•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Por semanas, la batalla revestida del más intenso dramatismo, fue estrujante. Aquel fatídico 8 de marzo de 1999, entre la imaginaria oscuridad por la que se desliza el final de una vida por muy fructífera que haya sido, ahí estaba Joe, el gran Dimaggio, no propiamente en el cajón de bateo que fue su residencia de lujo entre 1936 y 1951, sino a la orilla del retiro hacia el más allá, retando el pitcheo siempre terrible de la muerte.

Detrás de un foul, venía otro...La muerte, desesperada, estaba por llamar a Lefty Grove y Bob Feller buscando ayuda frente al terco bateador de 84 años y casi 4 meses que insistía en no morir. Había usado todo su repertorio el infalible tirador macabro, pero Dimaggio continuaba ahí, con su bate débilmente sostenido, pero todavía amenazante, siempre elegante, en una racha de faules que le permitían alargar su existencia. Finalmente, en la madrugada fue sorprendido por un slider mortal. Intentando su última “estocada”, el Yanqui Clipper abanicó y murió.

Lo vi tres veces 

En aquel momento, resignados, esperábamos la noticia, pero no por eso dejó de impactar. Hay una imagen por siempre perdurable en mis recuerdos, y es la de un joven cronista con futuro incierto, que más adelante, avanzando hacia la vejez, perdió el cabello, pero no las ideas ni la facilidad para emocionarse, estrechando una noche la mano del “Clipper” en el terreno de ese Estadio Nacional construido en 1948, todavía en pie y siendo útil. Fue en 1970, con motivo de la inauguración de la nueva etapa del beisbol en Nicaragua. Muchas veces, en “la bendita soledad” de mi estudio, como cuando estaba escribiendo estas líneas, vuelvo a recordar esa cercanía con Joe, solo por un instante que se ha hecho eterno.--En todo momento, Joe Dimaggio fue un símbolo de la excelencia--

La imagen permanece fija, como el Moisés de Miguel Ángel que visité en la Iglesia de San Pedro en Roma. Joe esgrimiendo su bate contra Bob Feller, otro miembro del Salón de la Fama, en una noche resplandeciente. Lo volví a ver a distancia en el año 74, en San Petersburgo, durante una cena de Súper-Astros, en una de las tantas invitaciones que me hizo en vida Carlos García. Y la última vez, en 1993 en Miami, en el Estadio de los Dolphins, cuando los Marlins debutaron en las Grandes Ligas y fue invitado para lanzar la primera bola.

Qué fácil resulta impresionarse observando un video de Dimaggio. Ese swing sencillo, deslizándose a través de los ojos como el súbito cambio de luz y sombra...Ese movimiento artístico, como una pincelada de Da Vinci en el rostro de su Gioconda, y ese sonido, como parte de un Sinfonía de Shubert. Esa coordinación mano-ojo, solo comparable con una combinación de golpes rectos trazados por Muhammad Alí. El bateador perfecto, dijo de él, ese gran cronista que fue Red Smith del New York Times.

La hora del "no más"

Se retiró a los 36 años al finalizar la campaña de 1951, luego de atravesar por las Mayores durante 13 temporadas, cuando consideró que sus facultades habían entrado en la fase de desgaste. Campeón bate en 1939 y 40; líder jonronero en 1937 y 48, máximo empujador en 1941 y 48; permanente participante en Juegos de Estrellas; tres veces Más Valioso en 1939, 41 y 47; presente en 51 juegos de Series Mundiales; pieza fundamental en la conquista de 10 Campeonatos de Liga y 9 Clásicos de Octubre durante sus 13 años con los Yanquis; registró un porcentaje de 325 puntos a lo largo de su fulgurante trayectoria, con 361 jonrones y 1,537 empujadas; es dueño de la más grande racha hiteadora de todos los tiempos, con 56 juegos en 1941. En todo momento, Joe Dimaggio fue un símbolo de la excelencia.

  • 56 una de las más grandes cifras del beisbol. Esa fue la racha de juegos de Joe disparando hits.

¿Hasta dónde hubiera llegado de no perder por la guerra, y precisamente cuando se encontraba en plenitud de facultades, las temporadas de 1943, 44 y 45?. Lamentablemente, esa intriga quedó reducida a una especulación inútil.

De todas las hazañas de Dimaggio en el baseball, la que sobresale tanto para él como para el público es una racha bateadora de 56 juegos en 1941. Es un número especial, uno que no necesita explicación. Solo se dice 56, y cualquier fanático del deporte instantáneamente sabe lo que se quiere decir y lo que significa. El tenía una frase cuando le preguntan si alguien sería capaz de superar esa marca alguna vez: “Siempre digo que alguien” lo hará, pero no será fácil”. Hay otras estadísticas de DiMaggio que pueden ser calificadas como formidables. Un bateador de contacto extraordinario para ser un slugger, tuvo casi tantos jonrones (361) como ponches (369). Hoy, incluso los bateadores de sencillos se ponchan mucho. Joe conectó 361 jonrones pese al famoso “Valle de la Muerte”, en el cual, batazos de 440 pies eran fildeados o terminaban convertidos en dobles y triples.

  • 361 Es la cantidad de jonrones que conectó pese a ser afectado por “El valle de la muerte” en el Yanqui Stadium.

--Joe Dimaggio se retiró a los 36 años, al finalizar la campaña de 1951--Joe no se lesionó como Mickey Mantle, pero su coraje fue varias veces sometido a prueba, como en la recta final del 49, cuando estando hospitalizado afectado por neumonía, decidió adelantar imprudentemente su salida para regresar a tiempo al line-up y disputar los últimos dos partidos con los Medias Rojas de Ted Willliams, que le sacaban un juego de ventaja a los Yanquis. Era necesario ganar los dos juegos, y en el último, Joe tuvo aliento para conectar un triple decisivo. Una dolorosa lesión en el talón lo atormentó severamente durante 1948 quitándole efectividad...Regresó a la acción en 1949 después de perder los primeros 65 juegos, y su comportamiento fue espectacular durante una barrida en serie de tres a los Medias Rojas. Conectó 4 jonrones y empujó 9 carreras, demostrando que bien hubiera podido luchar con el gigantesco pez tan terca y heroicamente como lo hizo “el Viejo” de Hemingway.

Un cisne fildeando 

Fildeando, Joe parecía un cisne, y su brazo, tenía el poder suficiente y la puntería necesaria para frenar a los más audaces. En 1947, solo cometió un error. En el mundo del deporte la grandeza es estrictamente subjetiva. El manejo de los estimadores siempre es discutible, excepto si se trata de atletas como Joe Dimaggio, capaces de trascender de una era a otra, como si hubieran brillado en todas. Incluso la muerte, con su extenso repertorio, tuvo que batallar fieramente para doblegarlo. “Ten fe en los Yanquis, hijo. Piensa en el gran Dimaggio”. Hemingway no exageraba.

  • 1970 fue el año que vino a Nicaragua invitado por Carlos García a inaugurar nuestra liga.

A los casi 85 años, Joe DiMaggio era lo que se llama, desde los tiempos del Arca de Noé, una leyenda viviente. Ni más, ni menos. Joe salió del Memorial Hospital de Hollywood después de estar batallando durante 99 días por sobrevivir, no tan campante como después de conectar una de sus electrizantes líneas, o de lanzarse en busca de la atrapada oportuna con esa gracia de cisne danzando. Ya no tenía escape.

Aquel 8 de marzo de 1999, tuvo un amanecer fatídico para quienes tanto amamos el beisbol. Frente a la muerte, ese pitcher invencible, Joe trató de ver venir hacia el plato ese slider borroso y no pudo fijarlo para conectarlo. Abanicó y murió, dejando un tropel de recuerdos indestructibles. (Más historias en Solo Fieras)

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus