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La muerte no está interesada en captar señales. Simplemente las envía en forma drástica e irreversible. Fue lo último que supo Noel Areas, quien falleció la noche del domingo a los 75 años de edad entre la congoja de un tropel de recuerdos, archivados en el cofre de tesoros del beisbol nacional y en el corazón de una fanaticada que disfrutó de los triunfos bajo su jefatura. Cifras en mano, sin la menor duda, el mejor mánager que hemos visto. Once campeonatos nacionales en el sector aficionado, tres en la Liga Profesional y sus momentos cumbres, todos marca “casi”, es decir aproximaciones llamativas, como casi ganador del Mundial de 1974 en San Petersburgo, Florida; casi medalla de oro en los Panamericanos de 1983 en Caracas; y otra vez, casi medalla de oro en el 2014 en los Centroamericanos y del Caribe.

No es culpa de Noel que nuestro beisbol mayor nunca haya podido imponerse en un torneo internacional de envergadura durante más de un siglo, pero es el timonel que más veces ha estado cerca de lograrlo. “Esa es mi gran satisfacción y mi mayor orgullo”, dijo quien hablaba sin producir ruido, pero dueño de suficiente bravura para fajarse en busca de vencer, apegado a un estilo mil veces cuestionado, pero efectivo en la fabricación de resultados. 

Un poco más de chispa 

No se escondía. Una vez, preguntado sobre qué le gustaría tener como mánager, respondió que la chispa de Oscar Larios —de quien tanto aprendió— y de Argelio Córdoba —a quien tanto observó—. “Yo tengo atrevimiento, conozco el material disponible, sé maniobrar y estoy consciente que necesitó aprender más y esa chispa que los caracteriza a ellos”. Él hablaba susurrando pero sin detenerse, como confesándose, y yo lo escuchaba en el vuelo de regreso de Caracas en aquel 1983. Volvía a emocionarse recordando los pitcheos realizados por Cano y Álvarez, el jonrón de Sánchez y los fildeos oportunos que facilitaron las victorias sobre Estados Unidos y Dominicana, asegurando la ansiada medalla después del naufragio en la Copa de Bélgica semanas antes.

El sistema nervioso de un mánager se altera constantemente y lo hace perder la calma, alejarse de la tolerancia, ser agresivo. Weaver habla sobre eso en su libro publicado en aquel Semanario Deportes. “Un mánager siempre está dirigiendo, aun cuando cree que duerme”. La frase es de Billy Martin, quien asegura haberse levantado varias veces mientras trataba de aplicarle variantes a un line-up que no estaba funcionando. Noel decía que sin desconectarse, regresaba a la tranquilidad. Esa era la impresión que siempre transmitió.

Fanático de Moya y Medina 

Su pitcher preferido fue Julio Moya. Lo utilizaba de día y de noche. Y su pelotero, Julio Medina. Le mostró una mayúscula admiración en todo momento. Un doble momento de máxima excitación: cuando le arrebató con el León una serie final que los Dantos ya festejaban con ventaja de 3-0, y la improbable barrida dirigiendo al Bóer, precisamente contra el León en la Profesional. Nunca un “verdugo” había salido ovacionado de León, excepto si era producto de casa.

No fue pintoresco, ni huracanado, ni echaba humo. Hablaba suave, se movía lentamente por su peso mientras miraba hacia el piso como si la gorra doblara su cuello, o quizás, buscando la asesoría de una hormiga con suficiente sabiduría en beisbol. Por supuesto que tuvo sus momentos de bravura, pero se controlaba. Respetó a los peloteros, propios y extraños, a los periodistas y al público. Se graduó como contador, manejó la finca de una hija, tenía un taxi, y sobre todo una gran familia. Seguramente, murió sonriendo, plenamente satisfecho. No necesitaba ni un minuto más.

  • 14 títulos ganó Noel Areas en la pelota nacional, 11 en Primera División y 3 en Liga Profesional
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