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Noel Areas murió deprisa, como diría el prestigioso cronista Ramón Besa: ¡que no corriendo y sin avisar, pero tampoco de improviso! De la misma manera que vivía el beisbol y entendía la vida, con una sonrisa y un cáncer siempre arrebatador. A sus 75 años, el timonel de pasos lentos e interpretaciones rápidas, enluta el deporte nacional, dejando una huella imperecedera e inigualable.

“El beisbol me ha dado tantas alegrías, muchas tristezas, pero una gran familia que me quiere, lo sé”, reflexionaba Areas en abril del 2012, mientras recorríamos el centro de su ciudad natal, León, durante una amena entrevista publicada en Telenica Canal 8. El exmánager del Bóer, León, Granada y Chinandega, tenía completa razón, en todos lados, donde fuese que llegara había gente rodeándolo, admirados por sus amplios conocimientos y su disposición para transmitirlos.    

Al volante de su camioneta, rumbo al Colegio La Salle, donde recogería a uno de sus nietos, Noel describía el antes y después de algunas calles, lo grande que se volvió el mercado local y lo agradable que le resultaba descansar en una silla mecedora en el porche de su casa. “Disfruto estar en León, la capital es muy ruidosa y prefiero estar allá por asuntos de trabajo, lo mejor es estar en casa”, me comentó aquel día, aún con fuerzas para explotar sus conocimientos en los campos de beisbol, anuente a pulir las virtudes y ayudar a componer los errores de los jóvenes.

Atribuyo muchos de sus éxitos a la dedicación de los jugadores para aplicar sus enseñanzas, abandonó su ego para darle protagonismo a su cuerpo técnico y a los propios peloteros. Creyó que las finales se hicieron para ganarlas y solamente perdió una de quince que disputó en el beisbol nacional. “Un mánager no hace milagros, depende en gran parte de sus jugadores y de la gente que lo asiste. Afortunadamente he trabajado con gente dispuesta y me han echado el hombro”, confesó sonriente.

Lecciones imborrables 

Un año después de aquella entrevista, tras haber abandonado la televisión, conseguí un empleo como divulgador de la Federación Nicaragüense de Beisbol Asociada (Feniba), con la aprobación de Ajax Delgado y Nemesio Porras, vicepresidente y regente de esa institución, respectivamente. Por dicha volví a coincidir con Noel Areas, esta vez por más tiempo, mientras él se preparaba para conducir a la tropa nicaragüense en los Juegos Centroamericanos, en San José, Costa Rica.  Le pregunté en una ocasión, antes que definiera al equipo que viajaría al vecino país del sur, ¿qué pasa por su cabeza cuando tiene tantos elementos y debe dejar a varios fuera del grupo? Respondió: “¿Sabes cuántos mánagers hay en Nicaragua? Somos muchos y no siempre voy a dirigir a la selección. Yo selecciono a los que considero que están en plena capacidad de competir, los que quedan irán en otra ocasión, son los que tienen que redoblar esfuerzos para pertenecer a la selección”, me dijo sabiamente.

De nuevo, como a lo largo de su carrera como entrenador, Areas no se equivocó. El 17 de marzo del 2013, le dio a Nicaragua la presea dorada tras vencer a su similar de Panamá 6-5. “El partido se nos complicó, pero al final logramos reaccionar a tiempo. Veníamos por el oro y lo llevamos, esa era nuestra meta”, dijo en declaraciones a El Nuevo Diario, siempre competitivo, un guerrero de mil batallas. 

Noel Areas estableció lazos de amistad con directivos, jugadores y fanáticos, fue un fiel defensor de las buenas costumbres y externaba su humildad. Pero hubo alguien a quien miró como un hijo, Nemesio Porras, y jamás titubeó al expresar su admiración y respeto hacia él. “Es un gran ser humano, ese hombre no deja a nadie en el desamparo, no sabes cuánto le agradezco a Nemesio, es un gran ser humano y fue un pelotero incomparable”, externó en una ocasión.

Areas fue un señor analista y cuidadoso de los detalles, precavido para responder sin ser malentendido, pero arriesgado tomando decisiones en el campo de pelota. Su legado como timonel y ciudadano de valores será perdurable.

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