•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

En el despegue de los años 50, él era el símbolo de excelencia como atleta, un jardinero central grandioso que jugaba para los Yanquis de Nueva York, el mejor equipo del beisbol. Ella era el simbolo sensual de aquel Hollywood, una explosiva rubia, la mujer que quitaba el sueño a cualquiera. Cuando se casaron, todos nos detuvimos para mirarlos. El mundo del espectáculo y del deporte se abrazaron provocando un gran impacto publicitario. Ahí estaban Joe Dimaggio y Marilyn Monroe.

¿Cómo fue posible que un hombre taciturno, casi siempre apartado del periodismo, difícilmente comunicable, ansioso por regresar temprano a casa, enigmático de la cabeza a los pies, le hubiera propuesto matrimonio a una muchacha tan liberada, tan locuaz, tan deseosa de exhibirse, tan admirada y deseada por legiones, tan interesada en estar lo mas cerca posible de las candilejas, tan atraída por las cámaras y las grabadoras, y al mismo tiempo, tan distante del firmamento de los deportes?

A Marilyn, le gustaba estar rodeada de amigos y ser asediada por admiradores, Dimaggio en cambio, prefería la distancia, el rincón. Cuenta Truman Capote, quien se jacta de haberle realizado la mejor entrevista, que cuando su amigo David March le dijo a Marilyn que le presentaría a Joe Dimaggio, la bella Marilyn preguntó: ¿Quién es y qué hace?

Una atracción fatal 

Dimaggio anuncio su retiro del beisbol en 1951 pero pocos le creyeron. De manera que en 1952, “El Clipper” siguió siendo material de ocho columnas mientras se especulaba sobre su retorno. Era viable, porque tenía 37 años. Marilyn, quien ya había posado desnuda para Play Boy, y tenía una gran preferencia por el alcohol, nunca hojeaba las secciones de deportes, y no recordaba en los alrededores de Holywood ni en el concierto político, a un Dimaggio. Sin embargo, cuando lo conoció se sintió impresionada por su elegancia y gentileza. Más adelante se percató, aunque no lo aprovechó, que era alguién capaz de apreciarla y quererla con intensidad y sinceridad.

Por el lado de Joe, aquello fue amor a primera vista, por el lado de Marilyn, simplemente otro amor al vuelo y una oportunidad de hacer crecer su notoriedad. Hija de una enferma mental y con una infancia terrible, Marilyn había logrado proyectarse apoyándose en ese atractivo físico deslumbrante. Joe, divorciado de su primera esposa, Dorthy Arnold, seguía buscando un hogar, y escogió la curva equivocada con Marilyn.

Rumbo al suicidio

Celoso por naturaleza, el pelotero de sangre italiana, tuvo que realizar múltiples esfuerzos para sobrevivir al mar de complicaciones en que se vió sumergido. Para Joe, Marilyn se convirtió en una obsesión, y después de atravesar un noviazgo díficil en 1953, se casaron el 14 de enero de 1954. Algunas de las amistades dañinas de Marilyn, incluyendo a Sheila Stewart, quien la acompañó durante su viaje por el mundo de las drogas, no ocultaron su malestar.

Salieron hacia Tokio para pasar la luna de miel, y cuando aterrizó el avión, cien mil personas estaban esperándolos. Seguramente Dimaggio pensó: ¿Dormiremos con tanto público aplaudiendo? Oh, no. Durante una presentación en Seúl para estimular a las tropas, Marilyn fue ovacionada por una gigantesca multitud, y al regresar a Tokio y encontrarse con Joe, le dijo: ¿Alguna vez has escuchado una ovación como esa? El Clipper le dijo: Varias veces.

El 5 de octubre de 1954, sólo 274 días después de haberse casado, Marilyn presentó una demanda de divorcio. Los problemas crecieron y el rompimiento fue inevitable. Mas adelante volvieron a ser amigos, pero Marilyn continuó ampliando su line-up incluyendo un Presidente, un Genio de la Literatura, un Jefe de la Mafia, y otros, hasta desembocar en el sucidio. Una vez le preguntaron a Marilyn cuáles eran los 10 hombres preferidos de su vida, y encabezó la lista con Marlon Brando, cerrando con Dimaggio. “Siempre guardo lo mejor para el final”, explicó, pero ya era muy tarde. Joe nunca volvió a casarse. Ese era otro tipo de racha que no lo atraía.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus