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Seguramente al finalizar el primer tiempo, en el camerino del Bayern, se podía escuchar una gota caer en medio de la pesadumbre, del cruce de miradas de reproche, y de la obvia rabia de Pep Guardiola frente al 1-0 en contra, lacerante. ¿Cómo fue posible que el chavalo Saúl Ñíguez se abriera paso como si fuera una fotocopia de Lionel Messi, zigzagueando entre tantos defensas, dando la impresión de moverse sobre una alfombra mágica, y rematando con sangre fría, trazando un pincelazo de zurda fuera del alcance de Neuer, con el balón rebotando en el poste derecho del arquero, para finalmente entrar en la cabaña, en una caprichosa diagonal.

El partido, entrando en calor, estaba apenas en el  minuto 11, y ese sería el único gol, pese a la consistente arremetida del Bayern en un segundo tiempo, marcado por una extrema ansiedad, que recortó al equipo alemán, varias de las posibilidades de empatar, más allá de la estupenda actuación del arquero esloveno Jan Oblak, tan seguro por arriba y por abajo. Esa atajada que le hizo Oblak al cabezazo contra la raya de meta de Javi Martínez, hizo recordar a los que estamos envejecidos, guardando cierta distancia por supuesto, al paradón de Gordon Banks a Pelé en Guadalajara, en el Mundial de 1970, todavía calificado como el mejor de todas las Copas.

UN ALARDE DE RESISTENCIA

Sin el uruguayo Godín, su mayor garantía en el fondo, la defensa del Atlético funcionó en el área con suficiente firmeza y precisión de reloj suizo, obligando al Bayern a tirar desde afuera, pocas veces con la puntería requerida, como lo consiguió Alaba en el minuto 54, sacando astillas del travesaño con Oblak aullando como el lobo de Gubia que nos grafica Rubén, frente a las miserias de la naturaleza humana. Alarde de resistencia de la tropa de Simeone.

La voracidad del Bayern en ese segundo tiempo, fue angustiosamente controlada con ese derroche de energía y coraje que siempre caracteriza al Atlético de Simeone, tan próximo a una pandilla de gladiadores con varios Espartacos. Qué mal le pegó Vidal a una gran opción en el minuto 48, qué bien cortó Jiménez aquel ingreso de Coman puñal en mano, cómo fue inutilizado Lewandowski, interesante, pero muy frontal y sin el poder necesario el largo disparo de Douglas Costa en el minuto 71 y cómo se fajó Oblak con el taponazo de Vidal a los 74, dejando a Guardiola sin habla. No había forma contra el Atlético.

OTRO ROUND DE SIMEONE

Y un minuto después, en una contra, la penetración de Fernando “El Niño” Torres por la derecha y su remate violento al segundo palo de Neuer, estremeciéndolo con una intensidad próxima al 9 en la escala Richter. Casi de inmediato en la misma jugada, dentro del área, el disparo de Griezmann que atrapa Neuer. De haber sido gol, el remate de Torres o el intento de Griezmann, el Bayern no hubiera quedado herido, dejando manchas de sangre en su retorno a casa, sino prácticamente sentenciado. De cualquier manera, fue otro round de Simeone.

Una vez más, el equipo con el corazón más grande, supera al de más sabiduría y mejor armamento, haciendo valer la frase de Simeone: se trata de saber utilizar lo mejor posible a tus soldados para sacarles el mayor provecho y producir resultados. Guardiola demostró que la posesión del balón te proporciona mayor iniciativa y te permite fabricar más posibilidades, pero no impide quedar expuestos a estas contras tan dañinas y ser derrotado. El entrenador lo sufrió con el Barsa, frente a equipos como el Inter o el Chelsea, y lo sigue sufriendo con el poderoso Bayern.

Aunque parezca un contrasentido, veo más abierta esta serie, pese al triunfo del Atlético, que la otra, aún con el empate. El Manchester tendría que mejorar mucho frente al Madrid en el Bernabéu, en tanto el Bayern debe seguir siendo considerado una amenaza en Munich.

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