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Volvió a caer el Barcelona, ahora por 2-1 ante el Valencia, pese a recuperar mucho de su buen juego, aunque necesitado de mejor definición. ¿A quién culpar? A la efectividad para contragolpear del Valencia y Al manejo que hizo de una situación favorable, marcando dos goles en el primer tiempo; al plusesfuerzo de una defensa que fue exigida al máximo por este equipo azulgrana nuevamente ágil, creativo, penetrante y constante; o al arquero brasileño Diego Alves, de prodigiosos reflejos, más firme que los muros de Jericó, porque resistió el ruido de todas las trompetas, solo agrietándose con el gol 500 de Messi, recortando la distancia, pero sin extenderse hasta el milagro de la remontada.

Ahora el Barsa, aún sin tocar fondo en su estrepitoso derrumbe, incluido su descarte en la Champions, y con cuatro jornadas consecutivas sin ganar en la Liga, empate con el Villarreal y derrotas consecutivas ante el Real Madrid, el Real Sociedad y el Valencia, se encuentra en la incomodidad del infierno, en el último círculo, aguijoneado por una dramática desesperación, necesitado de un cierre perfecto con cinco victorias en cinco fechas, tratando de sacarle provecho a la diferencia de goles respecto al Atlético. Pero ¿quién dice que eso será posible?

Mejoró, pero volvió a perder 

Ayer, después de la clara victoria del Atlético sobre el Granada por 3-0, el Barsa mostró la agilidad, el entendimiento y la capacidad de presionar, que parecía haber perdido en un cementerio. Pudo haber tomado clara ventaja. Par de atajadas de Alves, dos llegadas frustradas de Suárez, un disparo envenenado de Messi y la presencia amenazante de Neymar, con Iniesta jefeando operativos, mostraron un Barsa ambicioso en busca de la victoria. 

Pero fue el Valencia, en un buen contragolpe, con Andrés Gómez utilizando todo el espacio disponible por la izquierda mete una pelota a Siqueira, cuyo intento de centro es desviado hacia el marco por la barrida de Rakitic, inutilizando el manotazo de Bravo, en natural movimiento hacia el centro. En el minuto 25, el Valencia estaba adelante 1-0. De haber sido disparo directo, habría culpa de Bravo, pero es lo inesperado lo que lo desarma.

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El Barsa continuó ejerciendo presión, pero la falta de precisión, los cierres oportunos y Alves, el arquero, lo mantenían condenado al cero. En el minuto 45, contrarreloj, con el Valencia manejando la pelota frente a los defensas del Barsa, la pelota que toma Parejo liberado y la entrega rasante a Santi Mina, para el derechazo letal estableciendo el 2-0.

Muy tarde el gol de Messi 

Pensé que pese a esa diferencia, el Barsa tenía opción para revertir, como estaba llegando, aunque Neymar seguía confuso y Busquets no lograba la incidencia que acostumbra. Sin embargo, más allá del accionar de Messi, las proyecciones de Iniesta, la movilidad de Rakitic y la presencia de Suárez, que le daban forma a cierto optimismo, el problema era que por culpa de Diego Alves no se producía el gol del recorte, y fue necesario esperar hasta el minuto 63, cuando Jordi Alba pudo hacer un trazo apropiado para el remate de Messi, que se estrechó la diferencia 2-1.

No había tiempo para festejar el gol 500 del argentino. Tomando todos los riesgos, el Barsa continuó volcado, pero cuando la defensa del Valencia era desequilibrada, aparecían los cierres oportunos, y también Alves con sus reflejos y tenazas negando el gol del empate, hasta que finalmente murió el Barsa, que hoy amaneció en el infierno, entre las brasas, con su futuro no borroso, sino negro, deambulando entre una terrible incertidumbre, siempre golpeado y con su confianza mordida, pese a la mejoría mostrada.

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