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“El terreno de juego y de entrenamiento era de tierra y arena. El más pequeño, en el centro, es Robert Lewandowski”, señala con orgullo en una fotografía Krzysztof Sikorski, su primer entrenador en el Varsovia, un club para niños y adolescentes de la capital polaca.

“Fue un cúmulo de circunstancias. Acabábamos de abrir un grupo para chicos de 1988. El padre de Robert era aficionado del club Polonia, nuestros adversarios del otro lado de la calle, pero en aquel momento ellos no aceptaban muchachos de esa edad, así que acudió a nosotros para el primer entrenamiento de su hijo”, cuenta Sikorski, que hoy dirige el club. En sus manos tiene un álbum repleto de viejas fotos dedicadas al equipo en el que debutó en 1997 la actual estrella del Bayern de Múnich.

“Robert era pequeño, delgado, el más bajo del grupo, pero era el que tenía más ganas y el mayor talento, era el más listo de todos. Se veía desde el principio”, sonríe el viejo entrenador, que acompañó los pasos de Lewandowski hasta los 17 años.

El Varsovia era entonces un pequeño club escolar, creado a finales de los años 1950, con unas infraestructuras más que rudimentarias. La tierra de sus terrenos de juego era un símbolo de todo ello. “En primavera o en otoño era trágico, había que andar nivelando una y otra vez. Cuando hacía calor, echábamos agua para reducir el polvo, pero en cuanto se secaba al sol, volvía la nube. Después de cada partido, los niños acababan negros”, recuerda Sikorski.

Generación sorpresa 

El club no tiene gimnasio para los entrenamientos de invierno, en un país en el que hace mucho frío. Los niños jugaban en la nieve o el club tenía que alquilar salas a otros equipos de la ciudad. Hoy, la tierra batida ha dejado lugar a un césped sintético, pero el proyecto de cubrir el campo para el invierno sigue esperando, en busca del dinero necesario.

“Al principio pensábamos que sería solo una clase de entrenamiento. Pero rápidamente vimos que era un buen equipo, así que les inscribimos en la competición. Fue un éxito, siempre consiguieron medallas”, celebra Sikorski.

En 2002, los chicos del Varsovia viajaron a un torneo a Alemania. Robert vio entonces por primera vez el estadio del Bayern de Múnich. “Los chicos ni podían soñar con ver terrenos de juego tan bonitos, esos vestuarios, esos equipamientos... Un estadio de ensueño”, relató el hombre que para muchos de esos niños era como un segundo padre.

El error del Legia 

Desde muy pequeño, Robert tuvo claro que quería jugar en la selección nacional y que iba a ser el mejor. Ya era una máquina de hacer goles en su infancia y a los 17 años pasó a formar parte del filial del mayor club de la capital polaca, el Legia de Varsovia, aunque fue luego descartado por falta de resultados.

“Le despidieron diciendo que era demasiado débil, demasiado delicado. Robert pudo haber caído en una depresión, pero ellos todavía tienen que estar lamentándolo”, señala Sikorski. Su carrera despegó cuando llegó al Lech Poznan, en 2008, como trampolín hacia Alemania, primero al Borussia Dortmund y luego al Bayern de Múnich, con el que ha sido el máximo goleador de la Bundesliga recién terminada.

Tomasz Dabrowski tiene 12 años. Desde hace seis años, este fan de Lewandowski forma parte de los 700 niños y jóvenes del Varsovia. “Para ser como Lewandowski hay que trabajar duro durante los entrenamientos, hay que concentrarse antes de cada partido y luego jugar lo mejor posible”, dice con seguridad.

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