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El partido te llenó el alma. Por su bravura, intensidad, situaciones de máxima excitación, sorprendentes cambios de planes distanciándose de las características de cada equipo, incluso con esa inseguridad altera nervios que le inyectó mayor cuota de suspenso. La tensión podía cortarse con un cuchillo y la angustia apretaba todos los cuellos. Reventado físicamente, resistió el Real Madrid los 30 minutos extras con la pizarra 1-1 (goles de Ramos y Carrasco) y logró imponerse en los penales 5-3, recobrando el paraíso.

El disparo desde los doce pasos ejecutado por Cristiano con nitidez, desarmando por completo a Oblak, le aseguró al Real Madrid su Champions número 11, y sexta después de la gloriosa época de Alfredo DiEstefano entre 1955 y 1960. Para Cristiano, casi desaparecido en los primeros 60 minutos, y después cojeante, solo estimulado frente a la posibilidades, fue su tercera, incluyendo una con el United.LOS MERENGUES CONSIGUIERON EL GRAN OBJETIVO DE LA TEMPORADA.

Fue un partido extraño: ni el Atlético se refugió en el fondo utilizando el amontonamiento de defensas como un recurso, confiando en los contragolpes, ni el Real Madrid, de inicio audaz y brillante, obligando a Oblak a rechazar con el pie sobre la raya, exhibiendo reflejos felinos, un remate de Casemiro en el minuto 5, antes de adelantarse con el gol de Ramos en posible fuera de juego a los 14, fue el equipo de agresividad sostenida y punch intimidante que había graficado en mi nota previa.

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¿POR QUÉ EL REAL SOLTÓ RIENDAS?

Más sorprendente todavía, cómo el Real Madrid con ventaja 1-0, decidió soltar las riendas y facilitarle el balón y mayores espacios de proyección al Atlético, no acostumbrado a tanta posesión y poco creativo para desarticular.

Eso oscureció y empequeñeció al equipo de Zidane, pese al accionar decidido de Gareth Bale, la firme contención y maestría en los trazos largos de Toni Kroos, la constante movilización de Casemiro y las llegadas de Carvajal, más claras y menos precipitadas que las de Marcelo.

El gol de Carrasco en el minuto 79, forzando el 1-1 después del penal fallado por Griezmann en el 48, pareció ser justo por el crecimiento del Atlético, pero el inconveniente del equipo rayado para hilvanar sus ofensivas, aún sin Carvajal, con Cristiano cojeante, Kroos golpeado y Bale adolorido, era evidente. No conseguía la profundidad deseada.

En cierto momento, se tuvo la impresión que el Real Madrid se olvidó de la presencia de Cristiano, o no se percató que este permanecía oculto, como un agente secreto con el dedo en el gatillo. Modric no lograba acomodarse, Benzema salió del área para buscar una mejor conexión y Cristiano fue cambiado a la banda derecha. Obviamente Zidane no encontraba la forma de clarificar el juego, mientras el Atlético se asentaba.

BUEN ARRANQUE Y PÉRDIDA DE RITMO

El primer gol, uno de tantos trazos humeantes de Kroos desde la izquierda, fue cabeceado hacia atrás con un torsión magistral de Bale dejando a Torres con su sombra, hablando solo. La pelota fue hacia el área pequeña y el titubeo de Oblak para salir, lo aprovechó Ramos un paso adelante, para el remate a quemarropa. El 1-0 y la forma como el Real estaba abriendo juego y consiguiendo incursiones, hizo pensar que el duelo podría desequilibrarse, pero inesperadamente, el Real se fue quedando sin impulso, sin punch y sin pelota, perdiendo el ritmo.

Fue entonces que el Atlético adelantó sus líneas y sus delanteros consiguieron más presencia. El penal de Pepe derribando a Torres en el área en el minuto 46, le abre al Atlético la oportunidad dorada de nivelar las cifras abriendo el segundo tiempo, pero Griezmann lo falla con un zurdazo que se estrella en el travesaño por el propio centro, con Keylor inclinado a su izquierda, inutilizado.

Las aproximaciones de gol multiplicaron las emociones en las tribunas. Oblak cortó un centro envenenado con una gran estirada, le sacó en formidable achique un remate a Benzema y cortó en zona roja un toque de Cristiano con “olor” a gol. Keylor tuvo menos problemas. La pelota milagrosa que le sacó a Griezmann fue con el atacante francés en fuera de juego, pero estuvo viendo más movimiento frente a su cabaña con las constantes llegadas del equipo colchonero, saliendo a cortar y tragando unas tres pelotas con su precisa colocación.

TENER LA PELOTA SIN PROFUNDIDAD

¿Qué es lo que estábamos viendo? Mejor el Atlético en posesión, recuperación, abrir juego y realizar proyecciones que el Real Madrid. Una historia de El mundo al revés. El equipo de Simeone con mas espacio que recorrer pese a los esfuerzos de Kroos y Casemiro y la agilidad de Marcelo, aunque sin conseguir claridad. Un gran mérito del Atlético que se fue diluyendo con el paso del tiempo por no saber ir a fondo con la pelota.

El gol de Carrasco en el minuto 79, destrozó sistemas nerviosos y aceleró corazones. La pizarra no se movió, y cuando en la tanda de penales con las cifras 4-3 del lado del Real, Juanfran falla haciendo rebotar su disparo en el poste derecho de Keylor, el “olor” a difunto inundó el Estadio de San Siro. Ahí estaba Cristiano, sin cojear, rechinando los dientes, yendo hacia la pelota y colocando su disparo a la izquierda de Oblak para asegurarle al Real Madrid su Champions número 11, agrandando su historia.

¿Fue justo? Simeone dice que nunca se discute a un ganador. Justo o no, lo que vimos fue algo grandioso. El Real Madrid levantando el trofeo en el paraíso recobrado.

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