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En el terreno, tomando retos y enfrentando dificultades, mostrando su impetuosidad en la búsqueda de la victoria, Vicente López siempre dio la impresión de ser tan duro como el mármol. Ese receptor bravo, astuto, con liderazgo, dueño de una confianza casi absoluta, parecía un “bulldog”. Perteneció a la generación de peloteros pulidos por Tony Castaño, que engrandecieron en la década de los años 70 el beisbol nacional amateur, terriblemente devaluado entre los Mundiales de 1961 a 1970. Nunca lo olvidaremos. Fue un fiero “enmascarado” detrás del plato, dueño de una escopeta mortífera y un bate temido. Falleció en su natal San Isidro en el mes de octubre del 2010.Vicente López era un factor de seguridad detrás de la receptoría.

No hay forma de sacar out al cáncer cuando con sus piernas desgraciadamente tan ágiles, ha tomado mucho terreno entre primera y segunda. Aunque disparó con esa terquedad que siempre lo caracterizó, Vicente estaba claro de eso, pero fiel a su actitud inclaudicable, no se resignó. Murió peleando, exactamente como vivió.

Recuerdo la primera discusión alrededor de su nombre. Precisamente cuando me iniciaba como cronista deportivo en 1970, y él era solo el receptor del débil equipo Managua. Saltó al tapete la pregunta ¿vale la pena incluir en la Selección a Vicente López?

Por favor, créanlo. Esa era una de las grandes interrogantes mientras se organizaba la Selección Nacional que viajaría al Mundial de Colombia en 1970. La escogencia directa como receptor del equipo pinolero parecía ser Chester Davis, del Flor de Caña, no un tigre detrás del plato y tampoco dueño de un gran rifle, pero sí lo suficientemente agresivo con el madero en el beisbol casero, como para ser el titular.

“Me gusta Vicente”, dijo Carlos García. Más allá de las discretas cifras que cobijaban las pretensiones del catcher, limitado a 218 puntos en 133 turnos, Carlos consideraba que era el mejor catcher defensivo disponible y que en los torneos internacionales ninguno bateaba. Así que Vicente fue como titular a ese Mundial, respaldado por Noel López, del Rivas.

CRECIMIENTO ESPECTACULAR

En los Mundiales de 1971 y 72, Vicente López creció espectacularmente en todos los aspectos del juego, y sepultó a los retadores. Tony Castaño llegó a expresar con un atrevimiento que a pocos se les permitía: “Me pueden hablar de Lázaro Pérez, Ruperto Cooper o Samuel Reynoso, son grandes catcheres que vemos en los Mundiales, pero me quedó con Vicente”.  Cuando le jonroneó al “as” cubano José Antonio Huelga en el histórico juego que Nicaragua ganó 2 por 0, con el Estadio Nacional alcanzando su punto de ebullición, lo vimos más grande que nunca, dándole la vuelta al cuadro con la multitud de pie. En ese torneo logró un promedio de 350, impulsó 7 carreras y disparó tres dobles, con un jonrón.

En 1978, durante la más ofensiva campaña que por aquí hemos visto, Vicente registró el impresionante porcentaje de 436 puntos, con 145 hits, 34 jonrones y 91 carreras impulsadas. Ese año, para ganar el cetro de bateo con cifra récord, Vicente realizó una escalada fantástica. El cinco de mayo, David Green impactó subiendo hasta 401, pero Vicente estaba ahora más lejos, con 437 puntos. El ocho de mayo, Vicente desbordado, llegó hasta 447 puntos.

Perdió ritmo, pero Green cayó de los 400, y en la ultima fecha, que no se jugó, Vicente mostraba un porcentaje de 436 y Green 392. Una abismal diferencia de 44 puntos.

RECHAZÓ OFERTA DE LOS “AMIGOS”

En 1979, en su oficina del Estadio Bobby Maduro en Miami, el dueño y gerente del equipo “Amigos”, Joe Ryan, firmó tres ofertas a peloteros nicaragüenses: una para Porfirio Altamirano, otra dirigida a Ernesto López, y la de Vicente, apuntando: “Me interesa mucho el catcher. Ese es un puesto afectado por la escasez de valores”.

Pero Vicente, quien estaba tratando de resolver algunos problemas personales, dijo ¡no!, y se quedó en casa, pese a disponer del armamento necesario para proyectarse en el nivel de exigencia de esa Liga Interamericana, la misma en la que crecieron Porfirio y Albert Williams antes de saltar a las Mayores.

¿Cuál es el fundamento para ser cátcher?, le pregunté en una entrevista con motivo de su ingreso al Salón de la Fama pinolero. “Hay que ser enérgico, decidido y seguro, y yo siempre fui duro, desde muy pequeño. Esa dureza fue mi gran soporte. Ser catcher no es para flojos”, me dijo, como si fuera un personaje salido de las historias de Norman Mailer.

¿Quién ha sido el que más te ha ayudado?... “Para el Mundial de 1972, trabajé con Copa Castillo y Tony Castaño. No podía desear algo mejor. Saqué provecho y evolucioné”.

SU PROCESO EVOLUTIVO

En 1970 no bateabas, sin embargo, fuiste de catcher titular de la Selección Nacional y de inmediato comenzaste a transformarte con rapidez mostrando tu crecimiento en el 71 y el 72…“El plan de Tony  Castaño funcionó con muchos de nosotros. Era un hombre que tenía los recursos y conocimientos para enseñar, y nosotros las herramientas. Así evolucioné”.

-¿Qué tipo de entrenamientos  mejoraron tu bateo?...“Las orientaciones de ‘Copa Castillo’, el uso de la máquina, trabajar horas extras aplicando modificaciones, seguir los lanzamientos, estudiar a los tiradores, utilizar la concentración frente al plato”.

-Hay algo que no viene en los manuales, y es la astucia. Vos ofreciste constantemente muchas demostraciones de tu sagacidad…“Yo siempre estaba pendiente del coach o del manager contrarios haciendo señas para que sus corredores se movilizaran. Eso me fue de mucha utilidad. Teníamos un buen cuerpo técnico, buen pitcheo, y yo tenía todo el panorama de frente, seguía el lanzamiento que pedía, agarraba tierra para tirar hacia arriba y saber cómo estaba el viento y su rumbo; miraba a los bateadores derechos o zurdos que tenían poder, sabía cómo lanzarles, sabía cómo se colocaba el infield y cómo estaba el outfield. Todo eso dio resultado. El catcher siempre está pensando”.

-Detrás de Vicente, ¿quién el mejor catcher?...“Vallejos es muy bueno, sin duda. Tiene valentía, habilidad y picardía, pero es muy exhibicionista. Como que no le gusta jugar para el equipo, sino para el fanático, Matamoros se mira más serio, más centrado, necesitado de ajustes. Marlon Abea tiene experiencia y responde. Hay buen material a mano”.

“NO PODÍA IRME EN ESE MOMENTO”

-¿Por qué no firmaste con los “Amigos” de Miami?...“Esa fue una de las grandes decisiones que tomé. Yo no quise, porque debía un camión en la Datsun, que lo usaba para trabajar viajando a Costa Rica. Me lo chocaron y lo tenían embargado allá, con mi hermano en dificultades. En ese momento firmaron Ernesto López y Porfirio. Me  hubiera gustado irme, me sentía bien, había registrado un gran año en 1978, sin embargo, no fue posible. Nunca me sentí mal pensando en eso. Simplemente no se dio. Nadie sabe qué hubiera pasado conmigo”.

-¿Cual fue la oferta económica?...“A  Ernesto y Porfirio le dieron 2,000 dólares. A mí me ofrecieron lo mismo”.

En la película “Bull Durham”, uno de los grandes éxitos sobre temas de beisbol, Kevin Cotsner personifica a un catcher veterano y competente en las Ligas Menores, conduciendo a prospectos de la colina. En cierto momento, Cotsner le dice a un joven tirador de meteórica velocidad  lo siguiente: “Yo soy el cerebro del juego y debes obedecerme en todo. Espera mi señal y después procedes, porque soy el que manda... ¿entendido?”

Así que se supone que el catcher está obligado a ser el hombre más inteligente en cada equipo. De sus orientaciones, de su estrategia, de sus  habilidades, de su liderazgo, depende en mucho el éxito de un equipo. Vicente López fue una de las piezas claves en el gran resurgimiento del beisbol nacional en los años 70, con la jefatura de Carlos García.

(Mas historias en Solo Fieras).

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