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La taekwondista Estela Guadalupe Tiffer entrenó fuertemente durante once años con el objetivo de representar a Nicaragua en torneos internacionales y ser considerada entre las mejores atletas de su disciplina. A sus 21 años, se consagró como la primera pinolera en ganar una medalla de oro en los Panamericanos de Puerto Rico 2008, cumpliendo así uno de sus más grandes anhelos.

Dos años después de su triunfo histórico sobre un tatami, la vida de Tiffer dio un giro significativo, al convertirse en mamá de un pequeño llamado Dilan. Desde entonces, Estela comenzó a dividir su tiempo entre el cuido del bebé y sus estudios de sicología en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), lo cual admite que era difícil, pero necesario.

“Pensaba en darle lo mejor al niño, tenía que terminar la carrera y tuve que hacer grandes esfuerzos para cumplir con ambas responsabilidades. Ciertamente fue satisfactorio haberme titulado como sicóloga y saber que todo el tiempo estuve pendiente de mi bebé”, manifestó Tiffer, quien dos años después de haber dado a luz a Dilan, trajo al mundo a su hija Luna Isabella.

Ayer, Estela celebró el quinto y tercer año de vida de Dilan y Luna, respectivamente, coincidencia o no, ambos pequeños nacieron en mayo y Tiffer considera que han sido “el regalo más grande” que pudo recibir. Hoy, que se celebra el Día de las Madres nicaragüenses, la ponderada taekwondista, agradece a Dios por haberle cumplido sus sueños en un corto tiempo. 

Trabajadora incansable 

“Haber ganado la medalla de oro fue gratificante, fue un momento único deportivamente hablando. Luego vinieron mis bebés y me satisface cuidarlos, atender sus necesidades y darles el amor que les tengo. Ser mamá es algo incomparable, mis hijos son el premio más grande que la vida me ha dado”, dijo Estela, propietaria de un taller de manualidades llamado “Monas Tiffer”, que ofrece todo tipo de decoraciones para eventos variados.

“Desde que me convertí en mamá decidí tener un negocio que me generara los recursos económicos suficientes para suplir las necesidades de ellos, y gracias a Dios lo he logrado. Verlos felices (a sus bebés) me llena de satisfacción. Ellos siempre quieren estar conmigo, todo el tiempo me buscan, al grado que quieren dormir cerca de mí y no de su papá”, confesó sonriente.        -Estela Tiffer junto a sus hijos Dilan y Luna-

Tiffer describe a sus pequeños Dilan y Luna como el motor que la empuja a seguir luchando cada día para ser una mejor mamá. Aunque tiene un año de no entrenar, admite que mantiene viva la pasión por el taekwondo, eso sí, entre el poco apoyo por parte de la federación y lo difícil que le resulta asistir a las prácticas y cuidar a los bebés, prefiere mantenerse aislada del deporte.

“No hay nada más lindo que dedicarse en lleno a los hijos. Ellos lo merecen todo, esto no es una obligación, es un acto de amor, porque son una bendición de Dios. Lastimosamente el taekwondo en Nicaragua está pasando muchos problemas y eso provoca que muchos atletas abandonemos el barco”, dijo Tiffer, quien a sus 29 años, disfruta de salud, sostenibilidad económica y del cariño y amor de Dilan y Luna, sus dos más grandes logros, merecedores del oro más fino.

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