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Wilmer Hernández es el que menos reflectores tiene en el equipo de Román González. La avalancha de periodistas con su arsenal de preguntas no son para él, sino que todos se dirigen a Arnulfo Obando, el entrenador en jefe, sin embargo, el “Tigre”, como le apodan, juega un rol fundamental en las condiciones físicas del mejor boxeador del mundo, la preparación del tricampeón Román González es su responsabilidad. 

El “Tigre” nació en Zelaya Central, Nueva Guinea, tiene 33 años y es el menor de cuatro hermanos. Paradójicamente ningún miembro de su familia practica boxeo, pero su decisión de ingresar a este deporte se debió a lo mismo por lo que muchos pugilistas lo hacen, el miedo a ser golpeados por los niños mayores. Por esa misma motivación, Byron “el Gallito” Rojas se convirtió en boxeador y la vida premió su esfuerzo con un título mundial.

Su infancia

Hernández se trasladó a Managua junto a su familia, cuando apenas era un infante de 3 años. “En ese tiempo estaba la guerra, nos venimos a la capital y nos establecimos aquí. Mis padres siempre me apoyaron. Mi niñez fue dura, vengo de una familia humilde. En Nueva Guinea teníamos una finquita, una casita, mi mamá trabajaba de enfermera y mi padre mataba chanchos, de eso vivíamos. Cuando venimos a Managua fue más duro, somos 4 hermanos. Pero estoy contento, somos una familia que siempre luchó”, cuenta el preparador físico. --Wilmer es considerado el mejor mascoteador de Nicaragua--

 “No quería boxear, entré tarde a practicar esta disciplina, a los 15 años, influido por uno de mis hermanos (Sergio Hernández), que hoy se lo agradezco. En aquel tiempo todo mundo me vergueaba, los chavalos me pegaban. Estuve metido en karate y no me gustó porque mucho gritan, entonces Sergio me llevó al gimnasio Alexis Argüello, donde conocí al primer entrenador que tuve, Leonel “el Chocoyo” Acosta”, relata Wilmer, quien posteriormente perteneció  a un selecto grupo de 8 prospectos que eran entrenados por Alexis Argüello, entre ellos estaba Román González.

  • 33 años de edad tiene Wilmer Hernández.

“Después me gustó el boxeo, ingresé a la Selección Nacional, conocí a Alexis Argüello. Quise ser campeón del mundo, no pude, me quedé en el camino, ahora soy entrenador, preparador físico y me siento contento por ganarme la vida con lo que me apasiona”. Contrario al error que suelen cometer muchos pugilistas de no estudiar y dedicarse solamente a golpear el saco, hacer sombras, mascoteo y sparrings, Hernández se preocupó por crecer académicamente, no alcanzó la cima del Everest, pero si se propone a correr esa milla extra puede llegar a la meta.

“Me bachilleré en el Colegio Alfonso Cortés. Llegué a tercer año de la universidad, estudiaba Ingeniería en Sistemas en la UdeM, pero el dinero no me dio más. Cuando me retiré de boxear estuve trabajando de seguridad en el mercado Oriental, he hecho de todo y no me da pena”.

¿Por qué se retira del boxeo?

“A mí me da desprendimiento de retina en los dos ojos, me retiré a los 23 años. Me pagaron dos operaciones, me he hecho 8 cirugías en total, pero ahora estoy bien. Todavía anduve de loco queriendo pelear, no me arrepiento, pero era locura, todo me ayudó a aprender nuevas cosas”, explica Hernández, quien ingresó al equipo de trabajo de Román previo al combate del tricampeonato contra el japonés Akira Yaegashi. No hay duda de que González ha mejorado muchísimo en condiciones físicas desde la llegada de Wilmer al grupo.

Su máxima desilusión

“Lo más feo fue la operación, las cosas pasan por algo al final sí. Eso me decepcionó mucho, creo que hubiese peleado título mundial, ser campeón no sé, pero iba a dar guerra, tenía talento, me fajaba y me exigía. Todos los boxeadores sueñan con ser monarcas”, asegura.

En su carrera, Wilmer realizó 108 peleas amateur, ganó 100, perdió solamente 8. Como boxeador profesional hizo 8 combates, todos los ganó por nocaut. Participó en tres Juegos Centroamericanos, ganó dos medallas de plata y una de bronce en 140 y 147 libras. Ahora su máxima ilusión es que “conozcan a Hernández como entrenador, que valoren mi trabajo. Deseo que entiendan que en Nicaragua hay talento”.

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