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Lo escribí cuando la Asociación de Cronistas Deportivos le hizo un homenaje, y lo repito hoy, lamentando su muerte: Hubo un tiempo, en que las mejores jugadas no ocurrían en el terreno, sino en nuestras casas, a la orilla de los aparatos de radio. ¡Cómo nos emocionábamos! A ese tiempo, que se fue para nunca más volver, perteneció Evelio Areas Mendoza como uno de esos relatores que te levantaban de las sillas con los pelos erizados, imaginando que el Vesubio estaba haciendo erupción a pocos pasos y la tierra podía tragarnos.

Era el tiempo de Sucre, el más grande de todos, del Fat García, de René Cárdenas, de José Castillo, de Rafael Rubí y de tantos otros que fueron precursores de Armando Provedor y Julio “El Porteño” Jarquín, todos ellos miembros de la realeza de las transmisiones de beisbol en el terruño. Evelio nunca intentó disimular. En todo instante fue un fanático con micrófono. Un locutor de agitación permanente, capaz de encabritarse en cada jugada y masticar el suspenso atrapado por la pasión, con sus pilas cargadas, como lo demostraba con el largo grito de Ray O Vac, tan popular entre las legiones de aficionados.

SE INICIÓ CON EL ESTADIO

Yo era muy joven cuando conocí a Evelio, igual que Sucre, por medio de mi padre Gustavo, quien fue amigo de ellos.

Nacido el 14 de junio de 1929, según el detalle del Salón de la Fama pinolero, Evelio debutó como locutor en 1948 con motivo de la Décima Serie Mundial y la inauguración del Estadio Nacional. Solo tengo una manera de imaginarlo, y es alterado de la cabeza a los pies, al revés y al derecho, como si fuera producto de un terremoto. Ese estilo huracanado logró establecerse y gustar.

En la Serie Mundial de 1950, Evelio estuvo con el staff de La Voz de la Victoria. A partir de ese momento, anduvo, anduvo, anduvo, y vio la luz del día, pasó las noches frías y se fajó con lo mejor que hemos escuchado por aquí.

Trabajó a lo largo de toda la etapa de la vieja e irrepetible Profesional, participando en el resurgir del beisbol amateur en la década de los años 70 al lado de Carlos García, continuando hasta hacerse sentir en las transmisiones en español de las Grandes Ligas, con los Gigantes de San Francisco y Atléticos de Oakland. Se casó con Sandra Gómez, una excelente y supertrabajadora mujer que sobrevivió estoicamente a ese temperamento a veces incontrolable de Evelio, cobijándolo con un inmenso cariño.

HABLO, GRITO, LUEGO EXISTO

“Para mí transmitir beisbol lo es todo”, dijo siempre quien se metió a promotor de boxeo en la época de grandeza de Eduardo “Ratón” Mojica, llevándolo a la orilla de una pelea de campeonato mundial con Horacio Acavallo, que nunca se realizó. Fue Evelio quien contrató al tailandés Chartchai Chionoi y al azteca Rubén Olivares, siendo Campeones Mundiales, para enfrentarlos a Mojica y Vicente “Yambito” Blanco.

Alguien dijo de él sin exagerar un milímetro: “Es capaz de armar una revolución en un vaso de agua”. Fue padre de tres hijos: María Lucía, que es Doctora en Medicina; Evelio Evaristo, graduado en finanzas y Humberto, Ingeniero.

Cuando ingresó al Salón de la Fama expresó: “El beisbol me sigue emocionando como en mi primera transmisión y trato de entregarle al público todo mi esfuerzo. No soy un fanático, sino un apasionado. Soy objetivo y le llamo al pan, pan; y al vino, vino. Siempre he sido veraz y acusioso”.

¿Cuál sería tu ranking de los cinco mejores locutores de beisbol nica? “Primero Sucre, después el Porteño y yo, como número cuatro Provedor y  quinto, el Fat García”… ¿Y un All Star de peloteros en ese mismo trayecto? “Fácil, Cayasso en primera, Wehmayer en segunda, Rigo en el short, Valeriano en tercera, Vicente de catcher, Selva en el left, Ernesto en el center y David Green en el right. Como tiradores derechos, Denis y el Chino; zurdo, Francisco Dávila y el manager, Noel Areas”.

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