Haxel Rubén Murillo
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“Ustedes quieren que Román siempre gane fácil”, me decía uno de los miembros del equipo del tricampeón mundial Román González. Otro mensaje que llegó a mi celular fue el de un boxeador que en anteriores peleas ha trabajado como sparring del tricampeón mundial, diciéndome: “Nunca se queda bien con los cronistas”.

La noche del sábado, Román pasó por encima del boricua McWilliams Arroyo. Ganó ampliamente en las tarjetas, pero ¿realmente fue un combate del todo cómodo para el nica? Mi respuesta es sí y a la vez no. Sí porque González nunca corrió ningún peligro, dominó las acciones, se adueñó del centro del ring, manejando los tiempos del combate.

Y no, porque le faltó oxígeno y por consiguiente la falta de aire se tradujo en pérdida de fortaleza física y disminución de su poder.

Me dirán algunos: ¿te diste cuenta de que Román tiró más de 1,300 golpes? Sí, es verdad, pero eso no es sinónimo de que estaba en las mejores condiciones físicas. Se puede tirar golpes sin alma y al vacío y en el registro van contando. No es que todos los golpes que lanzó hayan sido frágiles, pero muchos de ellos no hicieron ningún daño, por lo mismo que apuntaba anteriormente: su disminución de poder.

Arroyo no es Brian Viloria. Me decía Rosendo Álvarez que el boricua es mejor que el hawaiano, boxea más inteligente, y su opinión es respetable, pero no la comparto. Este McWilliams hubiese sido noqueado si el sábado enfrentaba al Román que peleó contra Viloria. Estamos de acuerdo, González presentó, como de costumbre, su boxeo artístico, ese de combinaciones largas, ejecutando con maestría su sinfonía de ganchos y upper al cuerpo del rival, pero esta vez sin el poder acostumbrado.

¿Qué pasó con las condiciones físicas en la segunda parte de la pelea? Esa es una respuesta que solo el equipo de trabajo puede responder. Román se preparó muy bien, pero algo le afectó. Puede ser que su cuerpo ya está necesitando urgentemente subir de categoría porque ya no se recupera de la misma forma. O quizás no fue positivo el hecho de pasar sin entrenar durante tres días antes el enfrentamiento, o puede ser el estrés emocional y psicológico que sintió el nica hasta el punto de perder un poco de su cabello, algo que antes no le había sucedido.

De algo sí estoy seguro, que el sábado Román no fue el Román que estamos acostumbrados a ver ante un rival resistente como una roca, pero que tuvo la suerte de toparse a un González más frágil físicamente.

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