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Beisbol y boxeo son dos actividades deportivas que no pueden faltar en la vida de los cubanos. La primera está ligada a un tema cultural, casi religioso. La otra es la disciplina que históricamente le ha dado decenas de medallas a Cuba en los Juegos Olímpicos y en los campeonatos mundiales amateur.

Después de cinco días estando en La Habana, experimentando la limitación del internet, con una velocidad mínima y a veces saturada, supuse que sería imposible ver la pelea entre el nicaragüense Román “Chocolatito” González y el dominicano McWilliams Arroyo, el sábado por la noche.

Mis consideraciones eran razonables, aun más cuando nadie hablaba de la cartelera en la que el kazajo Gennady Golovkin fue estelarista, incluso en el círculo de periodistas cubanos muchos me preguntaron “¿quién es ese ‘GGG?’”.

No fue necesario hondar en el tema del “Chocolatito”. Para mi sorpresa, un par de minutos antes de que comenzara el pleito entre Román y Arroyo, cambiando los canales de televisión con la esperanza de ver la reyerta, encontré la transmisión de HBO.

Detuve mi búsqueda el canal 41 de TV por cable, justo cuando subía al cuadrilátero el retador al título mosca del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), que conservó el tricampeón pinolero González por unanimidad. Confieso que estaba incrédulo, por un momento creí que la ansiedad me había hecho delirar, por fortuna fue real.

El televisor de marca “Atec-Panda” no es el mejor posible, como el internet, pero tenía la nitidez de imagen necesaria para que distinguiera a cada protagonista de la función. A tiempo escuché el Himno de Victoria, el canto con el que Román hace su entrada al ring, me sentí identificado con el mensaje, fue un gran triunfo poder ver la pelea.

A las 10:05 de la noche (hora de Cuba), comenzó la reyerta, para entonces varios colegas cubanos y otros de países sudamericanos, se disponían a disfrutar de un concierto de rock. En el Hotel Costillar de Rocinante, donde nos hospedamos solamente un grupo periodistas durante once días. Un guarda de seguridad, una recepcionista y yo, éramos los únicos quedábamos en el edificio.

Disfruté el combate, especialmente porque no esperaba que lo transmitiera un canal cubano. A pesar que González venció a Arroyo, exhibiendo superioridad técnica y pegada, preveía que pudiera noquear, lo indiscutible es la capacidad de aguante del boricua, evidentemente llegó preparado para resistir el tren de pelea del “Chocolatito”, lo cual no es suficiente para aspirar a ser campeón, puede conformarse con haber sido el sexto rival que resistió en pie hasta el límite del desafío.     

Para meditar

Lejos del análisis que pueda ofrecer sobre el resultado, reflexiono sobre lo paradójico que es el disfrute del boxeo en Cuba. Mientras los ciudadanos están atentos a sus promesas en el pugilismo olímpico, y, justamente la semana pasada llenaron el coliseo deportivo de La Habana durante el Mundial, donde el equipo local se impuso ante la selección mexicana, las grandes funciones internacionales pasan inadvertidas, efectivamente muchos deben preguntarse ¿quién es Golovkin, cuál “Chocolatito”?

En un país donde se practican más de 30 disciplinas deportivas y que en cada cita olímpica se cuela en el podio de naciones con mayor cantidad de preseas, los eventos boxísticos profesionales escasamente les resultan atractivos, siquiera el campeón mundial cubano Guillermo Rigondeaux provoca tal interés, aunque esto involucra un tema político.

Pero no es lo único, las Grandes Ligas de beisbol no calan tan hondo como la Serie Nacional. Hace ocho días, cuando llegué a Cuba, Tigres Avileños y Vegueros Pinareños disputaban el séptimo y definitivo encuentro de la gran final; y no había nadie que no hablara de otra cosa que de ese partido. El deporte local despierta pasiones, seguir el desarrollo de sus propios atletas es el interés principal de muchos cubanos.

“El boxeo amateur es lo que nos gusta. Ese boxeo rentado no nos llama la atención”, me comentó Gretel Tamayo, destacada periodista habanera que se abre espacio aceleradamente en la crónica deportiva cubana. Su óptica, como la de muchos de sus coterráneos, es respetable, con el involucramiento de la población lo más probable es que Cuba siga desarrollando grandes deportistas.

De cualquier manera, disfruté la demostración de Román González (45-0-39 KO), quien acecha la marca de 49-0 que ostentan Rocky Marciano (q.e.p.d) y el recientemente retirado Floyd Mayweather Jr. Repito, Cuba me sorprendió.

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