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¡Qué pequeño se vio el equipo de Oklahoma anoche después de lucir tan grande en el juego anterior! La proeza de vencer consecutivamente a los Warriors en su casa, algo que el Thunder consiguió frente a los Spurs en semifinales, sigue siendo una misión imposible. El equipo tumbamarcas que maneja Steve Kerr hizo erupción en el segundo duelo, imponiéndose estrepitosamente 118-91, para equilibrar la final del Oeste y restaurar su favoritismo, mostrando su afilada dentadura y un impulso destructivo. No quedó la menor duda de la superioridad de los Warriors, que sacaron del escenario a Stephen Curry con la pizarra de su lado 104-75, sin dejar de apretar el cuello del Thunder, hasta someterlo por 27 puntos de diferencia, una enormidad.

En la mitad del recorrido, la diferencia de 8 puntos (57-49) a favor de los Warriors era menor que la de 13 en el primer duelo (60-47), pero la forma como se detuvo el Thunder después de forzar un empate 49-49, faltando un minuto, 21 segundos, con el doble de Westbrook, fue llamativa. De pronto, el equipo de Oklahoma se oscureció, mientras Golden State se volcaba con esa arremetida de ocho puntos que levantó a la multitud de sus butacas, aprovechando la incidencia del desequilibrante Draymond Green y las oportunas penetraciones de Festus Ezelli, Klay Thompson y André Iguodala, quien clavó las últimas dos canastas. 

El macabro recuerdo de la impresionante reacción del Thunder, con 38 puntos y ventaja de 10 en el tercer período, debe haber estado flotando alrededor de la cabeza del técnico de los Warriors, Steve Kerr. Se necesitaba pisar el acelerador a fondo, y para eso era necesario el aporte de un Curry realmente agitado. Exactamente, eso fue lo que ocurrió. El “as” de Golden State, unánime Más Valioso, marcó 17 puntos, y en lugar del 28-38 desfavorable en el primer juego durante esa etapa del juego, los Warriors se impusieron 31-19, estableciendo una diferencia de 20 puntos (88-68) antes de entrar a la recta final.

El golpe en la mandíbula lo asestó Golden State acelerando de 57 a 79 puntos, mientras el Thunder se estiraba lentamente de 49 a 59, quedando muy atrás. Esa distancia de 20 puntos, de ninguna manera irreversible con cinco minutos pendientes en el tercer cuarto, logró ser conservada durante ese trayecto, pese al esfuerzo de Durant, quien llegó a 27 puntos por 28 de Curry, incluyendo en su ofensiva 5 triples en 8 intentos. El reto de voltear la pizarra, parecía tan improbable como mover de su sitio una de las pirámides de Egipto.

Sediento de venganza por la inesperada derrota sufrida en el primer juego 108-102, el equipo de Golden State salió a matar en el último período, y lo hizo, implacablemente, sellando la pizarra 118-91, con Curry mirando desde la banca.

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