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Winston Churchill, primer ministro y prócer del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial, alguna vez dijo que “no sirve decir ‘estamos dando nuestro mejor esfuerzo’. Tienes que prosperar haciendo lo que es necesario”.

Bueno, LeBron James se la pasó hablando y hablando durante toda la temporada regular exhortando a sus compañeros a dar su mejor esfuerzo. Ahora, en esta postemporada, él está prosperando haciendo lo que es necesario para que sus Cleveland Cavaliers prosperen en su búsqueda del primer anillo en la historia de la franquicia.

Primero lo sufrieron los Detroit Pistons, luego los Atlanta Hawks no tuvieron otra alternativa más que arrodillarse ante el trono del Rey, y vaya si ahora los Toronto Raptors no lo están padeciendo.

Su promedio de 23,6 puntos por partido tras los primeros nueve juegos es el más bajo de su trayectoria, la cual cuenta con 11 apariciones consecutivas en la postemporada y cinco en las Finales de la NBA camino a una sexta, mientras que Kyrie Irving lidera al equipo con 24,7. Pero eso no importa.

¿Saben por qué? Simple, porque LeBron parece haber madurado de forma trascendental como jugador para finalmente entender que él no necesita arrastrar toda la carga hasta la cima de la montaña por sí solo en Cleveland. El peso de las expectativas enormes de toda una ciudad que no gana nada desde antes de que el hombre llegó a la luna es más llevadero cuando lo compartes con gente en la que confías, tal y como él solía hacerlo en Miami.

Visión de águila 

Hoy en día, LeBron te va a robar el balón una de las 2,3 veces que lo hace por encuentro en la actual edición de los playoffs. Luego él avanza el balón a una velocidad frenética mientras todo se mueve a cámara lenta…Kyrie Irving lo escolta, Kevin Love está en el poste bajo y J.R. Smith expectante en la esquina.

Así reparte sus 6,9 asistencias por partido. Por cierto, él lidera a los Cavs en robos y asistencias.

¿Y si logras tenerlo de espaldas cerca de la línea de triples sin ruta de escape? Ah, perdón, me olvidaba de decirte que él aparentemente también tiene ojos en la espalda. 

LeBron no solo encestó 11 de sus 13 intentos, todos en la zona pintada, y no se erró ni uno de sus siete tiros durante el primer tiempo en su debut contra los Raptors, sino que su porcentaje de efectividad del 52,4 por ciento en tiros de campo es el segundo más elevado de su carrera en los playoffs. 

El más alto fue de 56,4, con el Miami Heat en la temporada 2013/14, su última en el Sur de la Florida. Digan lo que quieran sobre LeBron, solo no nieguen que nunca es tarde para madurar o hacer lo necesario para prosperar.

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