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La fiebre de la Liga de Campeones de Europa contagió a los fanáticos nicaragüenses del Real Madrid y el Atlético, finalistas del certamen que favoreció a los Merengues y les ofreció la “Undécima Orejona”. Los fanáticos de ambos clubes se citaron en diferentes bares de Managua, para disfrutar del evento deportivo más importante a nivel de clubes del Viejo Continente.

Las camisetas blancas y rojiblancas formaban mosaicos en los complejos que transmitieron la Gran Final de Milán. Hombres y mujeres, grandes y pequeños, contenían la respiración en cada acción manifiesta de gol y suspiraban lentamente cuando su equipo de preferencia salía de apuros.

Sin embargo, como es inevitable en partidos de final, el gol tenía que aparecer. Sergio Ramos adelantó a los blancos en la primera parte, propiciando que los aficionados saltaran de sus butacas, gritando a unísono, regocijados y al borde del éxtasis. Así lo vivió Karlyn Escoto, una joven esteliana, oriunda de La Trinidad, quien viajó a la capital para compartir con sus amigos que pertenecen a la Peña del Real Madrid.  

“Al principio fue una emoción tremenda con el gol de Ramos, pero luego sufrimos. Al final el resultado fue el esperado, el Madrid es el mejor equipo del mundo. Hala Madrid…. Esperábamos el segundo gol en el tiempo agregado, pero no pudieron y por fortuna se decidió en los penaltis”, manifestó Escoto, quien se soltó en lágrimas, una vez finalizado el encuentro y se arrodilló para elevar plegarias de agradecimiento a Dios.

Eduardo Coral, originario de Jinotepe, Carazo, llegó a Managua acompañado de varios amigos, dispuestos a “festejar la ‘Undécima’”, según reconoció. Corral se declaró fanático número uno de los merengues y aunque celebró a lo grande el triunfo de su equipo, sufrió al máximo gran parte del encuentro.

Sufrimiento y drama

El gol de Carrasco en la segunda mitad del partido, dejó en estado de ‘shock’ a los aficionados del equipo blanco. Los roles se intercambiaron y eran los fanáticos colchoneros quienes festejaban, esa anotación permitió que soltaran el grito de gol que minutos antes habían ahogado, tras el fallo de Antoine Griezmann desde el punto penal.       

El gol de Cristiano Ronaldo, quinto en ejecutar penalti por el Real Madrid, hizo estallar de emoción a los madridistas, el ritmo cardíaco de los aficionados se aceleró a mil pulsaciones por segundos, nadie se quedó sentado, el júbilo se apoderó de todos los que defendían la causa del Real, la gesta estaba consumada y el equipo más ganador de la Champions extendía su legado.

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