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“Arrastra el balón por la banda, llega a profundidad, manda el centro… ¡gooooool! (…) Un momento, hay un banderín levantado y el árbitro central anula la anotación, el juez de línea marcó fuera de lugar”. Esta suele ser una de las descripciones que hacen los narradores de futbol en la mayoría de los encuentros, donde el gran protagonista, más allá de los jugadores involucrados en la acción, suele ser el silbante asistente, visto como el villano o el héroe, según a quien le convenga o afecte su decisión.

En la mayoría de los casos, los fanáticos del equipo al que le marcan el fuera de lugar (‘offside’, en inglés) suelen increpar al juez de línea, aún conscientes de que la decisión que tomó era la correcta. ¿Pero qué pasa cuando ese árbitro es árbitra? Como dice el destacado periodista Gorka Pérez en su columna “Se dice árbitra”. 

“Por el simple hecho de ser mujeres, somos frecuentemente atacadas con palabras soeces e incluso hay hombres que nos ‘piropean’ con vulgaridades”, cuenta Carmen Vanessa Muñoz Castro, quien incursionó a los 15 años de edad en el arbitraje en ligas independientes de su departamento de origen, Matagalpa. “En una ocasión un jugador me gritó: “estúpida”, en ese momento fui tolerante, lo que hice fue informarle al árbitro central y lo expulsó”, recuerda.

Carmen tiene 20 años, a los 15 debutó como árbitra en las ligas independientes de su departamento de origen, Matagalpa. Hace tres años comenzó a pitar en la Tercera División Nacional y actualmente ha participado en más de 15 encuentros de Primera División. “El camino para llegar a donde estoy ha sido difícil, las pruebas físicas para una mujer son iguales que la que aplican los varones. Ser árbitro requiere de una gran preparación física y mental”, relata Castro.

Después de cinco años ejerciendo como árbitra de línea, Carmen admite que está acostumbrada a escuchar cualquier cantidad de reclamos u ofensas. Obviamente repudia ese tipo de comportamiento de los fanáticos y algunos jugadores. “Los que hacemos este trabajo desarrollamos la capacidad de tolerar las actitudes de los sujetos que están en nuestro entorno, debemos ser carácter firme y saber discernir qué hacer en determinada acción, sin dejarnos llevar por el calor del juego”, asegura.

“He formado mi carácter” 

Mantener la cabeza fría cuando insistentemente escucha comentarios de gente desvirtuando su desempeño, es un asunto complicado. Sin embargo, el proceso de aprendizaje de un árbitro se divide entre saber decretar algún tipo de acción en el juego y digerir la crítica destructiva. “El arbitraje ha formado mi carácter. Antes no me gustaba el futbol, mi pasión era el atletismo, lo practiqué muchos años en mi infancia, pero ahora defino mi trabajo como la profesión más bella”, dice animada, descartando así el popular dicho de que “ser árbitro es el peor trabajo del mundo”. 

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Aunque es difícil obtener el reconocimiento de los aficionados o en todo caso la aprobación por el buen desempeño del silbante, Carmen prefiere quedarse con el orgullo de saber que sus intervenciones propiciaron el buen desarrollo de unos encuentros y que sus decisiones hicieron justicia al juego limpio. “Hasta hoy, jamás he sabido de que he perjudicado o beneficiado a algún equipo, siempre trato de estar enfocada; atenta a cada acción. No he influido en algún resultado”, confiesa y asegura que ha anulado varios goles por fuera de lugar. 

  • 5 años de ejercer como árbitra de futbol tiene Carmen Muñoz, originaria de Matagalpa.

Los árbitros de línea, así como el central, tienen potestad de decretar faltas, manos, tiros de esquinas, saques de bandas y cualquier tipo de jugada que surja durante un juego. Sin embargo, no en todos los casos el juez central debe reconocer una decisión de sus asistentes, lo cual no sucede mucho; eso responde a un elemento importante en cualquier cuerpo arbitral, la confianza.

“Una vez me tocó pitar una falta que el árbitro central no miró. Hubo un balón dividido y dos jugadores saltaron a pelearlo. La jugada siguió porque un defensor despejó, pero no progresó la acción porque otro futbolista del equipo que defendía sujetó fuerte a un contrario y le impidió que tomara ventaja en la jugada. El central no lo miró, porque todo fue muy rápido y se giró mientras seguía la jugada, pero cuando levanté la banderola paró el juego y respetó mi decisión. Eso es porque confía en que mi criterio es correcto, eso no significa que cuando él tiene una apreciación distinta a la mía en determinada jugada tenga que aceptarla”, explica Castro.

Factor inspiración

El oficio de ser árbitro, como en la mayoría de los trabajos, debe estar ligado a la pasión de ejercerlo, tener vocación y una fuente de inspiración que funcione como máquina que impulse a desarrollarlo. Castro confiesa que tiene los elementos necesarios para ser árbitra y no una, sino dos “inmensas razones” para desempeñarse en los campos de futbol. “Mi mamá y mi hijo --de tres años-- me motivan, son mi inspiración”, reconoce Castro, cuya labor como árbitra es su principal fuente de ingreso.     

  • 1 año cumplió Muñoz Castro de pitar en el futbol nacional de Primera División.

Uno de los beneficios que disfruta Carmen del arbitraje es que dispone de tiempo suficiente para dedicárselo a su pequeño, llamado Haxel Gael Castro; además, le abre oportunidades de conocer varios departamentos del país y espera participar en eventos internacionales. “Inicialmente espero poder participar en algún clásico nacional (Estelí vs. Diriangén), es complicado, pero no imposible. Hay otros logros que perseguimos los árbitros, como pitar en eventos internacionales, trabajo duro para hacer la categoría”, revela.

La Federación Nicaragüense de Futbol (Fenifut) registra actualmente seis esquelas de árbitras, de las cuales cinco son avaladas para pitar en Segunda División, y solamente Carmen Castro está autorizada para hacerlo en la máxima categoría del balompié pinolero. El motivo es que ella superó las pruebas físicas de rigor que exige FIFA, cuyos ejercicios son los mismos para hombres y mujeres. El director de arbitraje de Fenifut, Donald Campos, declaró que otras féminas hicieron las pruebas, pero no lograron superarlas.

  • 6 árbitras están reconocidas por Fenifut para ejercer en Segunda y Primera División.

En Nicaragua, ninguna mujer ha dirigido un partido de Primera División. Después de 153 años de existencia del balompié, según recoge FIFA en su sitio oficial, que eso sucediera sería un suceso histórico en nuestro discreto futbol. Carmen admite que ese es un sueño difícil de convertir en realidad, pero confía en poder materializarlo con coraje y agallas. “Ser árbitra es fabuloso, soy árbitra, con orgullo”.

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