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Tras recibir una lección de juego moderno en el primer partido de la final, Tyronn Lue, entrenador de Cleveland Cavaliers, dijo: “No hemos ganado porque no han entrado algunos balones”. Y se quedó tan tranquilo. 

Tan tranquilo que en el segundo partido ha repetido táctica basada en jugar a lo que cree que tiene, en vez de jugar a lo que tiene. Una prepotencia mental que ha llevado a una aniquilación, Warriors 110-77 Cavaliers, habiendo sobrado todo el último cuarto, algo insólito en una final NBA.

La suma del diferencial de puntos de las dos derrotas, +48, es récord para los dos primeros partidos de una final NBA. Hay más estadísticas que corroboran el aplastamiento, pero no es necesario. Lo peor, con mucho, es el espectáculo dado por Cleveland, sus entrenadores y el propio LeBron James. No está de más ir a la génesis de todo esto: 18 de enero de 2016, única visita de Golden State a Cleveland (al ser equipo de la Conferencia Oeste solo visita una vez a los equipos del Este). Aquella noche, Warriors destrozaron a Cleveland con un juego ultrarrápido, con pases que sonaban como flechas en el aire... Cleveland 98-132 Golden State.

La derrota fue una demostración del anticuado patrón de juego de los Cavaliers, un inmisericorde repaso que obligó a LeBron a tomar medidas, siendo la primera el cambio de entrenador; la segunda, relegar a Mozgov, jugador que había traído Blatt. La idea, cambiar el estilo de juego del equipo.

Esa decisión estratégica profunda debería haber partido de un análisis realista de las condiciones de la plantilla, pero como se está demostrando meses después, LeBron y Lue partieron más de lo que creían que tenían, que de las cualidades reales.

Pesadilla en la final

Previo al comienzo de la final, tanto Lue como LeBron declaraban constantemente que Cleveland era “un equipo distinto”, que no tenía nada que ver con el que había perdido el 18 de enero contra Golden State. La realidad demuestra que no es así, y ahí nos encontramos con un sorprendente estado del propio LeBron, auténtico entrenador del equipo: está en denegación profunda de la realidad, incapaz de admitir que se equivocó en enero echando a Blatt y que no tiene los jugadores que necesita para ganar a Warriors. 

Es una pena, porque LeBron ha sacrificado mucho para intentar que la ciudad de Cleveland gane su primer título en uno de los cuatro deportes de élite del panorama deportivo profesional en Estados Unidos (beisbol, futbol americano, baloncesto y hockey hielo) desde 1964.

LeBron James se fue a Miami en medio de una feroz bronca en su estado natal, Ohio, y en particular en dos ciudades: Akron, donde nació; Cleveland, única ciudad del estado con equipo NBA. Triunfó en Miami, consiguiendo dos anillos NBA, siguiendo una estrategia perfectamente estructurada por Pat Riley. Tras esos éxitos, en un gesto que le honra como ser humano, decidió volver a Cleveland, olvidando agravios, insultos. Hubiera sido mucho más cómodo y lucrativo aceptar ofertas de todo tipo, pero decidió volver. 

Se ocupó de casi todo, con la formación de la plantilla como prioridad máxima. Dos veranos después, está claro que el rendimiento de JR Smith, Iman Shumpert y sobre todo Kevin Love no es el adecuado para conseguir ganar el título. LeBron, lejos de admitirlo, se ha empecinado en continuar de la misma manera, llevando el juego de Cleveland a un agujero negro que incluso ha arrastrado personalmente al propio LeBron en los dos primeros partidos de la final.

  • 166 puntos acumula Cleveland en los dos primeros partidos, por 214 de los Warriors. 

Es muy posible una salida en tromba de Cavaliers en su primer partido en casa, intentando lavar la mala imagen dada, pero el problema es más profundo que la imagen dada. Es un problema de profundas diferencias en la manera de contemplar el juego y su evolución por parte del Este contra el Oeste. Es como las universidades. Harvard y el MIT han sido la punta de la investigación de la inteligencia americana. Han sido, porque ahora la iniciativa pasa a Stanford y a CalTech. Las ciencias de la computación y Silicon Valley, ejemplo de esa naciente hegemonía. 

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