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¿Qué es eso? Los Cavaliers imponiéndose con una diferencia de 38 puntos 116-78. Algo así como la pandilla de los hermanos Frank y Jesse James asaltando un banco sin vigilantes. Eso parecieron los de Cleveland “matando” de entrada marcando 37 puntos en los primeros 12 minutos, dejando a los Raptors contando sus dientes y revisando heridas, con su entusiasmo en harapos. La brusca aparición de Kevin Love reconstruido y el aporte de LeBron James y Kyre Irving, le permitió a los Cavaliers colocar rápidamente de rodillas a los Raptors, robándoles la inspiración que los sacó del hoyo después de 0-2, para imponerse en los juegos tres y cuatro, metiendo entre serias dudas el futuro de la serie.

El agregado de 28 puntos en el segundo período y 35 en el siguiente, desplomó a los Raptors, 40 puntos atrás. Esa diferencia 100-60, tenía el peso de una lápida, le quitaba todo interés al cierre de juego y abría una interrogante en las puertas del sexto duelo: ¿Serán capaces los de Toronto de rearmarse, pelear y ganar regresando a casa el viernes, o quedaron totalmente destruidos? Finalmente, los Cavaliers cerrando el juego caminando casi, liberados de presión, triunfando 116-78 con LeBron marcando 23, Irving 23 y Love 25, en una suma de esfuerzos destructiva.

La ventaja de 31 puntos (65-34) en la mitad del trayecto a favor de los Cavaliers, fue naturalmente rompe corazones para los Raptors, terriblemente disminuidos en su capacidad de agresión. Un gran contraste entre la producción de DeRozan-Lowry-Biyombo en los primeros dos períodos (7-6-7), y la de Love-James-Irving (19-12-12). De esa forma, el rumbo del juego estaba establecido muy temprano sacando al suspenso de la arena en Cleveland, y aproximando a LeBron a su sexta final consecutiva, cuatro con el Heat de Miami y dos con Cleveland de poder saltar sobre estos peligrosos Raptors.

La importancia de conseguir tal distancia a esa altura, era mayúscula. En el cuarto juego, pese a que anotaron consecutivamente en 14 posesiones de balón, lo cual es un alarde, los Cavaliers fueron superados en los últimos tres minutos 11-3 para caer 105-99. Así que, disponer de un factor de seguridad era lo más saludable y esos 31 puntos equivalían al tesoro del Conde de Montecristo, sin ser un boleto para el exceso de confianza. La posibilidad de esa victoria tenía que ser sujetada por los Cavaliers con los dientes bien clavados, y es lo que hicieron apretando tuercas drásticamente con la arremetida de 35 puntos en el tercer período. Mirando la pizarra 100-60, no había nada que discutir, hasta que se cerraron las cifras 116-78 con los Raptors tragados por la tierra, pese a ganar sin darse cuenta 18-16 el último período.

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