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La brillantez del boxeo de Román “Chocolatito” González no necesita de maquillaje. Es tan obvia como los jardines colgantes de Babilonia, pero esa brillantez siempre ha estado acompañada de furia y poder destructivo. En su triunfo indiscutido anoche sobre el puertorriqueño McWilliams Arroyo por diferencia de 10 puntos en dos tarjetas y de 12 en otra, defendiendo exitosamente el cinturón de las 112 libras y dándole forma a su victoria 45, Román se vio desprovisto de la fiereza que lo caracteriza y de su punch escalofriante. Su boxeo en esta ocasión no tuvo la música mortífera de casi siempre.Román González se vio cansado en la segunda mitad del combate. AFP / END

El mismo Román, pero debilitado

McWilliams Arroyo aprovechó el desgaste del nica para resistir. Incluso, se sintió cómodo en el centro del ring, posición en la cual quedaba expuesto al boxeo largo y terriblemente dañino de “Chocolate”, por el excelente manejo de esa izquierda veloz y el acompañamiento de esa derecha que estremece cabezas. Román disparaba, acertaba, abrumaba, sumaba puntos, pero Arroyo, sin ser un yunque, estaba tercamente ahí, a la orilla, listo para ensayar envíos que no asustaban; eran, en cierta forma, una señal de indiferencia al golpeo del pinolero.

Cada round que moría hacía nacer otro casi igual, como una fotocopia. Román saliendo apurado, colocando la mayor presión posible, manejando las riendas casi todo el tiempo, registrando una superior frecuencia de golpes, pero sin imponer el respeto que se ha ganado a pulso. Eso solo tenía una explicación, el desgaste provocado que le impedía ir a fondo. No había preocupación por el desenlace de la pelea, porque fue unilateral, pero sí por la pérdida de autoridad en el golpeo de Román, y mas adelante, cuando el combate envejeció, por el decrecimiento del ritmo y la fuga de energía. Si se compara con cualquier otra pelea del nuestro, fueron los movimientos más lentos de piernas y brazos cerrando un combate.

En el octavo último esfuerzo

Enrique Armas preguntaba en la transmisión: ¿Alguien ha visto perder un round a “Chocolate”?, lo cual tenía sentido, pero también valía la pena preguntar, sobre todo en la recta final: ¿Alguien vio a Arroyo en malas condiciones en algún asalto? Pienso que en el octavo, cuando después de otro inicio agitado, Román logró conectar par de derechas a la cabeza en diferentes momentos y ensayó tres fuertes arremetidas, que terminaron apagándose. Eso se observó en los rounds siguientes.

No fueron muchas las oportunidades, pero Román no podía mantenerlo apretado contra las sogas. Arroyo lograba salir sin maximizar esfuerzos. No sumaba puntos, pero garantizó una sobrevivencia que peleadores mejores que él no consiguieron frente a Román.

Los recursos del boricua son discretos y su atrevimiento recortado por falta de poder en sus nudillos. Nada impresionante como peleador con pretensión de llegar a ser campeón mundial. Fue llamativo que después de caer el telón, Román dijo: “Una pelea más en 112 libras y me voy a las 115 libras”. Es una decisión sensata, como las de Alexis Argüello cada vez que salió de un casillero. Marcar 111.4 libras no ocultaba todo lo que pasó sufriendo.

Necesita un margen mayor y quiere salir del desfiladero de las angustias. Más interesante que una cuarta corona es que se sienta bien.

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