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Mientras obligaba a los lanzadores rivales a girar sus cabezas contemplando sus extensos batazos, Cheslor Cuthbert aguardaba paciente a que sonara el teléfono y a que una voz le dijera: “vas para arriba”. El muchacho que a gritos pedía “¡súbanme, estoy listo!” no tardó mucho en ser escuchado. Y ¿cómo no? si el estruendo de sus batazos enormes llegaba hasta el campamento de los Reales de Kansas City, si lo oportuno de su bateo le coqueteaba constantemente al manager Ned Yost, que ve cómo su equipo está en la lista de los conjuntos que menos carreras empujaba en todas las Grandes Ligas. No había manera de ignorar el explosivo accionar del pinolero, por eso ayer fue ascendido al equipo grande de Kansas City, con la mirada puesta en mantenerse agigantado para lograr el establecimiento deseado.

Ahora, ya colocado en la cima, la misión de Cheslor es hacer lo necesario para mantenerse ahí, aunque vientos y mareas se levanten. No es fácil, sobre todo porque Kansas tiene jugadores de cuadro con alto nivel de solvencia, pero que actualmente están atravesando un pálido momento ofensivo, cuestión que deberá aprovechar el nicaragüense para evitar ser enviado nuevamente a las Ligas Menores, donde dejó constancia de estar listo para hacer un buen trabajo en el equipo principal de la organización.

Lo necesitan

Desde que Cheslor empezó a tronar con los Cazadores de Tormenta de Omaha, se empezó a hablar de la posibilidad de verlo pronto en el “Big Show”. Cada vez sus actuaciones convencían más de su incrementada madurez como artillero. El bateo furioso y productivo de Cuthbert, el evidente bajón ofensivo y productivo de la alineación de los Reales, la salida de Terrance Gore y la lesión del antesalista titular Mike Moustakas son las razones que convergieron para provocar el retorno del costeño a las Grandes Ligas.

¿Qué tan necesario es Cheslor para las pretensiones de Kansas? Tal y como se ha mostrado en Ligas Menores, les sería de mucha utilidad. Claro que para un equipo que hasta antes del juego de ayer bateaba para .249 colectivamente, es más que necesario un bateador que está arrasando con los pícheres en la categoría más próxima, que es la Triple A, esa en la que precisamente el originario de Corn Island estaba bateando para .333.

Obviamente, para un conjunto que empuja tan solo 84 carreras (hasta antes del juego de ayer), situado entre los equipos menos remolcadores de Las Mayores, es necesario un bateador tan productivo como Cheslor, quien además de liderar ese departamento en su equipo, antes de ser ascendido, era el máximo empujador de toda la Liga de la Costa del Pacífico con 28 carreras. Además, a Kansas también le conviene un bateador de poder, así como Cuthbert, líder del Omaha con 7 vuelacercas, la máxima cifra alcanzada por un bateador de los Reales en poder de Mike Moustakas hasta el momento.

¿Lo necesitan? Claro, y con urgencia. Eso sí, Cheslor debe llegar a demostrar que las estadísticas acumuladas en Triple A no son producto de un momento de efímera inspiración, sino resultado de su enfoque, madurez, disciplina y ganas de proyectarse a niveles insospechados. La misión principal de Cheslor, una vez que debute en este 2016, que podría ser hoy en el segundo juego de la serie entre su equipo y los Indios de Cleveland, será convencer de su talento.

Tres nicas  

Cheslor Cuthbert se suma a Erasmo Ramírez, de los Rays de Tampa Bay, y Juan Carlos Ramírez, de los Rojos de Cincinnati, como los únicos nicaragüenses activos en Grandes Ligas este año. El primero ha logrado establecerse de forma magistral, el segundo, batalla sin convencer tanto y el tercero empieza la lucha por afirmarse. Prepárense para la cabalgata de emociones que se aproxima, estando a la expectativa de lo que puedan hacer estos muchachos en el mejor beisbol del mundo.

.333 fue el promedio de bateo de Cheslor Cuthbert con los Cazadores de Tormenta del Omaha en el 2016.

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