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Era difícil no estarlo mirando alrededor de una preocupación creciente. Alex Rodríguez se encontraba de 19-0, completamente en punto muerto. No se espera eso de alguien que recibe más de 20 millones por temporada, aunque se encuentre doblando por la curva de los 40 años. No, cuando hace poco, en la última campaña, descargó 33 jonrones y empujó 86 carreras. Pero ¿qué pensar sobre su inutilidad en estiramiento?, recordando tantos casos de súbitos derrumbes. 

Mientras era cambiado de posición en el line-up yanqui con un porcentaje miserable, debajo de los 100 puntos, Alex se había convertido en un “sospechoso” de haber visto pasar sus buenos días, entrando en una fase de desvanecimiento que no se esperaba tan temprano en este 2016. Así que la posibilidad de tener que sentarlo sobre su salario de superestrella, para abrirle espacio a alguien más productivo, se estaba agigantando, en un momento en que varios bateadores jóvenes limitados al mínimo se encuentran tronando.

Truena bajo observación 

Fue entonces que Alex se rescató a sí mismo con un jonrón de dos carreras, que sirvió de soporte para la primera victoria del “as” japonés Masahiro Tanaka, al imponerse los Yanquis por 4-3 a los Marineros de Seattle. Curiosamente otro japonés, Hisashi Iwakuma, fue el derrotado. Con su estacazo, emocionalmente Alex estaba de regreso a la temporada de 1995, cuando con solo 19 años conectó el primero de sus 689 vuelacercas frente al pitcheo de Tom Gordon.

  • 2 jonrones ha conectado Alex Rodríguez este año con los Yanquis de Nueva York.

 

El domingo, Alex sabía que cada uno de sus swings estaba siendo observado por ojos agrandados por la angustia, cuando golpeó a Iwakuma en el cierre del segundo inning, haciendo girar la pizarra 2-1. Era lo que necesitaba Tanaka para fortalecerse y los Yanquis para encaminarse hacia su quinto triunfo de la campaña por seis reveses. 

El peligro continúa 

Por ahora, Alex está balanceándose débilmente sobre ese segundo jonrón de la temporada y apenas superando los .100 puntos. Es decir, continúa bajo amenaza. Estos Yanquis, que pretenden pelear en el complicado sector Este de la Liga Americana, no pueden permitirse a un bateador estrangulado por el paso del tiempo, acorralado por el pitcheo enemigo y ensombrecido por la natural pérdida de brillo. Si Alex es un estorbo, tendrán que apartarlo con toda la montaña de billetes que lo acompaña.

Se trata de un drama. El astro, que agotado se apaga frente a las grandes exigencias, después de haber atravesado por un oleaje de complicaciones, ansioso por estirar su carrera estos dos años, en busca de agrandar sus cifras, a sabiendas que las puertas de Cooperstown permanecerán cerradas para él, sobrevivirá en el recuerdo, sostenido por su fama imborrable, como la de Bonds, Clemens y McGwire.

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