa no parecía tener aliento ni para pelear esa decisión. Quizás pensando que tanto Messi como Neyma lo hubieran fallado, y era preferible el tiro libre. La ejecución de Messi pasó cerca, pero se fue hacia la nada, como las esperanzas del Barsa de forzar un alargue. 

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus