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  • EFE

Mohamed Ali dejó una profunda huella en aquellos que disfrutaron de su amistad, como Abdul R. Khalid, hoy encargado de mantenimiento de la mezquita Masjid Al-Ansar de Miami, en la que el púgil recientemente fallecido rezaba en sus primeros tiempos como musulmán.

Este anónimo amigo del "carismático" Ali le recuerda todavía como su "inspiración" principal.

Khalid viste ropa gris, amplia y gastada; es todo amabilidad mientras cuenta a Efe que se dedica a trabajos de mantenimiento en este centro islámico y mezquita y que Ali ayudó mucho en las reformas que hubo que realizar tras la compra del inmueble.

"¿Sabes qué? -añade sonriente- a Mohamed Ali le gustaba jugar y bromear con los niños cuando venía" a la mezquita y hasta fue propietario de un restaurante en Miami, Champ Burger".

Khalid habla en voz baja, casi confidencial, y dice que el mítico boxeador compró dos autobuses escolares para el centro islámico y un automóvil para uso del imán, aunque desconoce si fue el propio Ali quien adquirió en 1965 el inmueble, una antigua iglesia ortodoxa construida en la década de los años 20.

La leyenda de Mohamed Ali comenzó a forjarse en Miami años antes de que conquistara en un cuadrilátero de esta ciudad el título mundial de los superpesados, cuando era un adolescente ambicioso y magnético en un modesto barrio negro donde presumía de ser el próximo campeón del mundo de boxeo.

"Desde el principio fue muy carismático y con un gran sentido del humor. A los vecinos nos decía que él iba a ser el próximo campeón del mundo de los superpesados, y nosotros lo tomábamos con simpatía", dice Khalid, de 64 años, quien fue un amigo de barrio y de fe del Mohamed Ali, nacido Cassius Clay y fallecido el pasado viernes a los 74 años en Phoenix (Arizona).

Aunque nacido en Louisville (Kentucky), la personalidad y estilo de boxeo de Ali se transformaron, se afilaron, en Miami, adonde llegó en 1960, con 18 años.

Fue en Miami, en el Miami Beach Convention Center, donde ganó el combate con Sonny Liston, una pelea que marcó un hito en la historia del boxeo, y fue también aquí donde anunció su conversión al Islam y se declaró objetor de conciencia y contrario a la guerra de Vietnam.

"Él (Ali) -señala Khalid- siempre me decía con humor que por qué iba a pelearse con los vietnamitas si él no tenía nada contra ellos, si nunca le habían llamado nombres despectivos como 'nigger' (un término con connotaciones racistas)".

Todo cambió radicalmente para Ali tras la pelea de Miami Beach, que le convirtió en una persona más seria y menos jactanciosa.

Se reveló, a partir de entonces, como alguien comprometido con las causas sociales y la lucha contra los prejuicios raciales. "Esa era una cualidad suya admirable", resalta Khalid.

Sin duda, la "personalidad carismática y el carácter firme y recto en la fe" de Ali fueron determinantes en la vida de Khalid y, dice, en su conversión.

No esconde Khalid el enorme cariño que guarda por el mítico boxeador, un deportista y hombre que, afirma, fue su "inspiración" y "mayor influencia" para convertirse a la fe musulmana, alguien que trascendió las meras marcas de un ring y dejó un "legado, una leyenda de orgullo para los afroamericanos y el mundo entero".

Otro lugar que resulta parada obligada en Miami para los admiradores de Mohamed Ali es la casa que habitó en el barrio modesto de Allapattah, hoy prácticamente absorbido por el centro de Miami.



La casa de una planta, blanca y con techos de teja, tiene desde hace medio siglo otros propietarios. Kevin Ross, de 41 años, creció en ella y la heredó de sus padres, quienes compraron la vivienda en 1965.

Pero la figura de Mohamed Ali parece impregnar todo aquello que fue parte de su vida, que encontró a su paso.

"Es un enorme orgullo y una gran cosa para mi y mi familia vivir en la casa que tuvo (Mohamed Ali)", dice Ross, padre de dos hijos a los que intenta inculcar los valores éticos de la leyenda del boxeo.

Para este padre de familia de 41 años, Ali fue no solo una gran figura dentro del deporte, sino también fuera de él, alguien que ha sabido dejar un "gran legado que todos respetamos".

"Todos los vecinos le respetamos. Nunca he oído decir a nadie que no le gusta Mohamed Ali. Es un gran ejemplo y yo le enseño a mis hijos sus enseñanzas, como ser humilde, siempre ser respetuoso en la victoria y siempre esforzarse por lograr lo mejor", señala.

Dino Spencer, propietario del gimnasio Fifth Street Gym, en la calle Alton Road, en Miami Beach, comenta que Ali acostumbraba a correr seis millas por MacArthur Causeway, una carretera sobre el mar, antes de ponerse a entrenar y subir al cuadrilátero.

Aclara Spencer que no es este el gimnasio original, que el primer Fifth Street Gym estuvo situado a unas manzanas del actual en Miami Beach, cuando esta zona era simplemente un lugar de descanso para jubilados, aún lejos todavía de su explosión turística.

Los pasos de Ali conducen también a un motel histórico y jazz club, el Hampton House, uno de los pocos en Miami que permitía huéspedes afroamericanos en la década de los años 60 y donde actuaron estrellas de la categoría de Sammy Davis Jr., Sam Cooke o Nat King Cole.

Hoy es un complejo de apartamentos y centro comunitario remodelado en 2015 con una inversión de seis millones de dólares.

En la lista de huéspedes ilustres del Hampton House Motel están el líder de los derechos civiles Martin Luther King, el también activista Malcolm X y, por supuesto, el boxeador Mohamed Ali.

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