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El 17 de abril, después de perder con el Valencia un juego que mereció ganar, Luis Enrique se sintió tan golpeado como Napoleón saliendo de Moscú. Trataba de mirarse en el espejo y no encontraba nada. Era un fantasma deambulando entre escombros. Sin embargo, tuvo aliento para decir: “Para ser campeones, necesitamos ganar los cinco juegos pendientes. Lo vamos a hacer. Somos capaces y tenemos el material”. No sé que tanta convicción podía tener el técnico del equipo catalán después de esa derrota por 2-1, condenado por la inspiración próxima a lo divino del arquero brasileño Diego Alves. 

Un derrumbe escalofriante

Con un solo punto obtenido de doce disputados en las últimas cuatro jornadas de Liga, uno se preguntaba: ¿cómo puede creer Luis Enrique lo que está diciendo? Es cierto que el Barsa podía hacerlo, y había enviado una señal de revitalización con la demostración ofrecida contra el Valencia, pero no se podía dar por un hecho, mucho menos en aquel momento, el sostenimiento necesario de un crecimiento obligado, para poder salir del pozo de las serpientes. El equipo azulgrana, estaba provocando en forma tenebrosa, con un derrumbamiento casi tan estrepitoso como el del imperio romano.

Inclúyanme entre los no creyentes en las esperanzas de Luis Enrique. Abrazado en puntos con el Atlético de Madrid y solo un paso adelante del pujante Real Madrid, el Barcelona necesitaba de un excedente de agallas y recuperar su clase, para una arremetida restauradora. El Messi visto frente al Valencia, tenía que estar presente con el ímpetu de Luis Suárez, la genialidad inagotable de Iniesta y esa flexibilidad incontrolable de Neymar. Fundamental sería la defensa apretando tuercas y el accionar del arquero Bravo, quien se lesionó y abrió espacio a Ter Stegen.

Obligado a jugar perfecto 

En medio del caos, el Barsa necesitaba aproximarse al equipo que pasó 39 fechas sin perder en un alarde de efectividad, para poder convertir en algo real, la única opción, como era imponerse en los cinco juegos pendientes espantando dudas, sin importarle lo que hicieran Atlético y Real Madrid. Las ventajas en diferencia de goles respecto al primero y en puntos, apenas uno respecto al otro, tenían ahora un significado mayúsculo. Era necesario que el equipo azulgrana se enderezara, saliera del hoyo y pisara firme. ¿Sería posible eso con el Titánic tambaleándose en ruta hacia la amenazante montaña de hielo? Luis Enrique aseguraba creerlo, yo no.

  • 39 la racha de partidos sin perder del Barcelona antes del inesperado derrumbe sufrido a lo largo de cuatro juegos.

Exactamente, es lo que ocurrió. Una recuperación que incluyó agigantamiento, dejando atrás las derrotas consecutivas ante el Real Madrid 1-2, Real Sociedad 0-1 y Valencia 1-2, después del doloroso empate 2-2 con el Villarreal, malogrando una ventaja de 2-0 que parecía definitiva. Fue como si el equipo se reagrupara para enfrentar las dificultades, afilara sus puñales, y masticando rabia, aniquilara a sus siguientes cinco enemigos, todos ellos envalentonados por el terriblemente aturdimiento mostrado por el Barsa. A partir de ese momento de intenso dramatismo, parpadear, equivaldría a morir. 

Persecución implacable --El tridente ofensivo catalán sumó 130 goles esta campaña--

¡Qué importaba lo que hicieran Atlético y Real Madrid, finalistas de la Champions! Había que derribar todos los obstáculos y se comenzó con una brutal goleada por 8-0 contra el Deportivo. La flexibilidad y furia del equipo azulgrana estaban de regreso con cuatro goles del uruguayo Luis Suárez, su eficaz  estilete, la presencia de Messi desequilibrando, y el esfuerzo de Neymar por ser lo necesariamente útil. Apenas la primera señal de un urgente resurgimiento, en tanto el Atlético derrotaba 1-0 al Bilbao y el Real doblegaba 3-0 al Villarreal. Ahora quedaban cuatro fechas y los huesos azulgrana estaban sudando copiosamente.

  • 40 los goles marcados por Luis Suárez para ganar el “Pichichi” en la Liga y 59 en todas las competencias para la Bota de Oro superando a Cristiano y Gonzalo Higuaín.

La victoria por 6-0 sobre el Sporting, con otros cuatro goles de Suárez, mientras Atlético y Real superaban difícilmente al Málaga 1-0 y al Rayo 3-2,  reactivó las esperanzas azulgrana de no depender de nadie. Con esa seriedad que muestra la Esfinge, Luis Enrique solo dijo “aquí estamos, en pie de guerra”. El Barsa continuó su tarea desvaneciendo dudas, imponiéndose 2-0 al Betis, en lo que fue su triunfo más gris, fabricando una justificada preocupación, en tanto el Atlético superaba 1-0 al Rayo y el Real Madrid también 1-0 al Real Sociedad. Así que todo seguía igual: empate en puntos con la tropa de Simeone y un paso delante de los hombres de Zidane. Solo quedaban dos fechas pendientes y los dedos cruzados, crujían en todas las manos.

No falló el Barcelona 

El 8 de mayo, ya con programación a la misma hora y el suspenso danzando siniestramente, el Barsa goleó 5-0 al Español en el Nou Camp con Messi iluminado y Suárez siempre encendido. Una victoria resonante frente a un rival experto en fabricar complicaciones. La inesperada derrota del Atlético frente al colista Levante por 2-1, sacó de la pelea al equipo de Simeone, mientras el Real Madrid, batallaba para superar 3-2 al Valencia, aprovechando una actuación cumbre del arquero suplente Kiko Casilla. Solo quedaba la próxima parada con la ecuación reducida a dos incógnitas ¿Barsa o Real Madrid? Obviamente lo ideal hubiera sido un enfrentamiento entre ellos, pero la disputa de un título de Liga no es un programa de complacencias. La sospecha era sencilla: el Barsa y el Real resolverían a sus adversarios Granada y Deportivo, tal como ocurrió. Imponiéndose 3-0 con triplete de Suárez, asegurando el título de goleo llegando a 40, el equipo catalán se coronó inutilizando la victoria del Real por 2-0, con dos estocadas de Cristiano, sub líder rompe redes con 35.

  • 24 los campeonatos del barcelona por 32 del real madrid, equipo que solo ha conseguido un banderín en ocho temporadas, por seis azulgrana.

Estuvo formidable el Real Madrid cerrando con 12 triunfos seguidos, pero fue insuficiente para tumbar a este Barsa que resistió en el cierre, registrando un llamativo crecimiento marcando 24 goles en cinco juegos, amordazando sin goles a cada uno de sus rivales. Revisando la Liga de punta a punta, queda la sensación, que ciertamente ganó el mejor, aunque por poco, por una nariz. Sexto título del Barsa en las últimas ocho temporadas, con Lionel Messi como la gran figura y el octavo en doce, mientras lamentablemente, un jugador tan inmenso como Cristiano, sólo ha podido saborear una coronación desde el 2009. 

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