•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Ese arponazo de derecha que lanzó Saúl “Canelo” Álvarez con todo el peso de su cuerpo volcado hacia un rival por vez primera inmóvil a lo largo de seis asaltos, derriba los muros de Jericó con más estrépito que las trompetas. El brazo izquierdo de Amir Kahn pareció quedar abajo “una eternidad”, y falto del apropiado movimiento de reflejo, no tuvo tiempo de subir. El estallido en el costado izquierdo del rostro, hizo oscilar siniestramente la cabeza del retador británico, que rebotó en el piso en forma dramática. Solo el impacto de Márquez a Pacquiao ha sido más escalofriante. Frente al televisor, mientras el árbitro descartaba seguir contando, mis huesos estaban sudando y sentía las piernas de trapo. Intenté levantarme, y no pude. Yo también estaba noqueado, junto con Kahn, como si el puño de Álvarez hubiese salido de la pantalla proyectándose hacia mi cabeza en una imagen imaginaria de tercera dimensión.

Se detuvo y murió 

Como decía Jess Losada, esa es la ventaja del pegador, tener siempre el tiempo a su favor. Y el mejor ejemplo de todos los tiempos, lo fue Rocky Marciano. La noche del sábado en la nueva T-Mobile arena en Las Vegas, el boxeo crudo de Saúl Álvarez, no lo estaba llevando a ninguna parte. Pero, aún dentro de una evidente desorientación provocada por el boxeo flexible, elusivo, de rápidos escapes, súbitos frenazos para atreverse a ensayar combinaciones y desaparecer como un fantasma debajo de swings erráticos, “El Canelo” se mostraba calmo, como el cazador que puede ver ocultarse el sol y ser tragado por la noche, pero permaneciendo atento, con sus ojos agrandados y el dedo en el gatillo.--El azteca estaba siendo superado en las tarjetas--

Doce asaltos es demasiado tiempo para sobrevivir frente a un pegador capaz de mover montañas de su lugar. Sobre todo, cuando ese golpeador es físicamente superior, dispone de resistencia para no alterarse, y sabe que se le va a presentar por lo menos, una oportunidad de “matar”. Kahn estuvo lo suficientemente ágil para “torear” la furia del mexicano y escapar a su poder destructivo durante más de cinco asaltos. Esa combinación de vista, rapidez de piernas y reflejos, estaba funcionando con precisión, mientras “El Canelo” andaba, andaba y andaba, en busca de hacer sentir su punch. Eddie Futch, ese gran entrenador, decía “el algún momento tiene que detenerse”.

  • 47 victorias 33 por la vía del nocáut, una derrota y un empate, es el balance del mexicano Saúl Álvarez.

Destreza de Kahn sepultada 

Kahn, quién abrió el combate con un impacto al rostro de Álvarez, advirtiéndole ¡Cuídate que vas a ver muchos de estos!, supo establecerse en la distancia requerida para jugar con fuego sin meterse a la estufa. Y durante cinco asaltos, mantuvo al “Canelo” rechinando los dientes y echando llamas por sus ojos, buscándolo inútilmente. Las arremetidas erráticas del azteca, le permitieron a Kahn seguirse manejando con la apertura de sus golpes rectos, a veces repitiendo la izquierda, y quitándose con prontitud. La geometría que estaba aplicando, era la correcta, pero el hombre de boxeo crudo, que da la impresión de necesitar un curso acelerado de cómo abrir brechas y realizar descargas, permanecía atento, hasta que llegó la oportunidad dorada, y resolvió con precisión y potencia, estremeciendo el planeta boxeo. La mirada de Kahn mientras veía venir el arponazo con su brazo izquierdo abajo y esa zona al descubierto, era la de un tiburón asustado y empequeñecido ante lo inminente de la muerte. El estallido de cuero y piel, fue brutal. Déjenme tratar de incorporarme, que hoy es lunes.


    

    

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus