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“Mi hijo me da pesar cuando le toca dar el peso, le cuesta su dinero, es duro”, exclamaba doña Lilliam Luna, mamá del tricampeón mundial Román González, antes de que el monarca subiera a la báscula y marcara 111.4 libras.

Terminado el suplicio, doña Lilliam empieza a contar los preparativos de la fiesta que tendrán esta noche en su casa para celebrar el triunfo.

En sala del hogar, donde se crió y formó el muchacho al que le gustaba el futbol y no el boxeo, parece un museo artístico sobre su trayectoria; hay recortes de notas de periódicos, fotografías con el presidente Daniel Ortega y los reconocimientos abundan en las paredes. En el interior es imposible pensar en recibir invitados, así que la reunión para esperar la pelea del tricampeón se hará en las afueras de la casa, ubicada en el barrio La Esperanza.

“Vamos a poner una pantalla gigante, haremos una comida para los invitados y explotaremos pólvora. Vendrá mi familia, estaré con mis hijos, hermanos, y los amigos”, explicó la mamá de González, quien cuenta que ahora se siente más relajada cuando su hijo va a pelear, los nervios no son los mismos del pasado, disfruta los combates y asegura que una pelea contra Juan Francisco "el Gallo” Estrada no se la perderá por nada del mundo.

Confianza absoluta

“Me da un poco de nervio ver a Román, pero ya no es como antes, porque confiamos en mi hijo, él se cuida mucho, entrena. Además es cristiano y Dios lo acompaña en su pelea. Mi hijo me dice que lo acompañe a las peleas, pero no puedo dejar la casa sola, sin embargo, para la pelea con el “Gallo” Estrada, esa no me la pierdo”, comenta. “El boxeo no es para cualquiera, tiene que cuidarse su dinero, no toda la vida será boxeador. Nunca me imaginé que mi niño llegara a ser el mejor boxeador del mundo, Román tiene ese don que Dios le dio”.

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