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A diferencia de gigantes del deporte como Pelé, Jordan, Bolt y Phelps, por mencionar algunos, Muhammad Ali fue más allá de su trascendencia entre las cuerdas. Como celebridad capaz de incidir, llamar la atención y obligar a reflexionar, sintió la necesidad de comprometerse con diferentes causas sociales, políticas, religiosas y culturales, exigiéndose a sí mismo, ser tan eficiente como cuando esquivaba golpes con una facilidad de anticipo que parecía sacada de la computadora en la que programaba sus reflejos, o danzaba dando la impresión de movilizarse sobre mágicos patines, o realizaba esas descargas fulgurantes y fulminantes que lo mostraban entre las cuerdas como un fenómeno alardeando de su precisión.

Pudo ser pintor, escultor o arquitecto, o juntar todo eso como lo hizo Miguel Ángel y agregar la poesía de su boxeo y de sus ráfagas verbales, con punzante rima, pero se abrazó al pugilismo para proyectarse ruidosamente hacia la grandeza, y logró ramificar sus misiones garantizando su permanencia en el recuerdo, como un ejemplo que deberían seguir todos los atletas que se elevan hasta la espectacularidad, pero que no se interesan en hacerse sentir en la sociedad con sus actitudes, su rebeldía, su atrevimiento, su terquedad, y sobre todo, por los cuestionamientos que pueden hacer.

Estremeció al mundo 

No es fácil ser Messi, Cristiano, Mayweather o Tom Brady, pero más difícil es tratar de ir “más allá”, con la convicción que es necesario hacerlo. Precisamente por eso, es que el presidente Obama dijo que Ali estremeció al mundo, no solo como figura cumbre del show sino por su forma de comprometerse tomando todos los riesgos, apartándose de la butaca de la comodidad profesional y financiera. “No tengo nada que ver con el problema de la FIFA. Pregúntenme por mi juego, por mis goles, es lo que me interesa”, respondió Cristiano al argentino ganador del Pulitzer Andrés Oppenheimer, en medio del gran escándalo, y lo dejó solo en la pantalla de CNN.

  • 1964 fue el año en el que Muhammad Ali se convirtió en campeón mundial.

¿Cuándo hemos escuchado a Messi, o Brady, o Bolt, pronunciarse sobre problemas que afectan a la sociedad en diferentes aspectos? Cada uno de ellos tiene su mundo particular y evitan comprometerse, como si lo que los rodea no les importara pese a poder verlo. Ali nunca permaneció indiferente. Quizá contribuyó ser un nieto de esclavos. El estudio lo empujó a su transición al islam, cambiando su nombre y convirtiéndose en un admirador de Martin Luther King y un amigo de Malcon X combatiendo el racismo. Esa identificación con su raza fuera del ring, mostrándose beligerante, no lo hicieron Jordan ni Pelé, que batallan por el segundo puesto en la lucha por la distinción del mejor atleta de la historia, sitio reservado a Muhammad Ali.

Su conciencia y agallas 

Negarse al servicio militar por no estar de acuerdo con una política intervencionista y destructiva, le permitió mostrar su firmeza y su conciencia, independientemente que perdiera su cinturón mundial y estuviera tres años y medio fuera de acción, en el mejor momento de su carrera. Eso es tener agallas sin perder la clase. Sus cambios de impresiones en universidades listo para cualquier bombardeo de preguntas, lo mostraron de cuerpo entero cobijado por una confianza exuberante. Fuera del ring seguía siendo veloz, astuto, atrevido y contundente. En un tiempo terriblemente agitado, en lugar de colocarse al margen de la cuartilla, hizo acto de presencia con su puño en alto.

  • 1967 Ali perdió su corona por negarse a hacer el servicio militar.

Como escribí ayer, cada vez que nos despertemos, como en el cuento de Monterroso, el dinosaurio Ali estará ahí, en pie.

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