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Se dice que el tiempo es elástico y el espacio giratorio, que lo único ilimitado es nuestra imaginación, por eso es que peleamos  con el Minotauro, nos sentimos a bordo del Titanic o desembarcando en Normandía. También estamos claros que lo único  indestructible, son los  recuerdos, aquellos que permanecen iluminando nuestra memoria contra viento y marea, rechazando el desgaste. Y me preguntaba: ¿Entre las peleas calificadas de envergadura que hemos visto por aquí, cuáles pueden ser consideradas las inolvidables?

Es un tema para discutir por supuesto, y quedará abierto, más allá de nuestro punto de vista.

Ratón-Chionoi 1968

Yo no era todavía un cronista deportivo, pero ya me había desarrollado como un incurable  aficionado a casi todos los deportes que aquí se practicaban. Cada vez que peleaba “El Ratón”, mi presencia estaba asegurada, y no iba a perderme su promocionada  batalla con el tailandés Chartchai Chionoi en el Estadio Nacional. Por vez primera en la historia del deporte pinolero, un Campeón Mundial en Nicaragua, ¿Se imaginan eso? No fue una pelea electrizante. Intento de boxeo fino por los dos lados, preferencia por la media distancia, duelo de estocadas zurdas, giros imprevistos, cambios de golpes, ritmo, frialdad, seguridad. Ahí estaba Mojica con el mejor púgil del planeta en el casillero de las 112 libras, mostrando toda su sabiduría, y también sus agallas, y su consistencia, poniendo encima  de Chionoi toda la presión posible. ¿Quién no estaba excitado en el gran estadio esa noche? Ganó el “Raton” por puntos, con toda legitimidad, haciendo sudar nuestros huesos.

Yambito-Olivares 1971

La fiera del momento era Rubén Olivares el campeón Mundial de peso Gallo, en tanto Vicente “Yambito” Blanco había construido una reputación como temerario, capaz de retar a la Medusa. No se le veía posibilidad de escapar a la destrucción, como escribí después de la Conferencia de Prensa de Olivares en el Gran Hotel. Sin embargo, podía presentar una pelea brava, lo que constituía un gran atractivo para el público. Rubén tomó el centro del ring y estableció  distancia con su izquierda, controlando las arremetidas de Yambito. Consciente de estar tratando de escalar el Everest descalzo, el nica, con su corazón hinchado, decidió tomar todos los riesgos y se metió a las brasas. Eso le  inyectó fuego a las acciones y aunque Olivares lo liquidó en el quinto asalto  ratificando las consideraciones previas, todos salimos del Estadio emocionados.

Alexis-Haffey 1974

El Curro Dosman estaba aplicando modificaciones en el estilo de Alexis Argüello. La derrota ante Marcel había quedado atrás, y  una nueva oportunidad de coronarse  había surgido rápidamente. Alexis enfrentaría al ganador de la pelea Olivares-Utagawa, pero antes, necesitaba resolver al feroz canadiense Art Haffey, un púgil de exuberante fortaleza para pegar y recibir. La pelea fue en Masaya y ahí estaba el promotor George Parnassus junto con el abogado del Forum, Norman Kaplan, ansioso por ver en acción a Argüello, pero confiando en Haffey. Debo admitir que sentimos cierto  temor pese a la clara ventaja de Argüello en estatura y alcance, pero eso se esfumó rápidamente cuando el flaco fue encima con sus escopetas aceitadas y bien cargadas. ¡Que furia señores! Una agresividad casi bestial, implacable, terriblemente dañina, destrozó a Haffey provocando asombro. Cuando el canadiense cayó tres veces  en el quinto asalto, Parnassus y Kaplan no lo podían creer. Nunca  habíamos vista tan grande a Argüello, como esa noche. Fue algo espectacular.

Coronado-Torres 1977

Temprano ese año, Francisco Coronado había fracasado ante Rafael Ortega buscando el cetro Pluma de la AMB, pero meses después, Eddy Gazo destronó a Miguel Ángel Castellini del título Medio Junior. El boxeo estaba hirviendo en  casa cuando se concertó la pelea entre el mexicano José Torres y Coronado, teniendo como  escenario el Polideportivo. Previamente, Torres había logrado derribar a Alexis Argüello en Mexicali enviando serias señales de advertencia, pero Coronado, con Dosman en su esquina, hizo la pelea de su vida ante la más grande entrada  que ha registrado el Poli. Todo lo que le hizo falta contra Rafael Ortega, lo sacó a relucir “El Toro” esa noche y obtuvo una difícil decisión. El fallo, discutible, fue disfrutado por la multitud que siempre le entregó a Coronado una inmensa simpatía, pese a su complicado comportamiento. Han pasado casi 39 años y las imágenes siguen moviéndose frente a nuestros ojos. Los dos púgiles firmaron esa noche un poema a la violencia. Quién  nos iba a decir mientras salíamos, que habíamos presenciado la última pelea del toro. Días después, un machete cortó sus pretensiones de volver a disputar un cinturón mundial.

Alexis-Riasco 1975

“Yo nunca quise esta pelea”, dijo Luis Espada, quien era el manejador del panameño Rigoberto Riasco en 1975. Obviamente, no tenía el menor interés en retar la capacidad de destrucción de Alexis Argüello, pero gente de las esferas de mando en la AMB, decidieron que Rigoberto tenía que pelear por el cinturón pluma. Esa fue la orden y así se hizo. ¿Qué ocurrió la noche del 31 de mayo de 1975, ante unos cuatro mil aficionados en el Estadio de Béisbol de la ciudad de Granada? En los hechos, eso no fue pelea. Fue un auténtico asalto a “mano armada”. Un choque de dos fuerzas desproporcionadas, que estuvo a punto de convertirse en algo trágico, de no haber sido por la oportuna y piadosa intervención del referee Carpentier. Me sorprendió que muchos la consideraran precipitada. Carpentier hizo bien en decirle ¡basta ya! Al ímpetu brutal del explosivo flaco pinolero. En menos de dos asaltos Argüello convertido en un ciclón, había logrado borrar del cuadrilátero al retador canalero, exhibiendo una notable variedad de recursos ofensivos unidos a su potencia habitual. 

Rosendo-Kermin 1996.

El impacto provocado por Rosendo arrebatándole la corona y el invicto a Porpain, mantenía nuestros corazones latiendo, cuando surgió la idea de  organizar en el terruño la primera defensa frente a un rival zurdo, el colombiano Kermin Guardia, quien había metido en dificultades a “Finito” López. Se  movieron mil teclas y se  adquirió el compromiso. Ver a Rosendo caer a la lona cuando aún trataba de entrar en calor, nos hizo sentir agujas gigantes clavándose en las espaldas, pero en el tercer asalto, Rosendo aniquiló a Kermin con una ofensiva devastadora. No se registró una gran entrada, pero el rugido parecía de miles cuando todo terminó. Fue apenas la tercera pelea de título mundial en Nicaragua después de Alexis-Riasco en 1975 y Gazo-Castellini en el 77.

Rivas Morquecho 2000.

Primera defensa Supermosca de Adonis Rivas en el Estadio Nacional después de destronar a Diego Morales. Ahí estaba el leonés, tratando de darle brillo a su corona, y nosotros interesados en valorar su esfuerzo y tener una idea sobre sus proyecciones, para considerar la durabilidad que podía tener. La cabeza afilada del mexicano Pedro Morquecho, obligó a Adonis a  sufrir un daño que nos escalofrió. Ese corte ancho y profundo en el costado derecho de su cabeza, la herida debajo de su ceja izquierda, fue en todo instante, una invitación para que la derecha de Morquecho realizara aterrizajes, y el corte en su nariz, dolorosa zona, expuesto a los golpes rectos. Pero Adonis, confundido frente al rival de guardia zurda y movimientos desconcertantes no cedió la iniciativa, se fajó y nos ofreció un vibrante cierre de pelea durante el cual, los bombeos de su corazón y esa determinación multiplicada por sus agallas, le permitieron el crecimiento requerido y sobrevivir atravesando una discutida decisión.

 

 

 

 

 

 

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