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Ray “Sugar” Robinson llegó al boxeo en forma súbita y fulgurante,  saltando encima de las dificultades de una infancia turbulenta.  Era producto del ghetto en Detroit cuando se hizo notar en Harlem, Nueva York, con un par de manos ágiles y un par de piernas veloces, combinación de facultades que le facilitaron convertirse en el mejor carterista del lado Este del Bronx.

Lo llamaban “Smitty”. Era hijo de una humilde costurera y un tipo peligroso. Dice Jim Murray que su velocidad de piernas era conocida por los vendedores de frutas de esa gran ciudad que tan bien grafica Tom Wolfe en “La hoguera de las vanidades”. Después de haber pasado una noche en prisión al caer en una redada, Walker Smith, como realmente se llamaba, nacido el 3 de mayo de 1920, decidió incursionar en el brumoso y riesgoso mundo del boxeo.

En 1937, justamente en la plenitud de su juventud, George Gainsford lo llevó de la mano rumbo a un gimnasio en Harlem.  Fue un alumno sobresaliente de aprendizaje al instante.  Su jab de izquierda, rápido como un signo de taquigrafía, y su movilidad encima de la tarima, brava, rápida y desconcertante.

¿Por qué Sugar? 

“Ahí lo tienen, veloz y certero, con un ritmo suave y dulce como el azúcar”, dijo Gainsford a los cronistas después que Ray -un nombre inventado- se apuntó 85 victorias como amateur, 69 por nocaut y 40 en el primer round. Fue así que por vez primera apareció “Sugar” en las planas deportivas, rumbo a una impresionante carrera de 25 años como, profesional con 200 combates, obteniendo cinco títulos mundiales, uno en welter y cuatro en peso mediano, incluyendo una serie de actuaciones electrizantes que pertenecen al Salón de la Fama del Boxeo, entre ellas las cinco peleas que sostuvo con Jack LaMotta, “El toro salvaje”, registrando un balance de cuatro triunfos por un revés, que fue por cierto su primero en 1943.

Debutó como profesional en 1940 noqueando en dos rounds a Joe Echevarría. Fue entre las peleas preliminares al duelo que sostendrían Henry Armstrong y Frankie Civic. A partir de ese instante, se proyectó bruscamente ganando 75 de 76 peleas, antes de arrebatarle a Tommie Bell el título Mundial de Peso Welter.  La fecha histórica fue el 20 de diciembre de 1946.

  • 1943 pierde su invicto por decisión ante  Jake  La Motta en Detroit. Pelea  a 10 asaltos efectuada el 5 de febrero. Robinson y La Motta se  enfrentaron cinco veces, ganando “Sugar” cuatro combates, todos  memorables por su  dureza.

En junio de 1947 ocurrió algo que lo impactó profundamente:  Jimmy Doyle murió víctima de su golpeo preciso y terriblemente dañino. La primera reacción fue retirarse , pero en un relato de Red Smith, se apunta que mirando al cielo, admitió amargamente: Señor, en este negocio que es el boxeo, me pagan para pegar. Es lo que sé hacer y seguiré haciendo. El 14 de febrero de 1951, durante trece candentes rounds sacados de uno de los capítulos del Apocalipsis, el formidable Robinson le arrebató el cinturón mediano a su más fiero rival, Jack LaMotta.  Antes del décimo asalto, el árbitro Arthur Donovan intentó parar la pelea, pero LaMotta gritó: “Por Dios, yo soy el campeón y debo elegir cómo perder. Déjeme seguir». En el round 13, con LaMotta destruido por fuera y por dentro, pero en pie, el árbitro detuvo el combate.  El campeón destronado, utilizando una frase al estilo de aquella de Galileo: “Eh, pero se mueve”, le dijo a Robinson: “No me tumbaste”.

Su mayor drama 

En 1952, Robinson fue en busca de un tercer título en categorías diferentes contra el Campeón semipesado Joe Maxim en medio de una expectación sin precedentes para una pelea fuera de los pesos completos. La diferencia entre las 160 libras del peso Mediano y las 175 del nuevo casillero al que incursionaba “Sugar” con un atrevimiento mayúsculo, representaba un factor adverso muy significativo, pero no tanto como el calor agobiante que apretó a Nueva York y que terminó por derretirlo junto con sus pretensiones, mientras Maxim, aun golpeado, resistía. 

  • 12 derrotas de Robinson después de cumplir los 40 años.

Fue tal el desgaste, que el árbitro Ruddy Goldstein tuvo que ser reemplazado por Ray Miller después de 10 asaltos, y al llamado del round 14, “Sugar” completamente deshidratado, tenía las piernas de trapo, el corazón semiparalizado y los músculos superiores desconectados por completo de las órdenes que envía el cerebro. Superior en su desempeño, Robinson estaba adelante por puntos, pero sin la consistencia de Maxim frente a esa temperatura infernal, se “consumió”, viendo frustrarse su intento. Era una época en que no existían estas divisiones intermedias que le permitieron a Tommie Hearns, Leonard, Chávez, De la Hoya, Pacquiao y Mayweather, multiplicar sus cinturones. ¿Se imaginan a “Sugar” movilizándose entre casilleros más próximos? 

En la historia de sus  combates, que le llevaron fácilmente al Salón de la Fama, Ray  Robinson estableció grandes récords para su tiempo. En la pelea contra Carmen Basilio, en septiembre del 57, cuando reconquistó la corona mediano, 38 mil personas asistieron al Yankee Stadium, y le correspondió una bolsa de 483 mil dólares. Sin embargo, exigió pago de derechos por transmisiones de radio y televisión, lo cual no había obtenido ningún otro boxeador. Así que esa noche, se metió en el bolsillo un millón de  dólares, aproximadamente.

En la revancha contra Turpin, montada en Polo Grounds, se rompió el récord de asistencia: 61.370 espectadores pagaron sus entradas. Robinson deseaba como nunca vengarse del campeón británico. Lo noqueó en  diez asaltos. Fue una lucha desesperada, Ray tenía una fea herida en el ojo derecho y  temía que el árbitro parara la pelea. Cuando salió para el décimo asalto, desató sus golpes frenética y brutalmente. Turpin cayó a la lona y la pelea fue detenida. Nunca antes se le había visto tan feroz entre las cuerdas. “Era un mal tipo”, dijo.

Como bailarín comenzó ganando 1,500 dólares a la semana, y terminó con una oferta de 25 mil  anuales. Sin embargo, fue más fuerte su pasión por el boxeo. Además, necesitaba ganar  sumas  mayores para pagar sus impuestos. El 10 de noviembre de 1965, tras haber pasado 25 años y un mes en los cuadriláteros, “Sugar” Robinson se despidió con una derrota ante el desconocido Joey Archer, en Pittsburgh. Al ganador le correspondió una bolsa  de 34,802 dólares, mientras a Ray sólo le pagaron 7,830.

El 10 de noviembre de 1965, caminando rumbo a los 46 años, Robinson fue vencido por Joe Archer, cerrando, según Boxing Register, una carrera de 200 combates con 173 victorias, 108 por nocaut, 65 por decisión, 18 derrotas por puntos, una por fuera de combate con Maxim, dos sin decisión y 6 empates.

  • 1952 el año que perdió con Joe Maxim en busca del cinturón semipesado, consumido por el calor en el round 14, no pudiendo continuar.

A los 62 años comenzó a ser afectado por el mal de Alzheimer, una enfermedad cerebral que no tiene causa fija ni tratamiento efectivo...El dinero había escapado de sus bolsillos consecuencia de una deficiente administración y la presencia de múltiples parásitos. Si el Alzheimer le fue robando uno de los dones más preciados como es la memoria, sus peleas, la mayoría grandiosas, permanecen inalterables en los “discos duros” de cada uno de los que tuvieron el privilegio de verlo en acción, o han estudiado su trayectoria cobijándose de admiración.

Robinson fue una suma de estilos, una amalgama sublime, un catálogo de arquitectura boxística.  Fue un ídolo para Alí y también para Leonard, las dos mayores aproximaciones que se habían visto entre las cuerdas, antes del salto al estrellato de Mayweather. En 1989 falleció víctima de un paro cardiaco a la edad de 68 años, en el  centro  médico Brotman, en Culver  City, al que fue conducido con urgencia. El Alzheimer y la diabetes lo acorralaron. También sufría  hipertensión. Mas historias, en Solo Fieras

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