Harold Briceño Tórrez
  •   Managua, Nicaragua  |
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Tras ver a Carlos “Chocorroncito” Buitrago imponerse por la vía del nocaut en tan solo el primer asalto ante Róger Collado el pasado sábado, abrumando a su rival, combinando bien sus manos y exhibiendo poder en sus puños, uno queda con la impresión que, en Nicaragua, hay dos “Chocorroncitos” que se dedican al boxeo.

El primero de ellos es el que va encima de sus contrincantes, que toma desde el principio la iniciativa y que demuestra esa hambre característica de quienes sueñan con llegar a convertirse en campeones mundiales. El muchacho salió el sábado decidido a comenzar una nueva etapa en su carrera pugilística. Logró conectar con fuerza a su rival, vio que podía noquear y lo hizo.

El segundo, el otro “Chocorroncito”, es el que ha fracasado en tres oportunidades por conseguir un título del mundo. El que no domina la pelea, el que se deja robar la iniciativa, el que se guarda las manos, el que cuida más la apariencia de su rostro y no arriesga, el que olvida que hay un título en juego, el que apuesta a quien sabe qué factor para conseguir el triunfo y que al final fracasa. 

No hay duda, son dos “Chocorroncitos”. Al primero quisiéramos verlo siempre, no solo en el terruño, sino también en las peleas grandes. Al segundo no interesa ni verlo pelear. 

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